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Iluminaciones VII: ¡A otro hueso con ese perro!

Todo es relativo en este mundo posmoderno en el que, lo que para unos es tortura, para otros es un bien de interés cultural. Hasta el canibalisno lo es. El otro día me hice una limpieza regular de boca y me dí cuenta de que me estaba deleitando con una delicatess: trocitos de huesecillo dental marinados en bicarbonato y, ¿saben qué?, estaban buenos tomados con moderación a media mañana. Así que propongo que el canibalismo como acto repuganante e indigno para el que fue y ya no es, se limite a la ingesta de carne fresca pues la de la carne ya reseca en cecina tampoco parece muy indigna…. para la carne quiero decir. O sea que, a partir de ahora, que nadie diga «a otro perro con ese hueso» sino que, defendiendo lo que es de cada uno (y aquí sí que podemos hablar de propiedad, quizá no intelectual, pero desde luego corporal) espete a quien quiera deleitarse con nuestro cebiche dental: » a otro hueso con ese perro».

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.