¿La clave?

Creo que, después de una noche en la perrera Herr Kan y no pocas elucubraciones, creo haber dado con la clave de la persecución a la que me creo sometido. Bueno, en caso de que la haya y no sea una mera alucinación. Para entender lo que me está pasando hay que preguntarse qué creemos de la innovación financiera y de la correspondiente riqueza. ¿Es real o meramente ficticia?

Alrededor de este tema central que está copando muchos de los comentarios de este verano, uno puede ser una rara combinación de los términos de tres bipolaridades:

(i) intelectual/experto;

(ii) fondón/musculoso y

(iii) visionario/táctil.

Y como se me ve indeciso dentro de cada bipolaridad hay dos grupos de queridos amigos/maestros que se me disputan y querrían influir sobre mí llevándome cada uno a su terreno para la lucha que se avecina este otoño.

El primer grupo se queda con mis primeros libros y me quiere fondón, visionario e intelectual. En este grupo hay antiguos alumos/maestros con los que aprendí lo divertido de la intelectualidad y que querrían que reconociera con ellos que la riqueza finaciera es mero humo.

Los del segundo grupo me quieren musculoso, táctil y experto. Aquí estarían mis recientes alumnos/maestros con los que aprendí que lo intelectual puede ser frustrante y que compartirían conmigo la fe en la economía financiera y en la realidad tangible de la riqueza financiera.

Y el bañador de neopreno es como un reto y amenaza estilo cosa nostra, como una cabeza de cerdo cuidadosamente empaquetada y recibida en el correo.

Pero ¿cual de los dos grupos me lo manda?

Eso en el fondo es lo de menos. Lo que me importa es quién soy yo. O mejor quién quiero ser. He aquí mi primera y provisional elección: intelectual, táctil y, sobre todo, musculoso, una mezcla que estoy muy lejos de alcanzar.

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