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La casa del filósofo

Este es un comentario muy breve sobre un artí­culo del arquitetco Fernández Galiano que apareció en El Paí­s ya hace algún tiempo. No guardé copia; pero creo recordar que se titulaba La Casa del Filósofo o algo así­.

Lo que sí­ recuerdo bien es que en él se mencionaban las cabañas de Heidegger en la Selva Negra y la de Wittgenstein en Noruega. La impresión que recogí­ en mi Goulue fue que, para este arquitecto, el desvalimiento y el despojamiento de una cabaña sin cimientos o fundamentos y a merced de cualquier vendaval eran como una especie de condición necesaria para encontrar la verdad o algo parecido sin apoyos espúreos. Incluso para la autenticidad de la vida quizá.

Me quedé pensativo y finalmente anoté que «el despojamiento y el aparente desvalimiento producen a verdaderos monstruos» tal como se dice de la razón. Aunque se suele descubrir que muchos dictadores han acumulado más riqueza que la que se podí­a calcular a partir de sus ingresos conocidos y aunque los ahorraran en su totalidad, también se suele contar de muchos de ellos que eran muy austeros en sus gustos y modo de vida.

Igual resulta que los ricos y burgueses, no despojados y no desvalidos, están más intereados por las ideas y por un modo de vida respetable que los que pretenden que renuncian a todo menos a pensar porque es posible que estos últimos no hayan renunciado a actuar de manera radical de acuerdo con sus ensoñaciones solitarias y desprendidas que pueden no ser nada inocentes.

Vamos, que no confí­o nada en la austeridad buscada como un adorno de la personalidad que uno quiere que se le reconozca públicamente. Suele ser una coartada justificativa de intereses más terrenales que la búsqueda de la verdad. Como las cabañas mencionadas que ocultaban impulsos más bien carnales.

Me quedo con el liberalismo pequeñoburgués que no tiene nada de heroico; pero no representa ningún peligro para nadie.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.