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Kelsen contra Schmitt

A principios de los años 60 del pasado siglo XX quedé bien atrapado por la tensión entre los dos autores del título de este post a la que tuve acceso a través de las dos asignaturas de Derecho Político que, en aquellas épocas del franquismo, me abrieron la mente hacia el mundo democrático que ansiábamos los jóvenes del momento y también a los peligros que siempre, y en cualquier caso, habría que afrontar. Como ya por entonces yo comenzaba a interesarme por la epistemología esa tensión se me representaba como la distinción entre la búsqueda de la verdad en Hans Kelsen y la verdad definitiva en Karl Schmitt.

Este tipo de ideas y preocupaciones me llevaron a adquirir, en la parte escondida de la librería Arrilucea, sita a la sazón en el número 1 de la Plaza Elíptica de Bilbao y ya desaparecida, la traducción al castellano, por parte de Ramón de la Serna, de la obra de Eduardo Spranger titulada Formas de Vida. Psicología y Ética de la Personalidad en su quinta edición de 1961. Y este ensayo me hizo comprender que la distinción entre democracia y dictadura es relativamente fácil de establecer en la práctica; aunque nunca de manera definitiva ya que en una democracia política es difícil no caer en matices dictatoriales.

Este tipo de intereses intelectuales persistieron en mí muchos años hasta que fueron sustituidos por los intereses de la teoría económica que son los que me han ocupado fundamentalmente a lo largo de mi carrera docente e investigadora. Por ello me ha resultado curioso volver a pensar en teoría política como consecuencia de haber recuperado este ensayo de Spranger, aunque no solo por eso. También recuerdo las discusiones de política que sostenía con mi compañero de clase, José Manuel García Margallo. Más en concreto recuerdo una ocasión en la que hablé con él al respecto de Kelsen y Schmitt en la esquina de Colón de Larreategui con Alameda de Recalde. Lo curioso es que no recuerdo quien estaba a favor de quien hace sesenta años. Posiblemente era yo el defensor de Schmitt a pesar de su cercanía a la dictadura y, más en concreto, a la de Franco mientras que Margallo expresaba muy bien las virtudes de un sistema político democrático. Quizá fuera al revés; pero ha pasado mucho tiempo y no parece que puedan caber dudas.

A mí desde luego no me caben; pero sí que pienso que me gustaría darle una vuelta adicional al asunto enfocando la diferencia como si se tratara de contrastar el first best con un second best. Aunque fuéramos capaces de detectar un first best no se sigue que podríamos imponer esa solución a la fuerza. Tendríamos que conformarnos con un second best, aunque cabría el intento de pasar a otro.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.