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ILUMINACIONES. XLIX: QUINCEMISMO

Puedo comprender todas las críticas al 15M o derivados; pero no llego a poder aceptar que se le critique por su falta de responsabilidad al no ser capaces de generar propuestas concretas y constructivas. Criticar una explosión de malestar como esta o enfrentarse a ella porque sí o porque no posee alternativas viables al sistema al que se opone o porque, aun teniéndolas, no parecen canalizables por las vías que llamamos democráticas, me parece corto de miras y, como decimos en Bilbao, de poco fuste.

Recuerdo de mi juventud un librito (no recuerdo cual) que escribió Savater en la suya reivindicando la potencia de la negatividad. Es ciertamente maravillosos llegar a, como pedía Nietzsche, dar un gran SÍ a la vida; pero también lo es saber decir un NO sin paliativos y sin explicaciones.

Las críticas al 15M a las que me he referido parecen apelar a la idea de responsabilidad individual, ese axioma moral que parecería faltar en las manifestaciones que en los últimos meses vitalizan los centros de las ciudades. Pero la responsabilidad individual no es sino un dispositivo de dominación que diría Foucault y uno de los más efectivos precisamente por su dificultad en ser detectado como tal dispositivo.

Pero si esto es así hay cierto valor en su denuncia. Ser irresponsable, negarse a dar explicaciones de una postura determinada ya sea en el caso que nos ocupa, ya sea, por ejemplo, en el voto o en opiniones poco elaboradas, es un gesto de libertad que, me atrevo a decir, puede tener efectos positivos.

En consecuencia opino irresponsablemente que el ser irresponsable y operar como tal debería ser un derecho humano universal y fundamental. Nada hay en ello de poco fraterno o de poco solidario. Justo lo contrario. El negarse radicalmente a lo que sea tiene algo de regalo a los demás. De regalo que no espera correspondencia.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.