La fragilidad de un sistema cualquiera

La final da copa del Mundo de fútbol ha sido una buena ocasión para comprobar lo obvio. Un sistema, cualquier sistema, como el tiqui taca de la selección española, importado del Barça y de las intuiciones de Pep Guardiola es, por definición, desencriptable y facilmente contrarrestable. Holanda lo mostró ayer utilizando un no-sistema de juego compatible con la lectura correcta del sistema español y basado en el empuje y la contundencia completamente radical e impredictible. No les dió la victoria, aunque se la pudo dar si no hubira sido por Casillas. Insisto por lo tanto en el elogio de la arbitrariedad

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