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Juan Urrutia

1 de febrero de 2010

Iluminaciones. II: Un ensayo en Metanálisis Financiero

Lo que se suele llamar Análisis Financiero es el conjunto de lo que, por un lado, practican los especialistas en Economía Financiera, una rama de la Teoría Económica,y de lo que, por otro lado, son las opiniones emitidas por los analistas financieros propiamente dichos que escudriñan el comportamiento de los valores basándose bien en las cifras públicas de la situación de las empresas o bien en unas ciertas regularidades empíricas que el llamado análisis técnico pretende haber detectado. Estos últimos, los analistas financieros en cualquiera de sus dos variedades, son los que un inversor pretende seguir porque los teóricos, en base a sus modelos más sofisticados, solo son capaces de emitir una opinión sobre la relación entre los precios de los diferentes activos financieros sin poder llegar a anclar su análisis de manera tal que pueda llegarse a decir algo sobre la subida o bajada en el índice de los precios de esos activos.

Hace ya años que contamos con algo que se denomina Behavioral Finance, es decir un tipo de Economía Financiera que pretende hacer compatibles el conocimiento de las relaciones entre los precios de los activos y su nivel general con el conocimiento experimental sobre el comportamiento de los inversores que exhiben variados sesgos conductuales que les llevarían a actuar de manera tal que cabría las discrepancias, al menos temporales, entre lo teóricamente afirmado y lo observado en los mercados en los que esos activos financieros se intercambian.

Nada tiene de extraño que los analistas propiamente dichos traten de estar al tanto de los desarrollos experimentales en psicología para poder sacar provecho de las discrepancias temporales entre teoría y observaciones empíricas. Pero ese comportamiento psicológicamente sesgado de los agentes del mercado no es del todo autónomo sino que está condicionado por la información a la que tienen acceso y esa información está, a su vez, influída por el comportamiento interno y externo de los Presidentes o Consejos de las grandes empresas. Este comportamiento les lleva a emitir opiniones sesgadas a favor de una estrategia determinada que solo puede ser descubierta mediante el análisis de las opiniones emitidas hacia el exterior que sabemos están cocinadas con una intención y no pueden tampoco ser independientes ni de los sesgos psicológicos de quienes las emiten ni de game form en las que se encuentran esos grandes decisores.

En eso consistiría por lo tanto lo que en el título de este ensayo llamo Metanálisis Finaciero. Este campo de análisis que estoy inaugurando, pienso, va más allá del objetivo de dar cuenta de la estrategia de una empresa y trata de explicarla no por las razones esgrimidas sino por los sesgos de las personas que la fijan. Solo merece la pena cuando realmente esas personas pueden ser consideradas como capaces de fijar su posición más allá de los controles o equilibrios de los órganos de administración.

Esta es precisamente la posición que ocupan los Presidentes de los dos grandes bancos españoles: el Santander y el BBVA en medio de un momento sumamente delicado de las finazas mundiales, con Obama tratando de canalizar a su favor la indignación popular contra lo que está resultando ser lo que siempre se ha llamado socialización de las pérdidas por parte de la banca estadounidense, con la discutida política monetaria de la FED de Bernanke y con la presión para retirar ayudas extraordinarias y subir tipos para exorcizar el peligro de inflación. Ambos bancos tienen su sede formal en España y ambos generan valor en todo el mundo (por así decirlo) de forma que sufren la situación económica española, con la que tiene que contar pues sus reguladores y supervisores son españoles, y sufren también la coyuntura económica mundial.

Aquí tenemos por lo tanto un experimento natural que está ocurriendo estos días. En efecto, el BBVA presentó sus resultados el miércoles 27 de este mes y el Santander lo hará el próximo jueves 4 de febrero. Imaginemos a ambos presidentes contemplando dos posibles formas de presentar las cuentas, una prudente y otra agresiva y tomándose su tiempo para decidir cual de ellas presentar a los analistas y a la opinión pública.

No se trata, tal como ya he dicho, de analizar los fundamentales o de rizar el rizo del análisis técnico, sino de estudiar por donde se inclinarán los que están al frente de instituciones sistémicas como estas dos, si por la prudencia falsamente humilde o por un optimismo impostado. La situación puede variar según sea el orden de actuación de estos dos actores de la escena económico -financiera presente, pero el experimento nos viene dado. Así que el experimento consiste en, primero, suponer el porqué González ha optado por la extrema prudencia, pero no de cualquier manera sino en base a la psicología de dicho Presidente, y, segundo, en tratar de predecir lo que dirá Botín sabiendo lo que ha dicho González y dejándose llevar por su experiencia y por sus sesgos psicológicos.

