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XXXVI: Flexibilidad

defeat-the-kaiser-and-his-u-boats-eat-less-wheat-wwi-war-propaganda-art-print-posterLa fuerza del imperio británico estaba en la forma en que las distintas clases convivían como si pudieran hacerlo no encarando la lucha de clases, sino simulando que no la había. La debilidad alemana ha sido siempre la convicción de las soluciones óptimas son siempre posibles y, por lo tanto, pueden y deben ponerse en práctica. Los alemanes parecen partidarios del first best en cada problema y en toda ocasión. Los británicos parecen tener un gusto especial por las soluciones second best.

El problema con el first best es que si hay varios (y puede haberlos dependiendo de lo que entendamos por best) no pueden ser comparados entre ellos mostrando así de manera casi cruel que el concepto es casi contradictorio. La lucha entre uno u otro ha de ser a muerte: «todo» está en juego. La ventaja del second best es que ya sabemos a lo que renunciamos unos y otros y cabe un tipo de arreglo más o menos sostenible en el tiempo aunque puede romperse en cualquier momento y no por una lucha a muerte sino casi por experimentar nuevas aventuras o placeres desconocidos o experiencias exóticas pues, en realidad, «nada» está en juego.

De esta forma parece que el contraste es parecido al que podríamos establecer entre la seriedad de una sociedad germánica en la que la literatura es total, la filosofía tiene vocación eterna, la economía no es autónoma y la moral no tiene fisuras, y una sociedad anglosajona en la que la literatura es aparentemente frívola, la filosofía tiende al relativismo pragmático, la economía es como una mónada que de nadie recibe el ser y la moral es más o menos laxa. En el contexto económico actual, el contraste que intento describir se traduce en las recetas impuestas por Alemania en Europa frente a la práctica seguida en sociedades como la estadounidense.

¿Cómo es posible que en los últimos enfrentamientos hayan ganado siempre los anglos a pesar de comenzar las confrontaciones perdiendo? Pues porque la sociedad germánica es muy firme y tiesa pero se casca con cierta facilidad, mientras que la sociedad anglosajona es muy flexible y casi nunca se casca, sino que más bien utiliza su flexibilidad para darse impulso, como en el salto de pértiga. Si la sociedad germánica quiere darse impulso utiliza una garrocha que es tan poco flexible como mi cuello dento del que resuenan unas cervicales que se resisten a acomodarse al movimiento. Hay que ser un poco anglosajón para aceptar que pértiga y garrocha no solo no son siempre lo mismo, sino muy a menudo son bastante diferentes: nadie pica un toro con una pértiga.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.