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Juan Urrutia

6 de febrero de 2010

JOBLESS RECOVERY. ¿UNA CUESTION DE PODER?

He aquí el artículo que apareció en Expansión el jueves. Como si hubiera sido un detonante, Europa, y especialmente los países mediterráneos, se incendiaron y las llamas no han sido apagadas todavía. En cierta medida y forma en el artículo ya se anunciaba jaleo. Aquí lo tienen.

`JOBLESS RECOVERY´: ¿UNA CUESTION DE PODER?

En ese lugar virtual que hemos dado en llamar “nube de etiquetas” ocupa un lugar privilegiado, reflejado por el tamaño de sus letras, la jobless recovery, una expresión acuñada en los años 30. Brilla entre otras muchas etiquetas como capitalismo, nudge, regulación, transparencia, desequilibrios, demanda de seguridad, incertidumbre, agencias de rating, mercado de valores, modelo productivo, déficit, financiación, apalancamiento, inmigración, identidad nacional, PIB y muchas otras. Me atrevo a recomendar su traducción como recuperación estéril pues de poco servirá el crecimiento positivo del PIB (en caso de que lo hubiere y no fuera tan reducido como el anunciado por el FMI) si, a pesar de que el aparato productivo o capital físico ha permanecido intacto y de que el capital humano no se ha quedado del todo obsoleto todavía, ese crecimiento no genera vacantes que puedan ser ocupadas por los desempleados o por los jóvenes recién llegados al mercado de trabajo. Mi intuición es que esa esterilidad se trata de una cuestión de poder ejemplificada, pero ni mucho menos agotada, por las dificultades, disculpas, malos entendidos y estrategias oportunista por parte de los protagonistas del diálogo social en España hoy. Con la explicitación de esta intuición terminaré esta columna, pero antes es conveniente dibujar la situación en la que nos encontramos y que parecería dar la razón a los que, jugando con las letras, nos predecían una recuperación en U o en W.

En efecto, los desequilibrios comerciales siguen ahí a pesar del esfuerzo de los ciudadanos de los países ricos (léase EE.UU.) por reducir su endeudamiento incrementando su ahorro y disminuyendo su consumo de bienes importados. La permanencia de estos desequilibrios explica la continuidad en la demanda proveniente de todas las esquinas del mundo de deuda segura, una demanda que no puede cubrirse con los bonos de corporaciones en buena situación en sectores con futuro y que, en consecuencia, sigue dirigida hacia el papel publico a largo plazo emitido por esos países que, pese a todos los pesares, siguen generando confianza (vuélvase a leer EE.UU.). Esto presiona los tipos a largo hacia abajo de manera que los bancos centrales relevantes se resisten a abandonar sus prácticas imaginativas para inyectar dinero en el sistema y conducentes a mantener los tipos a corto tan bajos como han estado en el último año. Esto, junto con los déficits públicos, difíciles de reducir ante la persistencia del desempleo, y los efectos poco incentivadores de las posiblemente necesarias subidas de impuestos, hace que el peligro de inflación sea real. De hecho lo es tanto que los motores actuales de la economía global (léase China) comienzan a frenar su crédito interno. Esto hace que la fe en su crecimiento anunciado se desvanezca y sea sustituida por la actualización de un pesimismo siempre latente que, a su vez, genera una bajada de los precios de las materias primas y deprime el mercado de valores con el correspondiente “efecto-pobreza” que retraerá la inversión en general y hará bajar más la bolsa encareciendo el capital. A nadie deberá extrañar que la regularidad recogida por Okun, y que da nombre a una “ley” que lleva su nombre, tenga que modificarse en el sentido de elevar el nivel de la tasa de crecimiento a partir de la cual la tasa de desempleo empiece a reducirse.

En una situación como ésta parece natural que sea el mercado de trabajo el que centre los esfuerzos intelectuales para tratar de encontrar un paliativo a la esterilidad de esta recuperación. Por la parte de la demanda ya sabemos que las subidas en ese salario real basadas en subidas del salario nominal no van a facilitar la creación de empleo a no ser que la productividad del trabajador aumente consistentemente lo que no es de esperar. De ahí todas nuestras discusiones sobre la reforma del mercado laboral incitadas además por el propio Gobernador del Banco de España. Pero es que la oferta tampoco ayuda. Parecería que ante subidas del salario real la intensidad de la búsqueda de empleo y, por lo tanto, la probabilidad de encontrarlo, aumentaría. Pero, de forma un poco herética, me atrevo a insinuar que aquí no importa solo la elección entre ocio y trabajo, sino que hay que tener en cuenta las medidas de protección al trabajador porque pueden influir, de una manera contraintuitiva y paradójica, en la intensidad de búsqueda. Si el Gobierno se guiara por lo que se dice que dicen los empresarios y redujera imperativamente, el costo de despido, la intensidad de la búsqueda de empleo por parte de jóvenes bien formados podría disminuir o su salario de reserva aumentar. La razón de este comportamiento podría ser que aceptar un empleo es en realidad entrar en el club de los que, a partir de ese momento, seguirán disfrutando de ese y otros derechos sociales en los diversos trabajos por los que vayan pasando durante su vida laboral y ese club ya no sería tan atractivo. Como vemos, la consideración aislada del mercado de trabajo, lejos de facilitar la comprensión de la situación general, la hace todavía más opaca y menos halagüeña pues, por las razones apuntadas y porque los empleos nuevos exigirán una formación que el expulsado de la construcción no tiene, es de suponer que la famosa NAIRU ( tasa de desempleo no aceleradora de la inflación en sus siglas inglesas) aumente como reflejo de un mercado segmentado por formación y por edades.

