Iparralde

Pienso que el último post, el titulado Nobody Nowhere, necesita o merece otro complementario que lo matice. Lo he denominado Iparralde por razones que explicaré a continuación dejando para el final las matizaciones a la idea apuntada en ese post anterior.

Comenzaré por lo tanto por explicar el título del presente post. Escribo este post, en efecto, a la mañana siguiente de mi ejercicio obligatorio de caminar siete kilómetros al día y que ayer no había podido ser cumplido del todo hasta tarde, ya casi de noche. Como no faltaba mucho elegí recorrer una calle corta y cercana a mi domicilio y que me recuerda a Iparralde.

Por un lado uno encuentra en ella algunas casas-chalet que se identifican con residencias de San Juan de Luz o de Biarritz. Por otro lado, éstas se juntan con casas de pisos que harían del lugar algo así como Bayona. Y en tercer lugar algunas otras casas tienen un aspecto andaluz que me recuerda a Cádiz. Esta mezcla puede parecer rara; pero no lo será tanto si uno recuerda las rarezas de los Borbones que lo mismo veraneaban en el sur que en el norte de España, por ejemplo en Cadiz o en Lekeitio o Donosti.

Iparralde, el País Vasco-Francés, no es ajeno a esta mezcla y, además, más tarde fue lugar de huida de mucho exilados de Hegoalde perdedores de la guerra civil. En mi juventud temprana tuve ocasión de contactar con alguna de esas familias que ya contaba con descendientes de mi edad. Ese contacto que tuvo lugar con ocasión de mis visitas dedicadas a dominar el francés, me enseñó mucho sobre cual es mi sitio en el mundo. Sigo creyendo después de muchos años que es Iparralde, la perfecta mezcla de la testarudez vasca y la racionalidad francesa.

Esta certidumbre me obliga a matizar el contenido del post anterior. Podría parecer que la Calle Orfila de Madrid era, en mi opinión, el ejemplo ideal de un Nowhere para mí estupendo pues me recuerda a un Paris en el que me puedo encontrar con conocidos, aunque no amigos, identificados por sus gustos artísticos o intelectuales que hacen de nosotros, ellos y yo, no precisamente Nobodies. Y, por otro lado, parece claro que ni París ni Madrid son esos no-lugares que me interesan para mi última etapa, mientras que Iparralde sí que lo es. No necesito lugares cosmopolitas, sino más bien, tallos de culturas únicas y profundas que yo estoy destinado a hacer crecer.