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Juan Urrutia

18 de marzo de 2010

Extraños incentivos

El País, sección Madrid trae hoy un suelto impagable. El título ya me da miedo:Los currículos de los médicos serán públicos para que los pacientes elijan. Pero ¿cómo va el público a leer un CV médico? He aquí una oportunidad de negocio: una agencia para la lectura e interpretación de CVs.

He aquí un bonito párrafo:

“Los currículos de los médicos especialistas estarán a disposición de los ciudadanos que quieran consultar qué facultativo tiene más experiencia en el tratamiento de su dolencia. Es una de las informaciones que los pacientes tendrán disponibles para elegir a quién quieren acudir cuando entre en vigor la Ley de Libre Elección, según avanzó ayer la viceconsejera de Asistencia Sanitaria”

No parece mal en principio, pero ya me pincha el temor a la manipulación del CVs para atraer pacientes, especialmente cuando a los facultativos se les pagará de acuerdo con el número de pacientes atendidos y presumiblemente atraídos a ese centro gracias al CV de su médicos.

Como además los centros hospitalaros recibirán más fondos cuanto más demanadados sean, la presión a manipular los CVs vendrá también del propio centro. Cuanto más exitoso el centro menos tiempo podrán dedicar sus médicos a cada enfermo.

¿Cómo se organizará un grupo de trabajoen estas conciciones? Habrá una tendencia a cooperar para que el centro en donde está ese grupo de trabajo localizado prospere, pero simultáneamnete habrá también un sesgo competitivo a señalarse a sí mismo como el mejor.

He aquí un lío que me resulta dificil creer que alguien quiera. Un buen coto para los expertos en incentivos.

4 Comentarios a “Extraños incentivos”

  1. alfredo

    No se trata de curriculums, sino de experiencia. No es posible dar información médica a los ciudadanos, porque estos no saben discernir entre si un médico sabe o no.

    Desde mi punto de vista tiene que ir en línea con la experiencia en operaciones de tipo “n”. Por ejemplo, yo querré ir a un dentista que tenga experiencia haciendo “implantes” y que si ha hecho 100, seguramente será mejor que el que haya hecho 5, simplemente por inteligencia intuitiva…

    Además, yo apoyaría comentarios por parte de los ciudadanos, no ya en cuestiones médicas, insisto, eso no es ponderable en la mayoría de las ocasiones por parte de los ciudadanos, pero sí en otras cualidades que normalmente los pacientes buscan en sus médicos: “trato dispensando”, “comunicación con el paciente”, “seguimiento de los casos”, etc.

    El CV es un buen paso, pero lo que habría que cambiar es el concepto de CV como una hoja dinámica de lo que hago. desde mi punto de vista esa es la clave

    (Más en mi blog sobre esto hablando de profesiones liberales y de reputación http://www.aromeo.net/2009/04/%C2%BFse-puede-capitalizar-el-poder-de-muchos-en-las-profesiones-liberales/)

  2. Juan Urrutia

    Gracias por tu cmentario clarificador Alfredo. Pero la presumible aglomeración en la consulta del médico con más expriencia no parece fácil de solucionar. Me ha encntado tu blog.

  3. alfredo

    Ahí es donde posiblemente las propuestas de David en cuento a la vuelta de aprendices como tal al mundo de los negocios, podríamos desaglomerar las mismas.

    Un médico siempre tendría que operar acompañado de aprendices, los cuales podrían ir acumulando experiencia derivada de su asistencia a este tipo de operaciones. Al final, la gente podría decidir entre el aprendiz que lleva “n” operaciones viendo o el médico que tiene la consulta aglomerada…

    Aunque no es fácil, apor ahí deben de ir algo los tiros.

    Un honor viniendo de quien viene tu comentario sobre el blog
    Un abrazo
    alfredo

    ps. supongo que no lo recordarás, pero nos conocimos en febrero del año 2004 en Córdoba en uns jornadas que organizó Pimentel en Córdoba. Disfruté mucho de tu visión y como siempre de la de David

  4. Juan Urrutia

    No, Alfredo, no me acordaba; pero me honra que te acuerds tu.