Podría pensarse que eso último ofrece una oportunidad al cambio de modelo productivo; pero, si bien esto puede ser cierto, habrá que preguntarse si el precio no va a ser desmesurado. Sea cual sea la respuesta a esta duda lo que sí se me antoja evidente es la conclusión que anunciaba al principio. Lo que los responsables de la política económica acaben haciendo será una cuestión de poder. Si la situación fuera como yo la veo, nos encontraríamos en una especie de sumidero que impide el éxito de una negociación social que solo lo tiene cuando se trata de repartirse un excedente. Y como ese no es el caso toparemos con una lucha de poder que se manifestará de muy distintas maneras.

Está, para empezar, el pulso entre las dos potencias citadas, Los EE.UU y China, pulso escenificado con efectismo obvio en la cumbre del cambio climático en Copenhagen, en las presiones americanas para que se revalúe el renmimbi e incluso en las fricciones entre el gobierno chino y empresas americanas como Google. Pero no es este el único pulso. Pensemos en la puesta en entredicho de la independencia de los bancos centrales que, aunque en buena parte es comprensible debido a la captura a la que han sido sometidos por el sector financiero, puede tener efectos colaterales no previsibles como parece estar ocurriendo en Argentina donde aparecen medidas de fuerza. Pensemos en las posibles medidas de Obama sobre el sector bancario ( desde imposición al pasivo a la remodelación obligatoria) que parecerían avivar el enfrentamiento entre contribuyentes y banqueros surgido a raíz del rescate bancario con dinero público.

Parece pues tiempo de confrontación y de ello hay que ser conscientes; pero es que, además, tengo la sensación de que surge la amenaza embozada de la lucha de clases, un concepto que parecería obsoleto en su versión marxista puesto que, a través de la popularización de la Bolsa y de su utilización por los fondos de pensiones, casi todo el mundo es dueño de los medios de producción. Se trataría ahora de la lucha implacable por la participación en la producción del trabajo y del capital. Estas participaciones, que se suponen constantes a largo plazo, no lo son a corto plazo y constituyen un objeto de deseo por parte de patronal y sindicatos. Sigamos con atención el diálogo social.

2 Comentarios a “JOBLESS RECOVERY. ¿UNA CUESTION DE PODER?”

2 Trackbacks/Pingbacks

  1. ESPAÑA Y EUROPA ANTE EL DESAPALANCAMIENTO « Juan Urrutia

    [...] mi última entrega de La Mirada del Economista (“Jobless recovery” ¿una cuestión de poder?”) decía que “la situación en la que nos encontramos… parecería dar la razón a los que, [...]

  2. Sobre bonos, volatilidad y banqueros centrales pasando por sindicatos « Juan Urrutia

    [...] laterales quiere decir que las expectativas en el mundo, gravemente inestables, son hoy de una jobless recovery. Se presentan pues las señales de un colofón a la crisis típico de estos tiempos sin certidumbres [...]

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    1. José Alcántara José Alcántara

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      La llegada de septiembre

      No es sólo que, esta mañana, la primera lluvia de la temporada me hiciera parafrasear a Robert Duvall y su amor por el Napalm («Me encanta el olor a tierra mojada por las mañanas, huele a otoño»), es que esta tarde estuvimos en el jardín con Juan Urrutia y hemos tenido una de esas conversaciones interesantes y sugerentes que son más frecuentes cuando él está presente. Y parece ya claro: llegó septiembre, es la vuelta al cole. Ya hacía falta.

    3. Mario R. Durán Chuquimia Mario R. Durán Chuquimia

      Ecuador firma crédito millonario con China.
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    Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

    Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

    Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

    Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento.

    Comenzaré por el modelo de negocio denominado “originar y distribuir”. Nadie lo ha explicado mejor que Sidney G. Winter en una declaración ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de los EE.UU. de América. Glosando superficialmente algunos párrafos de la primera parte de su exposición yo traduciría el milagro de la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Aparecen los brokers que venden hipotecas sin ser empleados de una institución financiera y que, por lo tanto, no ponen demasiada atención en la calidad del prestatario. Continúa la cadena la institución financiera que pone el dinero (el originador) que actúa como un dealer que no se queda en sus libros con ese activo, sino que se lo pasa a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza y distribuyen esos paquetes troceados entre prestamistas que los adquieren sin saber muy bien de qué se trata más allá de que el rendimiento es muy atractivo y de que, a partir de un cierto momento, cuentan con una especie de aseguramiento a través de los mencionados CDO´s.

