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Juan Urrutia

6 de Enero de 2009

Eyeless in Gaza

S. B. me comenta lo dificil que es tomar postura ante la invasión, por partedel ejército israelí, de parte de la franja de Gaza. Hay una tenedencia noble a estar con el débil, pero es cierto que, a pocos israelís que conozacas, su opinión es variada, no siempre de tipo halcón y con interesantes recovecos.

Esto mismo trataba yo de argumentar a Itziar ante su acalorada defensa de los palestinos insinuándole, al mismo tiempo, que leyera el artículo de Andre Glucksman de hoy en El País sobre la “desproporción”.

Pero al mismo tiempo pienso que no hay otro remedio que tratar de aportar modestamente a la comprensión del problema, algo que vaya más allá de las razones históricas, religiosas o relacionadas con el holocausto.

He aquí exactamente una situación análoga a esa en la que se encuentra a veces nuestra razón pura, según nos cuenta Zizek en un libro que ya mencioné en su día. Hay asuntos- dice Zizek que decía Kant- frente a los cuales, en ausencia del contraste de la percepción de nuestros sentidos, no sabemos qué pensar. Kant añadía que, de todas formas, tenemos que superar estas antinomias de la razón pura.

Con mucha más razón parece claro que tenemos que superar las antinomias de la razón tolerante, tal como denomomina Zizek a las antinomias en las cuales dos bandos pueden tener razón.

Si queremos podemos llamar a esto aporías y justamente hoy tenemos otro ejemplo en El País. El abogado Ruiz Soroa nos dice que hay que superar la aporía entre Democracia (o pueblo) y Constitución, algo que surge a propósito del Estatut cuya aprobación definitiva entraña, o puede llegar a entrañar, una contradicción entre lo que aprueba el pueblo catalán) y lo que dicen los 12 magistrados del TC.

Estas aporías o antinomias de la razón tolerante pueden y deben ser superadas. Ruiz Soroa ofrece un punto de partida intelectual para esta superación en la idea de democracia multipolar y cierra con una frase brillante; pero no solo brillante:

El sistema democrático es una especie de cámara de espejos que se reflejan y controlan unos a otros, y el pueblo no es sino la atmósfera que habita entre ellos.

Por otro lado cuando estas aporías tienen que ver con el territorio aparece de inmediato la idea de el neovenecianismo tan querido en Las Indias Electrónicas como definitorio de las mismas. Destaca David de Ugarte una frase de Amos Oz que está contenido en una recensión de su libro sobre el fanatismo y que, en toda su extensión, reza así. :

El problema, como lo plantea Amos Oz, reside en que ambas reivindicaciones, la judía y la palestina son legítimas, por lo que no queda otra vía que llegar a un acuerdo, término que para ciertos sectores radicales e idealistas significa concesión, renuncia o traición. Amos Oz no lo considera así: llegar a un acuerdo para lograr la paz es una opción de vida porque posibilita el cambio. No interpreta el conflicto palestino-israelí como una guerra religiosa, sino “fundamentalmente, como un conflicto entre derecho y derecho, entre dos reivindicaciones muy convincentes, muy poderosas, sobre el mismo pequeño país (…) Simplemente una verdadera disputa estatal sobre quién es el propietario de la casa”.

Para David el problema está en el territorio y en el conjunto de sentimientos y lealtades que éste trae consigo. A mi juicio sentimientos y lealtades pueden también surgir sin referencia al teritorio y la aporía cambiará de aspecto-sin límites fronterizos- pero seguirá sindo una aporía.

Lo que nos interesa no es estrellarnos contra lo imposible, sino encontrar un camino para transitarlo. Tanto la multipolaridad de Ruiz Soroa como el neovenecianismo indiano son dos puntos de partida iniciales y yo creo que válidos ya que mi criterio de validez es el de la admisión de la traición. Admitamos con Oz que la traición es, más allá de celos tontos, la forma de individualizarse al tiempo que se colabora al mestizaje o a la hibridación. Así vista es una forma de cambiar y de crecer que puede evitar el enquistamiento en posturas, por otro lado, perfectamente respetables.

