Iluminaciones. IX: La carne está pronta…
.. pero el espíritu es flaco. Así, de pronto, no lo entendí y la inercia de mis neuronas lo registró justo al revés. Pero a medida que profundizaba cada vez más en el examen y exposición de sus desgracias en aquella esquina ventosa, entendí lo que este viejo amigo me quería decir:”…no, si me lo monto bien pero luego me encandilo enseguida y sufro de amores…”. Comprendí inmediatamente que la cosa era seria y le invité a pasar a mi oficina a dos manzanas de esa esquina que le desató la lengua quizá por el cruce de vientos.Me contó que no había manera de engañar a su amante de toda la vida, que sí que buscaba y encontraba oportunidades; pero que simpre le fallaba el ánimo en el último momento pues se imaginaba todo el horror que acompaña al seguro enamoramiento que seguría al sexo. Creo que le comprendí.


Tu amigo argumenta que los costes, reales o imaginados, ¿qué más da?, superan a los beneficios. Quizás tenga razón. O quizás sólo sea retórica. Los cuentos que se cuenta para justificar lo que no hace. También me interesa el recurso al la dualidad esencial. Exculpo a una parte de mí pero inculpo a la otra. A cabo de recordar un viejo principio del derecho romano que resuelve su dilema: “in dubio, pro polvo”. Que a su vez me recuerda otro que escuché no sé donde: “más sexo y menos Nueva York”.