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Hablemos en serio, empecemos por el final

TransformersRecuerdo la extraña frase de aquel guru de mi juventud, una frase que nunca entendí, pero que ahora cobra todo su sentido. Me la dijo un día en California, cerca de Big Sur, en el Instituto Esalen: «Seamos serios, empecemos por el final». Se refería a la terapia de la Gestalt, pero ahora entiendo la frase como aplicable a la irritante lentitud en los intentos genuinos o falsos de construir Europa: «Hablemos en serio, empecemos por el final».

Sí, es imprescindible empezar por el final si queremos sacar algo en limpio sobre la formación de Europa que no esté basado en los intereses inmediatos de los aparentes ganadores de la crisis o en una cierta interpretación de la historia que siempre acaba en un «yo llegué antes», como ya dije hace unos días, o en un ejercicio de poder descarnado. Pensemos pues en nuestros deseos y nuestras esperanzas en el límite, es decir en el final que imaginamos.

Respecto al mundo y, por ahora, respecto a Europa, yo ansío lo siguiente.

  1. Quiero llegar a eliminar las guerras, establecer cortafuegos contra los contagios económicos y financieros, reconocer la identidad, no necesariamente étnica, de cualquier comunidad, el respeto sin excepciones a cualquier lengua y los esfuerzos para mantener aquellas que estén en peligro.
  2. Para que algo así llegue a ser el caso deseo sentirme extranjero en cualquier lado y comportarme como tal. Contra el patriotismo, lo apátrida, es decir la generalización de lo exótico en el sentido que para todos, o casi todos, sea yo realmente un ejemplo de lo otro a lo que estudiar con asombro. Lo mismo que cualquiera de los demás es para mí: lo otro. Ser exótico para todo el mundo excepto quizá para uno mismo.
  3. Quiero poder hablar de un «nosotros» para poder «traicionar» las pautas de conducta que identifica ese nosotros a fin de subjetivizarme realmente sin ser un mero juguete en manos de la propaganda disfrazada ya sea de historia o ya sea de familia.
  4. Quiero acabar con el Estado como el origen, junto con la familia, de todos los males por haberlos hipostasiado hasta el delirio sin poseer los medios de defendernos de sus exigencias castrantes.
  5. Y bien ¿cómo llego a ese punto final? Mediante la generalización universal, y de momento europea, de la Confederación (basada en el principio de subsidiariedad) entre comunidades identitarias flotantes independientes de la continuidad del territorio y capaces de establecer acuerdos con cualquier otra que sea de su agrado.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.