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    1. El Arte de las Cosas El Arte de las Cosas

      Nuevo aprendiz, nuevo para aprender
    2. José Alcántara José Alcántara

      Turquía como gran potencia regional

      TurquíaTurquía ambiciona ser potencia en su región, no es ningún secreto. A la fortísima, y poco comentada en occidente, inversión en la enorme región turcófona de Asia se une la renovada relación que en los últimos años mantiene con sus viejos enemigos, ahora convertidos --a golpe de cifras-- en sus mejores socios comerciales. Dicen que la víctima en este movimiento sería la posible alianza con la UE y occidente, pero la realidad es más compleja: Turquía es miembro de la OTAN, es paso indispensable para que el gas asiático llegue a Europa y el fortalecimiento comercial que está adquiriendo en su región la llevarán a ser un socio cada vez más deseable. Frente a la sostenida negativa europea a su ingreso en la Unión, Turquía ha optado por crecer mirando tanto a su entorno lingüístico como geográfico. Y para cuando occidente descubra que necesita la alianza con Turquía, el precio de sus favores ya habrá subido.

    3. Juan Urrutia Juan Urrutia

      La pobereza y el dinero

      Me he levantado con este sonsonete en la cabeza y no puedo arrojarlo fuera:

      Pues amarga la verdad,
      Quiero echarla de la boca;
      Y si al alma su hiel toca,
      Esconderla es necedad.
      Sépase, pues libertad
      Ha engendrado en mi pereza
      La Pobreza.

      Lo recuerdo sonando incesantemente en un vinilo de mi juventud por boca de Paco Ibañez. Lo que escribió Quevedo, en su totalidad, está aquí.

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    RIQUEZA FINANCIERA Y TEORÍA DEL CAPITAL

    Las noticias económicas de este verano, tan volátiles como los mercados y tan preocupantes como las diversas declaraciones que nos han llegado de Jackson Hole o la ralentización de la reforma financiera de Obama o las amenazas de una tasa especial a la banca, nos han hecho ver no solo que no acabemos de deshacernos de los efectos colaterales de la Gran Recesión, relacionados ahora con el endeudamiento y sus repercusiones sobre el sistema financiero mundial, sino también que necesitamos cierto sosiego para reflexionar sobre la naturaleza de la riqueza financiera. Pero una reflexión de ese calibre y ese tono necesita un poco de sabiduría importada de nuestra historia intelectual, algo que ponga en perspectiva la mera afirmación, reiterada hasta la saciedad, de que la riqueza financiera no es más que humo.

    Lo adecuado es comenzar por el principio, por algo que sabe todo economista, por la división del trabajo y la especialización que tan bien describió A. Smith en el libro I capítulo I de la Riqueza de las Naciones: ”Tomemos como ejemplo una manufactura de poca importancia…: la de fabricar alfileres. Un obrero que no haya sido adiestrado en esa clase de tarea (convertida por virtud de la división del trabajo en un oficio nuevo) y… por más que trabaje, apenas po­dría hacer un alfiler al día, y desde luego no podría confeccionar más de veinte. Pero… hoy día la fabrica­ción de alfileres… está dividida en varios ramas…. Un obrero estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en tro­zos iguales, un cuarto hace la punta, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza: a su vez la con­fección de la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas:….. En fin, el importante trabajo de hacer un alfiler queda dividido de esta manera en unas dieci­ocho operaciones distintas…”

    Es un fragmento que por conocido y repetido oculta parte de su significado. Refleja no solo la división del trabajo y la especialización como causa y origen del correspondiente aumento de la productividad, sino que, además, apunta al surgimiento de la proliferación paulatina de empresas independientes y a la correspondiente noción del capital como rodeo de la producción posteriormente destaca por Eugen Böhm-Bawerk. Pues bien, esta manera de mirar al capital es, a mi juicio, muy adecuada para pensar la naturaleza de la riqueza financiera.

    Para verlo con claridad me apoyaré en una idea de de Donald MacKencie en un artículo de la London Review of Books del 8 de mayo del 2008 . La fábrica de alfileres y lo que en ella ocurre es un ejemplo de división del trabajo que se produce dentro de una empresa de la que alguien se ocupa sin necesidad de que haya ningún dato público más allá de la contabilidad que, visada por un juez, nos sirve más o menos bien para que cualquiera pueda acercarse al cálculo del valor de esa empresa. Un conocimiento superficial de la historia nos enseña que, más tarde, se empieza a sacar fuera de la empresa ciertas tareas de forma que el seguimiento de la actividad se hace más complicado lo que, además de acarrear sospechas sobre la contabilidad, hace surgir ciertas prácticas que acaban redundando en la generación de compañías auditoras. Dando un salto en el tiempo podemos imaginar que eventualmente llega la deslocalización internacional y la consiguiente necesidad de auditoras transnacionales a fin de conocer con cierta garantía de rigor lo que vale una empresa. Toda esta historia/ficción quiere reflejar la importancia de la naturaleza pública de la información en la formación del capital como el rodeo de la producción.