Abramos los ojos y evitaremos la traición a lo Dalila sustituyéndola por otras más creativas y también la caída del templo sobre los filisteos a manos de un Sansón furioso, dos objetivos que me parecen valiosos, aunque los filisteos me parezcan el ejemplo de la falta de capacidad intelectiva.

4 Comentarios a “Eyeless in Gaza”

  1. David de Ugarte

    Lo que lleva a la guerra en Israel/Palestina, no es un juego de lealtades personales como las que tendría un comerciante con su gremio… Por otro lado, el máximo nivel de conflicto que un comerciante puede tener es expulsar a alguien de su filé, su guilda o su empresa. Pero no le pasa nada porque el otro siga ahí. De hecho seguramente pueda generar comercio… No son Santo de mi devoción, pero que yo sepa los muridíes (una filé inmensa de 2 millones de personas extendida por medio mundo) nunca mataron a nadie… de hecho venden y compran a sus exmiembros. Ventajas de la desterritorialización.

    Así que sí, seguramente habría otras aporías, pero no habría guerra.

    Desnacionalizar el estado, reduciéndolo de paso a un sistema local de administración y relegar la identidad “nacional” al ámbito al que el siglo XIX y XX relegó la religiosa, creo que es de lo poco “transitable” que queda por delante. Entre otras cosas porque la alternativa al nacionalismo de estado son los paraestados como Hizbulah, Hamas o, un paso más allá, las mafias transnacionales.

  2. Juan Urrutia

    Gracias David; pero hay que seguir pensando. No sobre la idea de desnacionalizar el Estado o, añado yo, desestatalizr la nación. La unión de ambos conceptos produce guerras y otros horrores y, además,desprestigia la idea de nación. ¿Es esta última necesariamente territorial?.

    Por otro lado el territorio forma parte de algunas identidades gremiales como los comerciantes de vino por ejemplo pues éste no viaja através de cualquier territorio. Y el territorio también condiciona nuestra manera de mirar, por ejemplo, el arte y ésta conforma, al menos en,parte, en parte nuestra identidad personal.

    Y de todos modos las aporías internas a una filé determinda pueden ser idénticas a las que surgen dentro de un estado territorialmente definido. La tensión entre pueblo y constitución por ejemplo.

  3. Teo Millán

    La “tragedia” palestino-israelí.

