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La ceniza del puro de Freud

Un Método Peligroso fue primero un ensayo, luego una obra de teatro y ahora una película estrenada hace pocos días por aquí. A mí, que adoro las contraportadas de los libros, esta película es como una contraportada y una realmente esplédida aunque quizá no sea un film memorable, salvo por la quijada de la Knightly.Como toda buena contraportada, que diferencia un buen editor de uno mediocre, deja las cosas preparadas para ulterior estudio si uno lo desea y hace algo para que ese deseo nazca.

El eje central es el enfrentamiento Freud-Jung que muy bien se puede entender como la lucha entre la ortodoxia contra la heterodoxia o de la autoridad contra la ambición . Alredeor de este eje pivotan otros temas también importantes. El más obvio es el de si hay que dejar espacio en la psique humana para algo más que para lo sexual y el de si ese algo más ha de ser lo místico o mítico asimilado socialmente. Menos obvio es la ralación dotor/paciente. Si el paciente debe ser siempre como un subordinado y, más en concreto, lo propio o impropio del envolvimiento sexual entre ambos. Ya como en segundo plano quedan otros dos temas:la cuestión judía (Wagner está ahí) y el papel social de la represión contra la primacía de la libertad individual sin restricciones.Y quizá en la hontananza la lucha de clases.

Pero a mí lo que más me ha interesado es la presencia constante del puro en la mano o la boca del Maestro. No es de extrañar que muriera de un cáncer de boca. En la película esta figura fálica rechupada por el «padre» solo desaparece cuando se desmaya quizá porque le falltan argumentos contra Jung. La dominación del falo no es solo una cuestión sexual sino una cietion de autoridad u ortodoxia. Y ¿qué decir de la ceniza de ese puro que por mucho que crezca nunca cae? Es un signo ambivalente. Por un lado podríamos decir que el maestro padre nunca se deja llevar hasta la eyaculación aunque siempre su «puro» siempre sw mantiene erecto. Por otro lado, podemos elucubrar, si el caso llegara en el que la ceniza se desprendiera y se desparramara por el suelo, como lo hace el propio fumador cuando se desmaya, la cosa no sería grave pues simpre queda otro puro al que chupar como un niño hace con la teta de su madre, pero mordiendo un poco demasiado.

Ah! Yo ninca he sido fumador de puros.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.