Publicaciones en prensa

Europa 2011

Mucho antes de la crisis financiera se comentaba ya en las conversaciones informales de los economistas académicos cómo sería la futura división internacional del trabajo. Así se fue configurando una especie de sabiduría convencional que decía que China se especializaría en manufactura, Estados unidos en innovación tecnológica, Africa y Latinoamérica en agricultura y Europa en cultura. Se apuntaba hacia la decadencia de Europa. La crisis y su última fase que aúna hoy la guerra de divisas con los problemas concretos del euro, han ensombrecido todavía más el futuro imaginado de esa Europa en la que el eje franco-alemán no parece atender a las razonables requisitorias de incrementar el fondo de estabilidad financiera correspondiente a la eurozona o de hacerlo permanente, o de considerar en serio la posibilidad de emitir eurobonos cuya solvencia, al menos en parte, se garantizaría proporcionalmente entre todos. El año que se inaugura estos días va a ser crucial a estos efectos y los problemas inmediatos van a cruzarse con los menos urgentes pero más importantes relativos al reforzamiento político de Europa o, al menos de la eurozona.

Quisiera ahora argüir que el 2011 va a reforzar la idea de que la cultura en la que supuestamente se va a especializar Europa incluye no solo el aspecto parque-temático-ilustrado, sino también innovación organizativa, algo que puede llegar a ser súmamente importante. La tendencia general de los comentaristas en esta materia va en la dirección de reforzar el poder central creando lo que se suele denominar un Tesoro Único, es decir una especie de ministerio de hacienda centralizado que vise todos los presupuestos estatales, vigile su cumplimiento así como la deriva del endeudamiento y de los déficits que lo alimentan y garantice, o no, las emisiones de papel estatal así como las que se realicen en eurobonos. Aunque todo esto suena sensato, a mí me parece que la cuestión merece una consideración más detallada. A mi juicio Europa debería constituirse en el campo experimentador de la estructuración político-económica de la globalización. Pero ¿qué es esto último y porqué habría de experimentarse en Europa?

En cuanto a la forma político-económica de la globalización es algo que no puede entenderse si no es a partir de una idea clara de lo que podríamos llamar paradigma económico. El convencional no nos ayuda demasiado pues cae justamente en el Tesoro Único que mencionaba. Quizá deberíamos reflexionar sobre un paradigma alternativo relacionado con la «vieja» teoría general de sistemas pero cuya operatividad parece haber madurado con la exploración de sistemas complejos de flujos relacionados con la ecología y con la sostenibilidad. Lo interesante de estas ideas que han sido aplicadas ya a la crisis financiera, es que la sostenibilidad de un sistema complejo exige un cierto equilibrio entre la eficiencia, una idea muy familiar para los economistas, y la resiliencia que protege al sistema de sus propios excesos. La clave está ahí, en la resiliencia. Resulta que esa noción, que evoca la capacidad de resistir, está directamente relacionada con la diversidad de los elementos constitutivos del sistema y con su conformación reticular distribuida. Esta última propiedad hace que fallos en los engranajes rutinarios entre piezas del sistema puedan ser suavizados por engranajes alternativos aunque estos nuevos no sean los más adecuados, y la diversidad conforma un constructo que no puede fallar o ser capturado simultáneamente en todos sus aspectos, piezas, elementos o circuitos.

Parece pues obvio que la globalización podría herir seriamente la resiliencia del sistema a pesar de que, tal como ya hemos visto, es muy adecuada para la eficiencia. El mundo está mejor hoy que hace tres años pues millones de personas de países emergentes están esquivando la pobreza, pero muchas personas de los países desarrollados de ayer lo están pasando muy mal justamente porque la falta de resiliencia ha hecho de la eficiencia de la que se sentían tan orgullosos un arma peligrosa para quien la usa.

Los expertos en sistemas complejos han aplicado estas ideas a la crisis financiera actual (http://www.lietaer.com/images/Journal_Future_Studies_final.pdf ) y han ofrecido la sugerencia de que el sistema podría haber resistido si hubiera habido «dineros complementarios» a la moneda de curso legal y al dinero inside creado por el sistema financiero. A un economista estas ideas le suenan raras y fuera de tono en un momento del desarrollo del pensamiento económico que parece poseer ideas más avanzadas y elaboradas sobre los sistemas financieros. Sin embargo se me antoja que hay algo que aprender de esos expertos en sistemas complejos, cosas que precisamente Europa podría experimentar, racionalizar y perfeccionar en beneficio de todos y dentro de la especialización cultural que se le asigna.

Y, dentro de Europa, es precisamente España la que podría aportar una experiencia innovadora bien valiosa si nos decidiéramos a extender la experiencia confederal hoy existente en el País Vasco. Ya dije hace años que me parecería bueno y factible generalizar la experiencia del concierto económico y, ahora que CIU parece querer acercarse a esa figura en Cataluña, es el momento de pensárselo bien. España podría ser como un gran País Vasco en donde el poder va de abajo a arriba especialmente en materia fiscal. Las diputaciones forales recaudan y entregan una parte al gobierno vasco para que ejerza aquellas tareas que los territorios históricos les deleguen y otra parte al gobierno central para que éste ejerza funciones comunes como ejército o relaciones exteriores.

Es bien sencillo imaginar que lo mismo puede hacerse en toda Europa en materia fiscal y, justamente, de manera asimétrica. Algunas unidades político-administrativas estarían dispuestas a delegar hacia arriba algunas competencias regulatorias o supervisoras y quizá también a cooperar en la creación de fondos de previsión y de estabilidad. Todos los inversores del mundo conocerían las condiciones pactadas aunque fueran asimétricas y las tendrían en cuenta a la hora de invertir. Los distintos países de esta confederación estarían inmunizados ante el azar moral y la confederación como tal no se vería obligada a salir al rescate de ningún banco que estuviera en un país ajeno a la confederación dejando, desde luego, que los inversores privados pagaran por sus decisiones tomadas dentro de esa confederación. ¿Se lo imaginan? Yo sí.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.