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Juan Urrutia

4 de marzo de 2009

Ingeniería económica

Auman dice que las subastas son un mecnismo diseñado en base a nuestro conocimiento del funcionamiento de un mercado y que, como tal mecanismo, constituyen la más elaborada pieza de ingeniería económica.

Sin embargo no es la única. Basta con recordar los mecanismos de Groves y Ledyard para extraer la verdadera willingness to pay por un bien público. Sin esos mecanismos- que no son gratis- no podemos esperar conocerla pues hay claros incentivos a minusvalorarla para que sea otro el que pague por ese bien público.

Naturalmente la literatura sobre diseño de mecanismos no acaba ahí y cabe mencionar mecanismos no solo para la revelación de preferencias como los citados, sino otros encaminados a reducir las dificultades propias de situaciones con información asimétrica. Estos mecanismos de screening son los que habría que perfeccionar para solucinar la naturaleza no reveladora del equilibrio en bancos en que se encuenta el mundo y que está llevando hacia una coyuntura realmente preocupante.

Y sin embargo no se está haciendo así y solo contamos con iniciativas dispersas y no muy bien diseñadas que van revelando información de manera demasiado lenta. ¿Por qué ocurre esto?

Cabe culpar a la propia deriva de la Teoría Económica tal como veíamos ayer; pero puede que también haya que culpar un poco a un pensamiento que se quiere liberal y que en este caso es, a mi juicio, simplemente irresponsable.

En efecto, empiezo a pensar que se trata del odio a los mecanismos y a la ingeniería económica en general del que están poseídos los que se tienen por liberales quizá porque un mecanismo parece siempre algo artificial y que no confía en le evolución natural.

Yo, como muchos, somos entusiastas admiradores de Hayek, y quizá por eso sabemos algo de lo que dijo. Como no podía ser menos él sabe que lo que nosostros hacemos en cada momento es parte de esa evolución, algo que los liberales no parecen tener en cuenta.

Llevamos anuestros hijos pequeños al parque de atracciones y los encadenamos a máquinas mostruosas nada naturales que les hacen girar y navegar cabeza abajo sin exaltarnos en contra de jugar con la fuerza de la gravedad. Y ello a pesar de que las tracciones de esas máquinas están regidas por mecanismos en el sentido primitivo de esta palabra asociada a la mecánica, esa rama anticuada de la física.

Hay veces que pienso que estamos en la época de Galileo cuando se perdía el tiempo en consideraciones tontas sobre la posibilidad de que la tierra no fuera el centro del universo en lugar de mirar por el ojo de un telescopio, un mecanismo nada natural. La evolución pone las cosas en su sitio pero trada tanto…..

Pero bueno, no me amargo tanto en este caso como en el de la propia Ciencia en el que, para tomar una decisión de localización de una gran instalación científica, se renuncia tontamente a consisederar el mecanismo de las subastas. No me cabe la menor duda de que esto es así debido a que el mecanismo sugerido dejaría sin trabajo a no pocos políticos y aparcaría a los científicos como agentes sociales relevantes insinuando eso de “zapatero a tus zapatos”.

En lo del mecanismo de screening tampoco me desepero del todo porque, a pesar de todos los intereses creados, ahora parece que poco a poco la pesada niebla de la estupidez se va disipando.

3 Comentarios a “Ingeniería económica”

  1. todoloqueseaverdad.blogspot.com/

    Siempre he pensado que hay un poco de parálisis y de actitud contemplativa de ciertas posiciones liberales (las que no entiendo como auténticas). Así, se tiende a pensar que si en un mercado hay posibilidades de arbitraje, el mercado se encargará de eliminarlas. Pero el mercado no es nadie, alguien, un especulador, ha de encargarse.

    También se piensa que si alguna actividad o sector no está funcionando de manera eficiente, el mercado se encargará de eliminar a los ineficientes y encumbrar a los eficientes. De nuevo, no es el mercado, estrictamente hablando, serán los empresarios eficientes, los consumidores exigentes y, tal vez, el regulador.

    Finalmente, si un mecanismo económico no funciona eficientemente, se piensa que el mercado se autocorregirá. Pero serán personas las que diseñen el nuevo mecanismo (o será consecuencia de un proceso, tal vez lento como bien dices, de evolución del mecanismo). Entra las personas que ayuden a diseñar el nuevo mecanismo puede y debe actuar el economista liberal, si es que entiende de diseño de mecanismos. En este caso él puede ser la parte del mercado encargada de corregir las ineficiencias.

    -Mira: una inefiencia.
    -El mercado la corregirá.
    -Me parece que te llaman.
    -¿A quién? ¿a mí?

  2. Juan Urrutia

    Es la hora de los diseñadores de mecanismos, sean liberales o no.Magnífico tu blog.

  3. carlos suchowolski

    Hola, sólo invitarte a opinar sobre mi enfoque crítico acerca de la visión liberal de la economía que desarrollé en mi último post. Me interesa tu punto de vista. Al margen de esto ya seguiré este blog en donde observo preocupaciones interesantes. Un saludo.
    http://unanuevaconciencia.blogspot.com/

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    1. José Alcántara José Alcántara

      Weizenbaum revisited

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    Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

    Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

    Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

    Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento.

