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Famélicos gatos de posguerra

Untarles la cola de un combustible cualquiera y pegarles fuego era una diversión de niños de posguerra en vacaciones prepetrada sobre gatos famélicos recién escapados de la cazuela de sus dueños. A pesar de estar ya medio muertos de la misma hambre que nos envilecí­a a nosotros o a sus dueños, se resistí­an a morir del todo y todaví­a recuerdo aterrado sus maullidos de agoní­a.
Luego, m ás tarde y mejor alimentado, entendí­ que que los gatos tienen un sistema nervioso central que les otorga el privilegio de sufrir. También aprendí­ que lo único prohibido es la crueldad.

La indigente del cajero de Barcelona tení­a un sistema nervioso central y sufrió la crueldad de jóvenes ahitos. Ellos hicieron lo único que no est á permitido y, aunque no lo dicen los periódicos, no lo reseñan los noticieros ni lo reflejan las c ámaras en circuito cerrado, los gritos de dolor y miedo de la mendiga perseguir án a estos tres jóvenes, penalmente responsables o no,todos los años de su vida.

O no. Quiz á los indigentes de hoy, como los habitantes de Africa, o como los dueños de la carne acumulada en Abu Graib en montones preparados para rellenar un Kebab, son prescindibles, sobran. Como los gatos de posguerra o los meninos da rua. Como tú y como yo.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.