Comencemos por González. Es un maestro del timing y su objetivo inconsciente es salir de esta crisis con un banco asequible en precio y perfectamente limpio sin molestar más a los accionistas que ya han sido castigados por una política de dividendos poco generosa en términos de pay-out, que implementó en su momento a través del pago en acciones, y que ahora promete no rebajar en el futuro. En consecuencia se cubre de los riesgos futuros aumentando las provisiones con cargo a los resultados del último trimestre a fin de no pasar apuros durante el 2010. El 2011 el BBVA estará reluciente y el mundo comprenderá que es una joya gracias a una estrategia bien diseñada que ha sabido conjugar la prudencia en la inversión con la innovación a largo plazo y la previsión en el relevo de las generaciones.

Pensemos ahora en Botín. A pesar de que el Santander que preside ha enseñado la popa al BBVA de González hace años, todavía Botín no puede abandonar la competición en lo que aparentemente es otra liga de la que, sin embargo se puede ver descabalgado por los riesgos asumidos, especialmente en el Reino Unido, y obligado a volver a enfrentarse con un antiguo rival que él no sabe hasta que punto le está esperando. Tiene ante él dos estrategias y, por lo tanto, dos maneras de presentar las cuentas. La primera es la acorde con alguien que ya es lo suficientemente mayor como para sentirse invulnerable y una estrella en la Banca, en los circuitos de fórmula 1 y en las universidades de medio mundo. La segunda es la que le pondría en el mismo tipo de bote en que González ha decidido navegar aunque con más lustre y mayor tamaño.

Botín ha pasado, elucubremos, este pasado fin de semana recluído solo en su finca y pensando sobre la presentación de resultados de esta semana en la que estamos, en lo que ha hecho hasta ahora y que sabe conforma un verdadero hito, en la retirada y correspondiente sucesión y en sus declaraciones de que un banco solo debe hacer aquello que entiende.

Siente que no entiende lo que va a pasar, que no sabe que va a ser un banco los próximos años y que, si se confunde, pasará a la historia desde luego, pero solo como un breve comentario en un caso de una escuela de negocios sin que se recuerde que el resurgir de la universidad será en parte su obra. ¿Qué hacer?

En mi opinión, como creador de este nuevo campo del Metanálisis, el Santander hervirá desde hoy hasta el miércoles en el proceso de dar los últimos toques a las cuentas triunfales. Es posible- piensa Botín- que, ante la situación de España que él sabe que los demás creen que es peor de lo que es en realidad, y ante la indefinición de lo que será la Banca americana, su optimismo no arrastre a la Bolsa y ésta, a su vez, no resalte como debiera sus éxitos recientes en alcanzar un diámetro de tamaño mundial y no acabe de creer su pintura rosa del ejercicio. Pero si consiguiera forzar todo lo improbable al menos durante una temporadita, su figura será ya indestructible. Siente que, si acierta, González se aprovechará de rebote, pero ya no le importa, ya vuela solo y a alturas estratosféricas.

El experimento es obvio. O acierto o no acierto. Ya lo veremos, pero no solo está en juego este nuevo campo del Metanálisis, sino la estrategia inversora de muchas casas de gestión de activos. Lo que yo haría, si fuera gestor, sería dedicar hoy y mañana a vender otros valores y compra santanderes para revenderlos en pocos días y embolsarme la diferencia.

Si acierto en mi análisis habré inaugurado una nueva forma de analizar los determinantes del precio de los valores y si, además, siguiera mis propias recomendaciones me haría rico. Si no acierto, o no sigo mis recomendaciones, estaré como hoy. Por lo tanto, como tampoco estoy tan mal, quizá mi Metanálisis esté sesgado y estoy jugando a González. Debería tenerlo en cuenta pero entonces entraría en un Metametanálisis y esto sería otra cosa que exigiría, antes de abordarlo, una creencia fundada de que la posiblemente infinita recursión me iría acercando a la verdad de la psicología ajena. Esperemos que otra iluminación me sugiera un atajo.

1 comentario a “Iluminaciones. II: Un ensayo en Metanálisis Financiero”

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  1. ¿Me confundí? « Juan Urrutia

    [...] intento de Metanálisis Financiero no ha tenido mucho éxito. Predije bien el comportamiento del Banco Santander en la presentación [...]

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    Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

    Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

    Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

    Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento.

    Comenzaré por el modelo de negocio denominado “originar y distribuir”. Nadie lo ha explicado mejor que Sidney G. Winter en una declaración ante el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes de los EE.UU. de América. Glosando superficialmente algunos párrafos de la primera parte de su exposición yo traduciría el milagro de la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Aparecen los brokers que venden hipotecas sin ser empleados de una institución financiera y que, por lo tanto, no ponen demasiada atención en la calidad del prestatario. Continúa la cadena la institución financiera que pone el dinero (el originador) que actúa como un dealer que no se queda en sus libros con ese activo, sino que se lo pasa a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza y distribuyen esos paquetes troceados entre prestamistas que los adquieren sin saber muy bien de qué se trata más allá de que el rendimiento es muy atractivo y de que, a partir de un cierto momento, cuentan con una especie de aseguramiento a través de los mencionados CDO´s.

