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Un sistema cerrado y sus consecuencias

Mi mesilla de noche de la casa de Las Arenas es muy distinta de la de mi cuarto de Madrid. Esta no es una mesilla, sino una especie de container mientras que aquella solo puede contener un par de libros además del despertador. Eso hace que ese librillo que se ha mantenido sobre ella durante años resistiendo el embate de novedades debe de ser algo serio para mí.

Es un libro que sondea la posibilidad,o imposibilidad, de escribir después de Auschwitz. Quizá es del propio Adorno, quizá algo como lo de Gunter Grass en su Discurso de la Pérdida, una especie de segunda derivada a partir de aquel origen. Creo recordar que lo que aprendí en ese libritín, pues no tenía muchas páginas, es que el Holocausto no se puede representar o describir sin, al mismo tiempo, absorberlo por el sistema. Por lo tanto parecería claro que la respuesta a la pregunta sobre si se puede escribir después de Auschwitz es que NO. A pesar de esta conclusión continúo perplejo lo que explica la presencia continua del librito en mi mesilla.

Lo que me importa, y me pregunto sin respuesta por ahora, es si se puede pensar un sistema que pudiera ser contradicho sin que la contradicción forme parte de él. Creo que esto solo es posible cuando, un poco a lo Leibnitz, contemplamos un sistema no completo, como si pensáramos en varios mundos como varios sistemas en competencia. Si, por el contrario, no concebimos sino un mundo, un solo sistema, entonces cualquier contradicción que se haga de los mecanismos de ese mundo-sistema habrán de pertenecer a ese propio mundo.

La negación más radical que podamos concebir de lo que ha devenido nuestro sistema, desde la corrupción generalizada hasta la venganza más cruel pasando por cualquier tipo de terrorismo es algo nuestro, nuestra parte oscura. Y acabar con ello, derrotarlo, es siempre, y muy a nuestro pesar, nuestra propia derrota.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.