    Comenzaré por el modelo de negocio denominado “originar y distribuir”. Nadie lo ha explicado mejor que Sidney G. Winter en una declaración ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de los EE.UU. de América. Glosando superficialmente algunos párrafos de la primera parte de su exposición yo traduciría el milagro de la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Aparecen los brokers que venden hipotecas sin ser empleados de una institución financiera y que, por lo tanto, no ponen demasiada atención en la calidad del prestatario. Continúa la cadena la institución financiera que pone el dinero (el originador) que actúa como un dealer que no se queda en sus libros con ese activo, sino que se lo pasa a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza y distribuyen esos paquetes troceados entre prestamistas que los adquieren sin saber muy bien de qué se trata más allá de que el rendimiento es muy atractivo y de que, a partir de un cierto momento, cuentan con una especie de aseguramiento a través de los mencionados CDO´s.

    Nadie a lo largo de esta cadena ha tenido incentivos para preocuparse de la naturaleza y calidad del nuevo producto financiero. Como enseñanza a retener es que no se puede confiar en una cadena que no tiene un final claro. Nada de sorprendente hay aquí excepto por el hecho de que faltaba un inversor final con incentivos a vigilar y prevenir las posibilidades de que su inversión no funcionara correctamente. Podemos afirmar que es la ausencia de Consejos de Administración con misiones claras la que hace que dudosos esquemas de naturaleza bien conocida no sean reconocidos como tales y puedan venderse como genuinas innovaciones financieras que, además, parecen apoyar a las clases más desfavorecidas.

    Continúo ahora con el problema de la información asimétrica. Dada la velocidad y amplitud con la que se generó y diseminó el modelo de “originar y distribuir” que acabo de reseñar no es extraño que las instituciones financieras más involucradas en la cadena descrita no tuvieran ni idea de lo que tenían en sus tripas ni de lo que podría valer con independencia de las cuentas que presentaban a las auditorías o agencias de rating.

    La incertidumbre era total y, si nadie sabía nada, es normal que todas y cada una pensara que las demás estaban como ella, in albis. Todas y cada una de las instituciones financieras eran como los compradores de un coche usado que sabe que el único que sabe de verdad el estado del vehículo es el vendedor. O, todavía peor, que no quiere saber nada pues, en el fondo, no entiende lo que hace y recela de ello. Desde hace mucho tiempo es bien conocido que ante un problema de selección adversa como este se seca el mercado y que no hay más remedio que lograr separar los buenos bancos de los malos. Ante una situación así cabe preguntarse si esto se ha logrado con los tests de resistencia y enunciar luego una especie de queja profesional.

    Estos tests de resistencia que tanto están dando que hablar son como una ciberturba convocada por quien corresponde y que permite, hasta cierto punto y a pesar de deficiencias obvias, tener una idea aproximada de la calidad de las instituciones financieras, hacer de ese conocimiento un conocimiento común con lo que desde ahora debería ser más fácil la relación entre bancos que podrá centrarse en problemas reales y no en sospechas levantadas por la información asimétrica. En cualquier caso quiero añadir que, como profesional de la llamada ciencia económica, me resulta incómoda la actitud de los grandes expertos en Economía de la Información que han sido incapaces de ofrecer algún esquema novedoso de signalling o de screening que permitiera a los banco ya sea señalarse como bancos buenos ya sea autoseleccionarse como tales al reaccionar a un mecanismo novedoso. No me vale argüir ahora que la ignorancia era y es tan grande que es imposible encontrar un mecanismo revelador. Si así fuera deberían haberlo dicho expresamente en su momento.

    Cierro con la problemática del endeudamiento de cada economía (público o privado, familiar o empresarial, interno o externo) y de la parte de ese endeudamiento que tiene cada banco ya sea para guardar hasta el vencimiento, ya sea para revender si la ocasión surge. El desapalancamiento se hará y se hará de una manera ordenada; pero deberíamos aprender algo más allá del reforzamiento de la regulación y supervisión. Ya hay novedades a examinar tanto en la nueva legislación americana como en las ideas que se barajan en distintos comités de Basilea. Pero, como última meditación, me gustaría usar este ejemplo del endeudamiento para pensar sobre la noción de riesgo sistémico.

    No podremos entender esa noción a no ser que utilicemos ideas de teoría de redes. No representa mayor riesgo el fallo de aquella institución que sea más grande, sino el de aquella que, ante las mismas dificultades, ocupe una posición central en la red de instituciones financieras puesto que su centralidad le hará susceptible de generar problemas cualquiera que sea el origen de las perturbaciones. Hay que reconocer que, en esto, los tests de resistencia no han ayudado aunque con la información obtenida deberíamos poder empezar a trabajar con diversas medidas de centralidad en la redes financieras para continuar investigando las medidas de regulación bancaria que quieran ir más allá de la imposición de mayores exigencias de capital cuantitativas o cualitativas.

    No quiero terminar sin añadir algo sobre la importancia del papel de los Consejos de Administración. No solo he afirmado que el peligroso negocio de “originar y distribuir” no se hubiera generalizado si hubiera habido Consejos responsables, sino que, de lo expuesto, se puede colegir que los problemas de selección adversa no serán fáciles de solucionar sin la colaboración activa de esos Consejos así como que sin ellos no hay esperanza de poner en marcha una regulación que realmente tenga en cuenta el riesgo sistémico bien definido.

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