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En defensa de las cuotas

Estoy en contra de las cuotas en el comercio de cualquier tipo, el nacional o el internacional, pero no estoy en contra de las cuotas aplicadas a grupos de personas que, por circunstancias exógenas, están discriminadas.

Pensemos en las coutas de mujeres en el gobierno, en la administración pública o en los consejos de las empresas privadas. O pensemos también en las cuotas de inmigrantes subsaharianos o, para captar la generalidad pretendida del argumento, en las cuotas de «amos de casa», es decir de hombres que hagan las tareas que hoy, con poquí­simas excepciones, son realizadas por mujeres.

En estos casos las circunstancias han hecho que mujeres, subsaharianos y hombres estén infrarrepresentados en las situaciones sociales reseñadas.

Dadas estas circunstancias y el punto de partida en que nos encontramos, voy a tratar de argí¼ir que la cuota femenina es una intervención deseable. Las otras cuotas son defendibles de una forma análoga. Me concentrré, por lo tanto, en el caso de las mujeres y , más en concreto, en el caso de la escasez de mujeres en los consejos de administración.

Supongo para empezar que, aparte estudios interesantes sobre diferencias cerebrales entre los géneros, éstos son iguale en cuanto a las caracterí­sticas necesarias par administrar una empresa. Hombres y mujeres mustran una distribución normal de esos talentos alrededor de una media idéntica. Supondré además que en este momento todos los consejos están formados sólo por hombres y que en cada consejo sus miembros tienen unos talentos distribuí­dos igual que la población general.

Bajo estos supuestos me parece obvio que sustituir a los consejeros actuales (hombres) que están por debajo de la media por mujeres que están por encima de la media es un cambio que mejora el gobierno de esa empresa y que nos hace ganar a todos excepto a los hombres sustituí­dos.

¿Podrí­amos «comprar» la voluntad de estos hombres perjudicados? Hagamos unos números un poco tontos. Digamos que en el IBEX 35 hay 18 consejeros por empresa y que cada uno gana 30 millones de pesetas anuales. Pensemos que eliminamos a la mitad, es decir a los 315 hombres que muestran una capacidad de administración por debajo de la media, y que ponemos en su lugar a 315 mujeres elegidas por los head hunters especializados de forma que podemos estar seguros que estarán por encima de la media.

Para compensar a los que pierden con el cambio necesitarí­amos 9.450 millones de pesetas a repartir entre las 35 empresas del IBEX. Es decir unos 270 millones de pesetas de media. En cosecuencia con un pago medio de unos 400.000 euros ( digamos que anuales durante tres años) por empresa nos habrí­amos librado de los peores administradores y habrí­amos adquirido las mejores administradoras. Se me antoja obvio que cada empresa estarí­a dispuesta a llevar a cabo ese cambio, que le costarí­a como un millón de euros en 2 o 3 años, por poco que aportara al buen gobierno de la empresa y, en consecuencia, a la cuenta de resultados.

También me parece obvio que las cuentas siguen saliendo aunque los supuestos simplificadores se relajen lo razonable. Si no se hace es porque el statu quo es muy estable, no porque no sea deseable o haya deificultades en su financiación.

Ahora bien, si este argumento es más o menos válido, sirve también para organizar la inmigración por cuotas, con la única diferencia que aquí­ el papel de los head hunters lo hacen los mismos inmigrantes porque solo se arrisgan los mejoeres. Y desde luego que sirve para unas posibles cuotas para hombres que son unos magní­ficos «amos de casa», con la diferencia que aquí­ no hay autoridad alguna que pueda imponerlas.

Claro que todo esto es puro intervencionismo y que no tendrí­a sentido, ni para un liberal ni para nadie, si el mundo estuviera estrenándose. Pero estamos donde estamos y, de acuerdo con los principios compensacionistas que todos aprendimos, y aunque estos no sean muy liberales, me resulta imposible no acetar las propuestas que se hacen a favor de ciertas cuotas, así­ como de otras que pudieran hacerse en el futuro.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.