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Eyeless in Gaza

S. B. me comenta lo dificil que es tomar postura ante la invasión, por partedel ejército israelí, de parte de la franja de Gaza. Hay una tenedencia noble a estar con el débil, pero es cierto que, a pocos israelís que conozacas, su opinión es variada, no siempre de tipo halcón y con interesantes recovecos.

Esto mismo trataba yo de argumentar a Itziar ante su acalorada defensa de los palestinos insinuándole, al mismo tiempo, que leyera el artículo de Andre Glucksman de hoy en El País sobre la «desproporción».

Pero al mismo tiempo pienso que no hay otro remedio que tratar de aportar modestamente a la comprensión del problema, algo que vaya más allá de las razones históricas, religiosas o relacionadas con el holocausto.

He aquí exactamente una situación análoga a esa en la que se encuentra a veces nuestra razón pura, según nos cuenta Zizek en un libro que ya mencioné en su día. Hay asuntos- dice Zizek que decía Kant- frente a los cuales, en ausencia del contraste de la percepción de nuestros sentidos, no sabemos qué pensar. Kant añadía que, de todas formas, tenemos que superar estas antinomias de la razón pura.

Con mucha más razón parece claro que tenemos que superar las antinomias de la razón tolerante, tal como denomomina Zizek a las antinomias en las cuales dos bandos pueden tener razón.

Si queremos podemos llamar a esto aporías y justamente hoy tenemos otro ejemplo en El País. El abogado Ruiz Soroa nos dice que hay que superar la aporía entre Democracia (o pueblo) y Constitución, algo que surge a propósito del Estatut cuya aprobación definitiva entraña, o puede llegar a entrañar, una contradicción entre lo que aprueba el pueblo catalán) y lo que dicen los 12 magistrados del TC.

Estas aporías o antinomias de la razón tolerante pueden y deben ser superadas. Ruiz Soroa ofrece un punto de partida intelectual para esta superación en la idea de democracia multipolar y cierra con una frase brillante; pero no solo brillante:

El sistema democrático es una especie de cámara de espejos que se reflejan y controlan unos a otros, y el pueblo no es sino la atmósfera que habita entre ellos.

Por otro lado cuando estas aporías tienen que ver con el territorio aparece de inmediato la idea de el neovenecianismo tan querido en Las Indias Electrónicas como definitorio de las mismas. Destaca David de Ugarte una frase de Amos Oz que está contenido en una recensión de su libro sobre el fanatismo y que, en toda su extensión, reza así. :

El problema, como lo plantea Amos Oz, reside en que ambas reivindicaciones, la judía y la palestina son legítimas, por lo que no queda otra vía que llegar a un acuerdo, término que para ciertos sectores radicales e idealistas significa concesión, renuncia o traición. Amos Oz no lo considera así: llegar a un acuerdo para lograr la paz es una opción de vida porque posibilita el cambio. No interpreta el conflicto palestino-israelí como una guerra religiosa, sino “fundamentalmente, como un conflicto entre derecho y derecho, entre dos reivindicaciones muy convincentes, muy poderosas, sobre el mismo pequeño país (…) Simplemente una verdadera disputa estatal sobre quién es el propietario de la casa”.

Para David el problema está en el territorio y en el conjunto de sentimientos y lealtades que éste trae consigo. A mi juicio sentimientos y lealtades pueden también surgir sin referencia al teritorio y la aporía cambiará de aspecto-sin límites fronterizos- pero seguirá sindo una aporía.

Lo que nos interesa no es estrellarnos contra lo imposible, sino encontrar un camino para transitarlo. Tanto la multipolaridad de Ruiz Soroa como el neovenecianismo indiano son dos puntos de partida iniciales y yo creo que válidos ya que mi criterio de validez es el de la admisión de la traición. Admitamos con Oz que la traición es, más allá de celos tontos, la forma de individualizarse al tiempo que se colabora al mestizaje o a la hibridación. Así vista es una forma de cambiar y de crecer que puede evitar el enquistamiento en posturas, por otro lado, perfectamente respetables.

Abramos los ojos y evitaremos la traición a lo Dalila sustituyéndola por otras más creativas y también la caída del templo sobre los filisteos a manos de un Sansón furioso, dos objetivos que me parecen valiosos, aunque los filisteos me parezcan el ejemplo de la falta de capacidad intelectiva.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.