    Pues bien, esta historia es perfectamente aplicable a la especialización financiera y a la creación de la riqueza financiera pero, como se suele pensar y afirmar que lo financiero tiene una naturaleza muy distinta, añado ahora un par de ideas muy raramente mencionadas pero que me servirán para disipar esa creencia. Primera, en el desarrollo del capital real es muy fácil conocer el precio de los productos por muy larga que sea la cadena de producción resultante de la especialización pues la demanda final relevante (de trajes de novia digamos en el caso de las alfileres) establece una referencia que nos parece real y de la que se derivan los precios de todos y cada uno de los productos de la cadena a través de la competencia que, entre otras cosas, revela los precios de manera pública. Segunda, cuando el proceso del rodeo de la producción mediado por la competencia genera un producto final fácilmente estandarizable (como es el caso de las materias primas o el de las acciones de las empresas cotizadas) se crea un verdadero mercado en el sentido de que cuando uno compra o vende lo hace a través de un sitio central organizado que se compromete a hacer llegar el producto al comprador al precio fijado centralizadamente y a veces electrónicamente. De ahí que este mismo mercado pueda ser un negocio en si mismo e incluso cotizado a su vez en Bolsa. Esto último ocurre porque en ese verdadero mercado hay datos públicos que todo el mundo conoce y todos saben que todos los conocen.

    Es justamente esto último lo que va a fallar en la división del trabajo y la especialización del área financiera. A ello me refería en el las Meditaciones de agosto (Expansión 25 de agosto) cuando trataba de describir el negocio de innovación financiera que se ha dado en llamar “originar y distribuir”. Glosando a Sidney Winter describía allí la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Comienza con los brokers que venden hipotecas de manera casi free lance, continúa con el originador que pone el dinero y actúa como un dealer que pasa el contrato a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza, trocean los paquetes y distribuyen las piezas entre prestamistas que eventualmente contratan una especie de aseguramiento del riesgo de crédito, que también puede ser titulizado, sin que nadie de esta cadena haya tenido incentivo alguno a preocuparse de la naturaleza y calidad de la hipoteca original sin que haya un verdadero mercado centralizado responsable de garantizar las entregas y de fijar públicamente los precios. Todos los contratos son over the counter (OTC). Lo mismo que ocurre en la gran mayoría de los contratos “reales”

    No parece pues que haya diferencia conceptual seria entre la innovación financiera y la “productiva” excepto en un punto crucial: que en el ámbito financiero no hay traje de novia o, lo que sería equivalente, no es esperable que se cierre la cadena de valor con todos los contratos asegurados. Es esta diferencia la que hace surgir la idea de que hay un endeudamiento máximo sostenible, un límite de crédíto más allá del cual la situación es insostenible y el castillo de naipes colapsa bajo el leve peso del endeudamiento.

    Quizá, podríamos pensar, estemos ante un ejemplo de lo que se llama, en la teoría de la complejidad, autocriticidad y se ejemplifica por la imposibilidad de que la pendiente de un montón de arena de playa sobrepase un cierto valor a partir del cual se desmorona hasta recuperar la pendiente sostenible. Sin embargo en los términos analíticos utilizados hasta aquí esto no es fácilmente admisible por muy interesante que sea la teoría de la complejidad. Quedarnos satisfechos con esta explicación sería como admitir que en la naturaleza de lo financiero hay, como lo hay en la arena, algo natural e ineluctable. Es comprensible que esta explicación sea atractiva pero es insostenible en términos puramente intelectuales. De la misma manera que no vislumbramos, en general, un límite físico a la división del trabajo, tampoco deberíamos admitir sin más una longitud determinada de la cadena financiera. ¿Qué importa en efecto que el endeudamiento de una firma o de un país sea a muy largo plazo si pensamos que en cada vencimiento el negocio genera lo suficiente? Y si pensamos que eso no es así ¿qué ventaja tiene que el endeudamiento sea a corto plazo?

    Pero como los inversores no piensan de esta manera, es muy posible que estén convencidos de que el rodeo de la producción “natural” es más corto en lo financiero que en lo “real”. Sin embargo eso no es tan claro si pensamos que la globalización y de la deslocalización propician un mayor rodeo de la producción pero mucho menos controlable.

    (Publicado en Expansión el lunes 6 de septiembre)

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