    Disculpa por usarte de mensajero. Pero tu aceptación del role convierte la tentación en imposible de evitar. Espero que pronto facilites el sistema de acceso al bloq, como me comentas.
    Me quiero referir a tu última entrada sobre el conflicto palestino, donde describes muy bien algo que probablemente hemos compartido en forma muy similar muchos al enfrentarnos a la lectura de la prensa esta mañana. Pero es que además, tus referencias finales en la entrada del bloq a la tradición, Dalila y Sansón, me han traido a la mente una serie de imágenes sugerentes que quiero mencionar. En primer lugar, la poderosa imagen de la carga de “tragedia” que tiene esta terrible situación que, como bien describes, es un conflicto de derechos, ambos con dosis importantes de razón. Pero de “tragedia” en el sentido clásico. Porque en la “tragedia clásica” se narra siempre un conflicto de derechos. En la más representativa a los efectos, Antígona, se muestra en toda su fuerza el conflicto entre el derecho familiar, representado por la obligación de honrar a los antepasados, y la decisión política del Estado imperante. La obligación que siente Antígona de enterrar a sus muertos y la prohibición del rey Creonte de dar sepultura a los enemigos de Tebas. Y este enfrentamiento entre la ley no escrita y la ley promulgada no encuentra solución, dado que para cada uno, Antígona y rey, los derechos fundacionales de sus posturas son antagónicos, coincidiendo desgraciadamente en una misma realidad, lo que provoca el enfrentamiento que desemboca en muerte y dolor. Dolor para ambos bandos, no lo olvidemos, por mucho que la forma de producirlo sea en un caso activa (la sepultación en vivo de Antígona, por orden de Creonte) y en otro pasiva (el suicidio desesperado de Hemón, prometido de Antígona, e hijo de Creonte). Al fin y al cabo, allí está también el conflicto geográfico (Tebas) entre quienes primero reinaron (la casa de Edipo) y luego se convirtieron en sus enemigos (Policines, hermano de Antígona) y fueron por tanto tratados como desleales y desprovistos de sus mínimos derechos (tratamiento de terroristas).
    Dicho conflicto no encuentra solución en la obra de Sófocles, lo cual debiera de ser un elemento de reflexión. Y no lo encuentra, creo, porque el derecho enfrentado de ambas partes proviene de leyes fundacionales distintas y que no podrían ceder en su aplicación sin que ello representase una auto-inmolación total y, posiblemente, final. Esto es, renunciar a cumplir la ley promulgada es, en un caso tanto como en el otro, un acto de deslegitimación de la propia existencia, de aquello que cada parte dota del máximo valor, por encima incluso de la propia vida.
    La tragedia clásica transmite además a su público una profunda y terrible inquietud y desazón, que proviene justamente de la falta de visualización de una superación del enfrentameinto. Tal es la base del tragedia. Y así me siento yo también, público sufriente e impotente de esa tragedia que por mucho que nos acompañe durante tantos años y por mucho que conozcamos su argumento literal que se repite sin pausa, no deja de impactarnos en la misma foma vez tras vez. Repetimos así el rito de apoyar una restauración de alto el fuego, una reapertura de negociaciones, un diseño de otra hoja de ruta. Un tiempo circular.
    Y sin embargo, parecería que hay en la coyuntura que vivimos, un elemento que más que responder a un derecho enfrentado entre palestinos e israelís, se refiere a la ruptura de un alto el fuego y por tanto a una secuencia de agravios relativos. Esto parece ser más la instrumentalización del conflicto de base por parte de unos y de otros, vecinos incluidos, que la naturaleza genuina de las diferencias. Ante tal situación, ni siquiera resultaría operativo el concepto de “chivo expiatorio” utilizado por Guirard, para explicar la superación de los conflictos en que se las partes se infligen daños mutuos en una espiral de venganza sin fin. Tal concepto, que Guirard utiliza para racionalizar antropológicamente el nacimiento del cristianismo, sugeriría el encontrar un chivo expiatorio que colmase el clamor de venganza por una u otra parte. Un chivo expiatorio que podría ser un Hamas a cambio de unos términos de paz suficientemente generosos. Porque es que en tales casos, para que esa figura funcionase, la discrepancia entre las partes debiera limitarse a dicho conflicto de agravios secuenciales, sin existir la situación que en este caso se da de enfrentamiento de derechos mutuamente excluyentes, sino por un agravio que ha de colmarse. Ante tales situaciones, parece que el único caso referenciado de superación es aquel del juicio salomónico, en que ante el conflicto se planteó la destrucción del objeto reclamado, en un acto singular de coincidencia del chivo expiatorio y de la base del derecho reclamado.
    Por eso me parece además tan oportuna tu referencia a Dalila y Sansón; en primer lugar, porque justamente George Steiner hace referencia en su análisis de la evolución histórica de la tragedia (La muerte de la tragedia) al Sansón Agonista de Milton, como ejemplo de la última recuperación de la forma clásica de la tragedia, antes de su extinción mediante la desvirtuación que representa la combinación moderna de la comedia y la tragedia a manos de Shakespeare.
    Por todo ello, me temo que es obligado ser pesimista y cauto en cuanto a la posibilidad de superar la situación creada, pero no la coyuntural sino la estructural. Al fin y al cabo, no olvidemos que en su versión original (Jueces 13-16) la historia de Sansón es justamente una narración de enfrentamientos terribles. La (primera) esposa (también filistea) de Sansón fue quemada como venganza por los sangrientos actos de este que mató a treinta filisteos del pueblo de ella por sus malas artes al descifrar una adivinanza que les había planteado; más adelante, soltó trescientas zorras por los cultivos de los filisteos en venganza por haber perdido a su mujer, previamente abandonada; y su propio pueblo lo llega a entregar al enemigo, momento en que él se hizo con una quijada de asno y mató a mil hombres. Su fin es, no olvidemos, algo que recuerda la inmolación de los terroristas, causando gran número de bajas civiles al derrumbar sobre su cabeza las columnas de un edificio público abarrotado. Así que, como figura simbólica, Sansón es un recordatorio permanente de la irracionalidad del conflicto y de que el mismo goza de una muy prolongada historiografía local.

