Hacia el final

El relato simple de lo que me ocurrió durante la prepandemia que acabo de llevar a cabo puede entenderse como el final de mi obra póstuma que alcanza su cenit cuando ya semicurado de lo que se diagnosticó como vértigo entré en un mundo extraño del que estoy a punto de salir. No se muy bien lo que he hecho durante estos casi dos años más allá del intento de contarme mi vida en los años que he pasado en Madrid.

Si bien muchas de la entradas hacen referencia a acontecimientos de esa época que ocurrieron en Bilbao o en el Empordà la mayoría tuvieron ligar en ese Madrid en el que seguimos viviendo gran aparte del año y en donde están instalados nuestros hijos que viven por su cuenta, ya casados, y en donde podemos disfrutar de los nietos.

Por esa razón, durante la pandemia no pude escribir esta obra póstuma que ahora intento cerrar en los dos sitios de Bilbao y Madrid en los que, de inicio, contaba como posibles despachos. Así han sido las cosas y tenía intención de volver a aquellos planes iniciales. Planes que ahora pretendo recuperar en parte y que nunca tuvieron nada que ver con aquel intento de convertirme en un agente inmobiliario, una idea bonita para cambiar mi vida pero que resultó totalmente inviable durante mi vértigo y la incertidumbre de la COVID-19.

Recordemos que lo que yo he pretendía era repasar aquellos productos que he pretendido vender a granel de manera selecta y relacionados con los distintos Juanes, el estudiante, el doctorando, el académico, el político, el banquero y el emprendedor.

En relación al estudiante espero haber aclarado aquella imagen de joven superdotado que estuvo siempre entre los primeros de aquellas listas que los jesuitas siempre elaboraban a fin de separar los presuntos genios de los simplemente listos. En cuanto al Juan estudiante de Doctorado no ha merecido la pena tratar de aclarar el origen de las fortunas, de un tipo u otro, de mis abuelos Urrutia y Elejalde, cuya combinación posibilitó, junto al entusiasmo de mi mujer, esta salida nada convencional en la época. He pretendido describir bien las intenciones del Juan académico que dedicó muchos años de su vida tanto a la enseñanza superior como a la investigación y al diseño de instituciones, así como un cierto giro hacia la literatura.

Por otro lado y en relación con el Juan político, espero que haya quedado claro que sus breves incursiones en el Gobierno Vasco e indirectamente en el Central a través de la aventura fallida de atraer el espalador de neutrones, fueron suficientes para aprender lo bueno y lo mediocre de la política. Lo mismo se puede decir del Juan banquero, una experiencia esta que solo tuvo de bueno a la vista de su fin, el inicio de una época de psicoanálisis mucho más allá del sentido de la culpa, así como la creacción de la FUE. Del Juan emprendedor poco o nada tengo que añadir a lo dicho con anterioridad.

Como ya he comentado no pude concentrarme en lugares específicos para relatar estas facetas de la vida de Juan y este Juan que continúa escribiendo ya solo pretende disfrutar de lo que le queda de vida al tiempo que ayuda a sus descendientes. El disfrute está ligado de momento a pequeñas, o no tan pequeñas, cosas como los anocheceres que me recuerdan a Dublín y al Ulises y que cuando son tempranos proporcionan un gran placer al retirarse a casa justo al anochecer para disfrutar del calorcito hogareño, cuando por las ventanas solo ves ya el resplandor de las farolas y disfrutas de lecturas literarias, o no, que van a ir conformando ese nuevo yo al que se refiere mi horóscopo hoy mismo.

Atrévete a desaparecer y permite
que tu nueva personalidad florezca.
Conseguirás ser más feliz contigo
mismo y con todo lo que te rodea.

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