Foixà

Hace cuatro días viajamos desde Madrid a Girona pronto por la mañana desde la estación de Atocha de Madrid. Hace más de un año que no había sido testigo de una multitud tan heterogénea en medio de la que me siento, sin duda, un desconocido. Mientras esperamos a que el tren comience a rodar pienso, como en un no-where en el que dejar flotar mi no-body, me gustaría hacerme con una cabina reservada en un Talgo para ir y venir desde donde sea a donde fuera durante días.

Pero tengo que concentrarme en esta experiencia casi nueva del Alt Empordà. Desde mi primer paseo desde casa hacia el Castillo comienzo a considerar la posibilidad de hacer de Foixà el lugar de mi retiro en el que construir la que es para mí mi obra póstuma. ¿Es Foixá un no-lugar? ¿soy yo en este pueblo del Bajo Empordà realmente un no-alguien,un nadie? Pienso que igual ese es el caso, ya que me pierdo varias veces y porque no recuerdo ninguna cara, que igual debería reconocer, a pesar de que me saludan al cruzarse conmigo. Estoy casi seguro de que me saludan aunque no tienen ni idea de quien soy por mucho que hayan hablado en el pueblo de ese tipo de Madrid que vive en el camino de los Massos aunque yo haya afirmado durante años que soy de Bilbao. Se me ocurre que esta casa que adquirimos hace casi veinte años podría ser el lugar adecuado para iniciar esta nueva obra mía.

Pienso que quizá esta opción fuera inadecuada pues en esta casita me encuentro con multitud de posibilidades vitales bien conocidas que le niegan su carácter de no-where. Cuenta con un pabellón alternativo donde a veces me retiro a dormir si necesito no existir. Al lado está la maquinaria de la calefacción que en invierno es supernecesaria y también una bodega en el subsuelo que acumula cientos de botellas de vinos no solo locales. Además, en cuando llega un tiempo razonable utilizo la piscina para ponerme fuerte nadando y para poder hacerlo tengo que utilizar la maquinaria de calentamiento del agua sin la cual no resisto su temperatura. Y, aparte, cuento con el aseo especial donde, además del aseo propiamente dicho, cuento con las sillas y tumbonas así como con las toallas sobre las que tumbarme antes y después del baño. Solo o acompañado.

Pues bien justamente anoche soñé que ninguna de las llaves correspondientes a estas actividades plácidas funcionaba con la única excepción de la correspondiente a la bodega. Allí dentro sería nadie en ningún sitio, pero no creo que fuera capaz de encerrarme bajo el suelo sin luz día tras día.