  4. Juan Urrutia

    Gracias dobles Teo. Por un comentario docto y excelente y porel esfuerzo de realizarlo a pesar de los obstáculos del registro. Respecto al contenido del comentario poco tengo qué dcir excepto quizás dudar de que estos conflictos sean irracionales. Que planteen una aporía de la razón no quiere decir que sean irracionales. Respecto a la dificultad de los comentarios me gustaría hacer algo al respecto aunque no necesariamente facilitarlos. Veremos

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    ESPAÑA Y EUROPA ANTE EL DESAPALANCAMIENTO

    En mi última entrega de La Mirada del Economista (“Jobless recovery” ¿una cuestión de poder?”) decía que “la situación en la que nos encontramos… parecería dar la razón a los que, jugando con las letras, nos predecían una recuperación en U o en W”. Los datos e informaciones que han ido surgiendo desde entonces, así como el caso griego me dan, desgraciadamente, la razón. A los ejemplos de aquel artículo hay que añadir otros nuevos pulsos relacionados ahora con el problema de la deuda, sea ésta externa o interna, pública o privada, de los países de la Unión Europea.

    Ni que decir tiene que casi ningún país de la zona euro cumple los criterios de Maastricht que conformaban el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en lo que respecta tanto al déficit presupuestario, fijado en el famoso y ya casi olvidado 3%,como al tope del 60% del PIB de deuda pública que el PEC exigía. Esto plantea dificultades que voy a tratar de comprender a fin de verificar mi aseveración de que vamos a contemplar luchas de poder renovadas.

    En el caso del Reino de España, la situación creada por el desequilibrio de la balanza de pagos no es dramática. España debe al exterior, por la deuda emitida para cubrir una parte de los déficits anuales de dicha Balanza de Pagos un modesto porcentaje del PIB. Aunque esta cifra ha ido creciendo por la falta de competitividad seguirá siendo una cifra relativamente baja. Sin embargo a este concepto hay que añadir otras deudas hacia el exterior que El Estado puede tener como resultado del déficit presupuestario así como las que acarreen agentes privados. Y, con estos añadidos, la situación puede complicarse

    En efecto, aunque la vida media de deuda externa pública está en torno a los 7 años, vamos a encontrarnos con importantes necesidades de financiación a corto plazo debido a a las otras fuentes de endeudamiento y especialmente el déficit presupuestario y su preocupante aceleración. Vamos a confrontar, por lo tanto, importantes necesidades de financiación a corto plazo cuya posible refinanciación va a ser relativamente cara debido, no tanto a la mala situación del endeudamiento, como a los fundamentales poco promisorios de la economía española aquejada de falta de competitividad. En esta situación un incremento impositivo parece conveniente.

    Además de todo lo anterior, el sector privado, no tanto las economías domésticas y las empresas financieras como las empresas industriales, tiene que cargar con su propia deuda que, en parte, también es exterior de forma que incluso las empresas más potentes, con ratings más o menos próximos al del Reino de España, van a tener que confrontar los mismos problemas que el sector público, pero agravados. La situación empresarial es pues preocupante puesto que a la falta de demanda exterior para los productos de esas empresas hay que añadir el paro que incide sobre muchas familias. No hay pues demasiadas esperanzas en lo referente al desapalancamiento de unas y otras empresas de forma que no podemos esperar un relanzamiento de la formación bruta de capital para no hablar del consumo en bienes duraderos.

    La obligatoria reducción del déficit presupuestario para cumplir con el criterio del 3%, su financiación y la consiguiente colocación de las emisiones necesarias por parte del Tesoro constituyen problemas adicionales para la recuperación. Aparte de colocaciones en el exterior de esas emisiones, o bien se las queda la banca, con lo que ésta estará justificada en su “estreñimiento crediticio”, especialmente en un momento en el que se puede esperar una consolidación del sector, o bien se colocan en el sector familias, probablemente con el incentivo de alguna ventaja fiscal asociada a la afloración de rentas ocultas. Vemos pues cómo, de una u otra manera, el sector privado deberá pagar parte del estropicio si no queremos sobrecargar el fondeo exterior.