    Nadie a lo largo de esta cadena ha tenido incentivos para preocuparse de la naturaleza y calidad del nuevo producto financiero. Como enseñanza a retener es que no se puede confiar en una cadena que no tiene un final claro. Nada de sorprendente hay aquí excepto por el hecho de que faltaba un inversor final con incentivos a vigilar y prevenir las posibilidades de que su inversión no funcionara correctamente. Podemos afirmar que es la ausencia de Consejos de Administración con misiones claras la que hace que dudosos esquemas de naturaleza bien conocida no sean reconocidos como tales y puedan venderse como genuinas innovaciones financieras que, además, parecen apoyar a las clases más desfavorecidas.

    Continúo ahora con el problema de la información asimétrica. Dada la velocidad y amplitud con la que se generó y diseminó el modelo de “originar y distribuir” que acabo de reseñar no es extraño que las instituciones financieras más involucradas en la cadena descrita no tuvieran ni idea de lo que tenían en sus tripas ni de lo que podría valer con independencia de las cuentas que presentaban a las auditorías o agencias de rating.

    La incertidumbre era total y, si nadie sabía nada, es normal que todas y cada una pensara que las demás estaban como ella, in albis. Todas y cada una de las instituciones financieras eran como los compradores de un coche usado que sabe que el único que sabe de verdad el estado del vehículo es el vendedor. O, todavía peor, que no quiere saber nada pues, en el fondo, no entiende lo que hace y recela de ello. Desde hace mucho tiempo es bien conocido que ante un problema de selección adversa como este se seca el mercado y que no hay más remedio que lograr separar los buenos bancos de los malos. Ante una situación así cabe preguntarse si esto se ha logrado con los tests de resistencia y enunciar luego una especie de queja profesional.

    Estos tests de resistencia que tanto están dando que hablar son como una ciberturba convocada por quien corresponde y que permite, hasta cierto punto y a pesar de deficiencias obvias, tener una idea aproximada de la calidad de las instituciones financieras, hacer de ese conocimiento un conocimiento común con lo que desde ahora debería ser más fácil la relación entre bancos que podrá centrarse en problemas reales y no en sospechas levantadas por la información asimétrica. En cualquier caso quiero añadir que, como profesional de la llamada ciencia económica, me resulta incómoda la actitud de los grandes expertos en Economía de la Información que han sido incapaces de ofrecer algún esquema novedoso de signalling o de screening que permitiera a los banco ya sea señalarse como bancos buenos ya sea autoseleccionarse como tales al reaccionar a un mecanismo novedoso. No me vale argüir ahora que la ignorancia era y es tan grande que es imposible encontrar un mecanismo revelador. Si así fuera deberían haberlo dicho expresamente en su momento.

    Cierro con la problemática del endeudamiento de cada economía (público o privado, familiar o empresarial, interno o externo) y de la parte de ese endeudamiento que tiene cada banco ya sea para guardar hasta el vencimiento, ya sea para revender si la ocasión surge. El desapalancamiento se hará y se hará de una manera ordenada; pero deberíamos aprender algo más allá del reforzamiento de la regulación y supervisión. Ya hay novedades a examinar tanto en la nueva legislación americana como en las ideas que se barajan en distintos comités de Basilea. Pero, como última meditación, me gustaría usar este ejemplo del endeudamiento para pensar sobre la noción de riesgo sistémico.

    No podremos entender esa noción a no ser que utilicemos ideas de teoría de redes. No representa mayor riesgo el fallo de aquella institución que sea más grande, sino el de aquella que, ante las mismas dificultades, ocupe una posición central en la red de instituciones financieras puesto que su centralidad le hará susceptible de generar problemas cualquiera que sea el origen de las perturbaciones. Hay que reconocer que, en esto, los tests de resistencia no han ayudado aunque con la información obtenida deberíamos poder empezar a trabajar con diversas medidas de centralidad en la redes financieras para continuar investigando las medidas de regulación bancaria que quieran ir más allá de la imposición de mayores exigencias de capital cuantitativas o cualitativas.

    No quiero terminar sin añadir algo sobre la importancia del papel de los Consejos de Administración. No solo he afirmado que el peligroso negocio de “originar y distribuir” no se hubiera generalizado si hubiera habido Consejos responsables, sino que, de lo expuesto, se puede colegir que los problemas de selección adversa no serán fáciles de solucionar sin la colaboración activa de esos Consejos así como que sin ellos no hay esperanza de poner en marcha una regulación que realmente tenga en cuenta el riesgo sistémico bien definido.

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