    Nadie a lo largo de esta cadena ha tenido incentivos para preocuparse de la naturaleza y calidad del nuevo producto financiero. Como enseñanza a retener es que no se puede confiar en una cadena que no tiene un final claro. Nada de sorprendente hay aquí excepto por el hecho de que faltaba un inversor final con incentivos a vigilar y prevenir las posibilidades de que su inversión no funcionara correctamente. Podemos afirmar que es la ausencia de Consejos de Administración con misiones claras la que hace que dudosos esquemas de naturaleza bien conocida no sean reconocidos como tales y puedan venderse como genuinas innovaciones financieras que, además, parecen apoyar a las clases más desfavorecidas.

    Continúo ahora con el problema de la información asimétrica. Dada la velocidad y amplitud con la que se generó y diseminó el modelo de “originar y distribuir” que acabo de reseñar no es extraño que las instituciones financieras más involucradas en la cadena descrita no tuvieran ni idea de lo que tenían en sus tripas ni de lo que podría valer con independencia de las cuentas que presentaban a las auditorías o agencias de rating.

    La incertidumbre era total y, si nadie sabía nada, es normal que todas y cada una pensara que las demás estaban como ella, in albis. Todas y cada una de las instituciones financieras eran como los compradores de un coche usado que sabe que el único que sabe de verdad el estado del vehículo es el vendedor. O, todavía peor, que no quiere saber nada pues, en el fondo, no entiende lo que hace y recela de ello. Desde hace mucho tiempo es bien conocido que ante un problema de selección adversa como este se seca el mercado y que no hay más remedio que lograr separar los buenos bancos de los malos. Ante una situación así cabe preguntarse si esto se ha logrado con los tests de resistencia y enunciar luego una especie de queja profesional.

    Estos tests de resistencia que tanto están dando que hablar son como una ciberturba convocada por quien corresponde y que permite, hasta cierto punto y a pesar de deficiencias obvias, tener una idea aproximada de la calidad de las instituciones financieras, hacer de ese conocimiento un conocimiento común con lo que desde ahora debería ser más fácil la relación entre bancos que podrá centrarse en problemas reales y no en sospechas levantadas por la información asimétrica. En cualquier caso quiero añadir que, como profesional de la llamada ciencia económica, me resulta incómoda la actitud de los grandes expertos en Economía de la Información que han sido incapaces de ofrecer algún esquema novedoso de signalling o de screening que permitiera a los banco ya sea señalarse como bancos buenos ya sea autoseleccionarse como tales al reaccionar a un mecanismo novedoso. No me vale argüir ahora que la ignorancia era y es tan grande que es imposible encontrar un mecanismo revelador. Si así fuera deberían haberlo dicho expresamente en su momento.

    Cierro con la problemática del endeudamiento de cada economía (público o privado, familiar o empresarial, interno o externo) y de la parte de ese endeudamiento que tiene cada banco ya sea para guardar hasta el vencimiento, ya sea para revender si la ocasión surge. El desapalancamiento se hará y se hará de una manera ordenada; pero deberíamos aprender algo más allá del reforzamiento de la regulación y supervisión. Ya hay novedades a examinar tanto en la nueva legislación americana como en las ideas que se barajan en distintos comités de Basilea. Pero, como última meditación, me gustaría usar este ejemplo del endeudamiento para pensar sobre la noción de riesgo sistémico.

    No podremos entender esa noción a no ser que utilicemos ideas de teoría de redes. No representa mayor riesgo el fallo de aquella institución que sea más grande, sino el de aquella que, ante las mismas dificultades, ocupe una posición central en la red de instituciones financieras puesto que su centralidad le hará susceptible de generar problemas cualquiera que sea el origen de las perturbaciones. Hay que reconocer que, en esto, los tests de resistencia no han ayudado aunque con la información obtenida deberíamos poder empezar a trabajar con diversas medidas de centralidad en la redes financieras para continuar investigando las medidas de regulación bancaria que quieran ir más allá de la imposición de mayores exigencias de capital cuantitativas o cualitativas.

    No quiero terminar sin añadir algo sobre la importancia del papel de los Consejos de Administración. No solo he afirmado que el peligroso negocio de “originar y distribuir” no se hubiera generalizado si hubiera habido Consejos responsables, sino que, de lo expuesto, se puede colegir que los problemas de selección adversa no serán fáciles de solucionar sin la colaboración activa de esos Consejos así como que sin ellos no hay esperanza de poner en marcha una regulación que realmente tenga en cuenta el riesgo sistémico bien definido.

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