Escrache
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XLII: Escrache

escracheSobre la importancia de las ideas casi nadie duda, con la posible excepción de los bárbaros. Y por esa fe explícita o implícita que tenemos en las ideas surge ésta de tratar de proponer elementos para un nuevo relato. Pero los relatos de donde derivamos nuestras formas de reacción rápida, nuestra heurística, están hechos de palabras y éstas también son importantes en este mundo nuestro en el que el lenguaje nos utiliza como lo hacen los genes según la sugerencia del gen egoísta de Dawkins. Por lo tanto no parece demasiado ingenuo tratar de aprender algo de esa palabra, escrache, que se nos ha colado en la mente además de en toda la prensa.

Parece que en su origen se utilizaba para denotar justamente la actividad que últimamente llevan a cabo los miembros de la plataforma para la denuncia de los desahucios realizados con todas las de la ley (antigua y desfasada). Actividad que consiste en presionar a algunos responsables de no tener en cuenta de manera satisfactoria las propuestas de le iniciativa legislativa popular centrada, parece en la dación en pago,, iniciativa esta que curiosamente fue aceptada a discusión en el Congreso de los Diputados. Su origen argentino dota a esta palabra de un tono que a mí me encanta pues me recuerda al maravilloso acento porteño, pero que para otros solo sirve para desacreditar la actividad así llamada como simple acto pícaro propio de su posible origen italiano.

Incomprensiblemente apenas si se habla del posible origen en la palabra inglesa scratch y en el correspondiente verbo to scratch. El sustantivo puede ser el equivalente a una rasgadura, quizá un navajazo en la cara para marcar el territorio del navajero. El verbo se entiende entonces como la acción de rascarse el picor de la cicatriz o más en general de rascarse lo que pica o molesta. Ya en contexto todo esto nos refiere a la violencia, más o menos real, más o menos simbólica, de atacar al que ofende o daña con su acción, o con su falta de acción.

Y, un poco más allá, el lenguaje nos maravilla arrastrándanos a pensar que esa actividad que hace sangre por lo afilado del corte está conectada con el comienzo de lo que sea pues decimos que si comenzamos algo sin condicionamientos previos, sin historia, empezamos from scratch. Como si en el principio siempre estuviera la violencia y fuera inútil pretender domesticarla limitándola al deporte con sus reglas dirigidas a competir en igualdad de condiciones no dejando por ejemplo que jugadores de golf con distinto handicap compitan entre ellos (excepto en campeonatos o premios denominados precisamente scratch por que gana simplemente el que en esa ocasión particular hace el recorrido en menos golpes).

Los comentarios anteriores son suficientes, pienso, para hacernos comprender que las palabras importan y que el significado de éstas en uno u otro idioma varían según el relato. De forma y manera que debería estar claro que no tenemos más remedio que medir nuestras palabras para resistir esa maquinaria de falsificar significados y que, desde el conejo de la Alicia de Lewis Carroll, sabemos que no es sino un fiel reflejo de «quién manda aquí». Por todas estas razones lingüísticas me felicito de que la acción haya destapado la palabra y esta nos vuelva a recordar una vez más que vivimos un momento de lucha de poder tal como esta serie sobre un posible nuevo relato ha puesto repetidamente de manifiesto.

Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.