La fratenidad pisoteada
Me he marchado de una pastelería después de esperar más de veinte minutos a que la única dependienta atendirea a una señora que sin mirar nunca hacia su espalda ha formado esta mañana una cola de clientas que también han perdido la paciencia después de esuchar los gustos culinarios de la señora que se aferraba a su turno como si ello le diera derecho a monopolizar a la dependienta tanto tiempo como quisiera. Me he largado después de utilizar quince de los viente minutos de espera en imaginar una nueva política de precios que tenga en cuenta no solo el coste de la mercancía sino también el tiempo propio y ajeno invertido en la compra. Ha sido una lección de lo que no es la fraternidad. También he aprendido que ésta se da más en ciudades grandes entre gente anónima que en un pequeño pueblo donde todos se conocen.


Hemos instalado un 
Den tur aproksimashon na e diaspora nan, su evolushon i desaroyo, persona nan ta keda skondí bou etikèt nan komo
Sobre todo Juan, se da en las culturas del Sur. Aunque sea un pueblo el Ampurdán forma parte de otra esfera cultural muy distinta a cualquier pueblo asturiano, vasco o alentejano. En el mundo catalanoparlante, que vivió una industrialización temprana, se difuminó la cultura de la “persona” y se asentó la del indididuo también conocida como “occidental”.
En el Sur, ya sea Africa, el Caribe, las pampas, Bahia, Grecia o Andalucía curiosamente todos los locales la aprecian mayor en los pueblos (el famoso “ubuntu” de los recuerdos de Mandela, que sería inimaginalbe en el Ampurdán) que en las -según el discurso nostálgico- “deshumanizadas” ciudades .