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Esquemas de Ponzi

Ya están en prisión preventiva los principales directivos del Forum Filatélico y de Afinsa, los avariciosos defraudados se llevan las manos a la cabeza, Rajoy pide piedad y el gobierno moviliza a las asociaciones de consumidores y anuncia ayudas, no se sabe de qué tipo, para los afectados más vulnerables. Una vez más un esquema de Ponzi, bien conocido por los economistas, tanto en teorí­a como en los detalles de sonados casos históricos, ha explotado tal como era de prever.

Estos esquemas en los que el precio de un activo cualquiera se incrementa sin base alguna y simplemente a partir de la creencia de que seguirá creciendo, suelen explotar cuando esa creencia infundada se viene abajo. El problema intelectual consiste en detectar , en caso de que las haya, las condiciones bajo las cuales una burbuja puede ser sostenible, entendiendo por burbuja la diferencia entre el valor del activo hoy y el valor descontado presente de sus rendimientos reales no asociados a las expectativas de revalorización.

Lo que sabemos es que una burbuja solo puede existir en horizontes infinitos pues, de estar calculado en terminos finitos, el valor final no puede ser positivo y, en consecuencia, poco se pagará por ese activo en el perí­odo inmediatamente amterior….. y así­ hasta el primer perí­odo en el que solo se pagará el citado, en el párrafo anterior, valor descontado presente.

Hay activos en los que ese rendimiento a descontar es nulo. El más llamativo es el dinero fiduciario cuya cantidad puede ser aumentada tanto como se quiera. No vale nada en sí­ y su único valor depende de se acepte. Es decir, su valor es una burbuja. Y ya hemos visto no pocos episodios históricos en que esa burbuja ha explotado, siempre coincidiendo con una proliferación desordenada de su oferta.

El inmobiliario no es un sector del que, en principio, se pueda decr lo mismo.Su oferta no puede crecer sin lí­mite en un instante y los rendimientos de estos activos son bien reales. Sin embargo, la burbuja siempre se desinflará poque no hay horizontes finitos en la práctica: basta con que alguien piense que no puede continuar.

En el primer caso, el del dinero, hay autoridades regulatorias que no permiten la proliferación desordenada del dinero fiduciario y, en el segundo, el inmobiliario, las autoridades económicas tienen formas de intentar, con alguna probabilidad de éxito, que la burbuja se desinfle poco a poco, permitiendo que los inversores vayan encontrando forma de cubrir sus riesgos. En ninguno de estos dos casos, sin embargo, deberí­amos confiar en que el horizonte sea infinito.

En el caso de los sellos se dan todas las condiciones adversas simultaneamente. La oferta puede ser tan grande como se quiera ya que son fácilmente falsificados ( como el papel moneda), no tienen ningún rendimiento real intrí­nseco y el horizonte de cálculo, como en todos los casos, no puede ser infinto.

¿Como es posible, por lo tanto, que alguien caiga en este tipo de esquemas de Ponzi?. Por dos razones. La primera porque, si entro y salgo sin que el esquema haya desvelado su naturaleza, gano y de una forma bien real. La segunda es por ignorancia. Los correspondientes conjuntos de pesonas son totalmente disjuntos o casi. Y de este hecho surgen dos problemas intelectualmente intrigantes.

El primero es cuan desestruturada está la sociedad. Si todos habláramos con todos o bien no se iniciarí­a la burbuja o bien no tardarí­a en llegar el momento en que un ignorante se encontrara con un conocedor y, ante los razonamientos de éste, comenzara a vender y a pinchar la burbuja.

El segundo de estos prblemas intelectuales intrigantes es que es realmente extraordinario que esquemas de Ponzi como los mencionados duren tantos años sin que ocurra lo del párrafo anterior o sin que los correspondientes autoridades avisen de los peligros. Es que la desestruturación de las redes sociales alcanza también al gobierno y, desde luego a las relaciones entre este y la sociedad civil.

La anteúltima pregunta es qué hacer con los arruinados. Mi respuesta es la única posible: nada oficial aunque lo pida Rajoy o aunque un gesto de apoyo tenga réditos electorales. El rendimiento extraordinario traí­a aparejado un riesgo. Eso es todo y la compasión no exige el sacrificio del compasivo, aumque pueda llevar a apoyos privados.

Ah! , y antes de que se me olvide, el último comentario. Los administradores de las firmas en entredicho, siguen siendo presuntamente inocentes aunque los fiscales los encierren por presuntos delitos o, más adelante, los jueces e instrucción mantengan la prisión.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.