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La folie pratique I

salvar el mundo michel bauwensEl TGV de la Gare de Lyon a Girona, dormir en Foixá y luego conducir de vuelta a Madrid. No es un simple paseito y se me ha hecho largo aunque ha valido la pena. No solo por la paz del Baix Empordà y el buen tiempo que ha permitido que los paseos que mi corazón exige fueran un placer raro para un urbanita como yo; sino también por esa visita a París que se va haciendo regular y que me permite paseos urbanos entre librería y librería y entre museo y museo. Como siempre, he traído la mochila llena de libros incluyendo el de Michel Bauwens en el que trata de salvar al mundo a través del P2P; pero no he podido robar ningún objeto artístico por lo que procuraré en lo que sigue escribir algo sobre ellos.

victoria de samotraciaEl Louvre sigue siendo el lugar de una espera interminable, pero había que ver la última restauración de la Victoria de Samotracia. La imagen de la victoria es más expresiva que nunca, la mujer a punto de volar está más guapa que nunca aunque le falte la cabeza, su color ha dejado de ser cenizo y las piedras que la sostienen consiguen por fin hacernos creer que ella, la victoria, está en la proa de un barco navegando en un mar que consigue elevar la proa hacia ese mundo que Bauwens pretende salvar. La gente que se agolpa a su alrededor o que pretende enterarse de los detalles de su restauración constituye una multitud de fotógrafos implacable, por lo que decidimos concentrarnos en Poussin del que se expone unos cuantos cuadros geniales bajo el título poco brillante de Poussin et Dieu. Son escenas de las escrituras, singularmente del nuevo testamento que reflejan con una claridad asombrosa y unos colores arrebatadores la maestría de este pintor que pintaba estas escenas ejemplares por encargo.

Eucaristía (1647) Nicolas PoussinMe hubiera llevado la mejor última cena que nunca me ha sido dado contemplar, la única que no ve la mesa como lo hace una cámara de televisión; pero aunque no hay mucha gente no me parece que podría sacar este cuadro dentro de mi mochila y pasar por delante de los vigilantes que parecen estar muy alerta ante la eventualidad de un ataque yihadista.

Quizá valdría por hoy, pero no nos resistimos a visitar una exposición, entre otras, en el aledaño Museo de Artes Decorativas en la que se muestra el trabajo de Fornasetti al que citaba en el último minipostpost y al quien se debe la foto que lo acompaña. Esta exposición lleva por título uno que no me gusta nada: La Folie Pratique, La Locura Práctica.

la folie practiqueEs cierto que la locura que siempre subyace al impulso creativo puede aplicarse a mesitas de café u otros utensilios de la vida ordinaria pero tener que añadir que se trata de una locura práctica me molesta tanto como me molesta cuando las escuelas de negocios se atrincheran contra la locura del querer saber afirmando que, en su caso, ese saber es útil implicando que en general se trata de algo inútil. Me compro un pequeño carnet de notas con copias en miniatura de autorretratos de este habilísimo artesano y comerciante y me dejo llevar a dos pisos más arriba de este museo a fin de contrastar el Art Nouveau y el Art Deco. La piezas son escasas y es fácil contrastar a efectos decorativos una y otra de esas áreas decorativas que también corresponden a dos formas de entender la arquitectura representadas hoy, por ejemplo, por Frank Gehry y por Rem Koolhas según nos comentaba hace unos días Vicente Verdú. Si se me permite una improvisación yo veo en estos dos pisos de decoración la misma diferencia que entre lo teórico y lo práctico. Lo deco es una mujer que te mira retadora sin límite en lo que expresa y lo nouveau es una abuela que te abre los brazos como a cualquier otro nieto.

Hay otras muchas cosas que ver en París, pero ya son las cinco de la tarde y estas discusiones, una vez acabadas, nos recuerdan que no hemos comido y que el desayuno está ya en los talones. Mañana más.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.