    Pero estos problemas no son solo nuestros. Cada economía tiene que saber si su tasa de crecimiento a largo es suficiente para pagar la carga de la deuda a los tipos pactados. Si no lo es, o solo lo es a partir de un futuro muy incierto, la deuda aumentará y esa economía no tendrá más remedio que reducir su gasto o aumentar sus tasas impositivas. Casi todos los países de la zona euro están en una situación parecida, de forma que muchos tendrán que acudir a otras zonas del mundo para obtener financiación, lo que previsiblemente encarecerá ésta. Si la situación se generaliza no le quedará a Europa sino una alternativa diabólica. O bien el BCE se hace cargo de las deudas agregadas monetizándolas, o bien se devalúa el euro para fomentar las exportaciones. Además de que ambas vías llevarían a una elevación de los tipos de interés a los que se financia la deuda, ni una ni otra de éstas soluciones parecen hoy por hoy admisibles para las economías europeas fuertes (Alemania o Francia) ni serían aceptables para sus prestamistas. Pero aunque no se lleve a cabo una devaluación formal (que, además de ser el reconocimiento que Europa no es un área monetaria óptima, probablemente acabaría con el proyecto europeo), el euro se irá depreciando en el mercado. Esto favorecerá sin duda las exportaciones de la zona pero también puede incentivar aun más la especulación contra el euro.

    Se avistan por lo tanto luchas de poder adicionales a las que destacaba hace un mes. Recordemos que, en el ámbito doméstico, había que contar con el enfrentamiento entre contribuyentes y banqueros y entre patronos y trabajadores. Esta última confrontación no se ha canalizado de momento en un diálogo social suficiente como para llegar a acuerdos (más allá del ya firmado sobre salarios) que sostengan las modificaciones estructurales del mercado de trabajo. La tensión correspondiente ya se ha escenificado en las manifestaciones del pasado día 23 contra el “pensionazo” y si las empresas, por las razones apuntadas, se ven todavía más constreñidas crediticiamente, se va a recrudecer. Las tensiones entre contribuyentes y banqueros pueden quizá pasar a un segundo término a no ser que la imposición adicional requerida sea poco equitativa o que la consolidación financiera, seguramente ineludible, exija primar a algunas instituciones financieras.

    Esta situación comprometida es lo suficientemente generalizable como para que Europa tenga que ponerse las pilas, lo que acarrea dificultades burocráticas y políticas, y como para que España intente con seriedad una política dura respaldada o no por un pacto de Estado. Un pacto así no parece fácil de alcanzar por el problema de las subidas impositivas por un lado y por la reforma de las pensiones o las reformas estructurales del mercado de trabajo por otro.

    En una situación así se me antoja extraordinario que ningún economista europeo se haya referido a unas piezas teóricas, antiguas y menores, sobre el período de ajuste, es decir lo que tardaría una economía en volver, por ejemplo, a la senda anterior. Este período de ajuste depende del tamaño del sector público, de la tasa impositiva media y de la distribución de la renta ( ver mi trabajo “Una visión (semi) heterodoxa de la crisis”, Cuadernos de economía, vol.32, nº 88, enero-abril 2009). La influencia de esos factores es de un signo u otro dependiendo de la situación presente de la economía de que se trate. Pues bien, el Pacto de Estado en España debiera ser posible a partir de un acuerdo técnico sobre esa situación inicial en España: una buena tarea para la troika negociadora que ya se ha puesto a trabajar sin demasiadas expectativas de éxito. Y Europa empezaría a ponerse las pilas al reconocer que lo que una u otra economía tiene que hacer puede variar dependiendo de su período de ajuste propio dejando de entonar la palinodia de la necesidad de un gobierno económico único, por lo que se entiende un Tesoro único. Una idea ésta última sobre la que escribiré otro día.

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