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EL RETO DE SAMUEL

No escribo una historia bíblica, tal como su título parecería evocar, sino la tarea a la que me reta Samuel Bentolila (SB) a raiz de mi post Bouillon de commentaires. Ese post, como se puede comprobar, citaba un comentario que yo había realizado a un post de SB en Nada es gratis y su contestación correspondiente. Todo ese lío de comentarios no es relevante en sí mismo, sino, únicamente como contexto de lo que sigue. Lo que realmente me importa del reto de Samuel es lograr expresar algo que todavía no distingo con nitidez. Quizá la mejor manera de comenzar este intento de expresión sea destacar el final de mi primer comentario, ese parrafito al que SB no contestó de entrada. Se refiere al acto de presentación de SERIEs

entre otras ausencias, desearía destacar la de una más nutrida representación de la comunidad científica universitaria asociada al tipo de trabajos como los que contiene el número que se presentaba; pero que no están asociados a grupos que, sin menoscabo de su enorme calidad, viven al socaire de unas instituciones poderosas a las que sin reticencia alguna hay que agradecer su apoyo a la investigación, pero que condicionan, o podrían condicionar, el necesario libertinaje de pensamiento.

Es en este punto en el que SB me reta amablemente al reconocer de manera retórica que no entiende ese párrafo y añadiendo que:

Quizá enriqueciéramos el debate si escribes una nueva entrada del blog explicando en detalle lo que quieres decir, con actos, nombres, datos, etc. Yo entonces contestaría lo mejor que sepa.

Pues vale, enriquezcamos el debate. Reconozco que no sé a qué me refería con la locución «otras ausencias», quizá fuera solo una rutina del lenguaje; pero el resto sí que tenía una cierta intención. Yo debería poder decir a qué personajes universitarios eché en falta; es exigible, independientemente, la aclaración de a cuales me refería al mencionar a «instituciones poderosas» y finalmente , lo más importante para mí, me gustaría aclararme sobre lo que quería decir cuando dije que esas instituciones podrían condicionar el libertinaje del pensamiento. Vayamos pues por partes.

Las dos primeras exigencias de SB son fáciles. ¿A quien eché en falta? En primer lugar a Salvador Barberá, primer editor de La Revista Española de Economía tal como se indica en este primer número de SERIEs. Aunque como contó Xavier Vives esta revista quizá nació en 1971, pasó luego a manos universitarias, tuvo un cierto recorrido propio durante bastante tiempo y posteriormente un desarrollo paralelo al de la Asociación Española de Economía, hasta que cambió de nombre “anglofilizándolo” como Spanish Economic Review. Y todo ello con muy escasa ayuda financiera aunque el Instituto de Estudios Fiscales de aquella época apoyó la iniciativa. SB reconoce que esta primera ausencia fue notoria, pero esos detalles adicionales son significativos. Me hicieron pensar en la precaria situación universitaria, para no pocos sin solución posible, y eso me llevó, en segundo lugar, a echar en falta, por ejemplo, a nuestro común amigo Javier Díaz quien habría podido complementar, desde su propia práctica profesional, la exposición de los modelos DSGE que realizó el Director del Servicio de Estudios del Banco de España, así como, a manera de ejemplo adicional, algunos profesores del IESE o del IMDEA. La ocasión hubiera merecido, además, la presencia de macroeconomistas que también hubieran tenido algo que decir no solo en general sino, más específicamente, sobre los artículos que aparecen en este primer número que recoge una conferencia que se había realizado un año antes en el Banco de España. Pensemos en Galí quien nos hubiera podido explicar con cuidado el porqué de las rigideces que, en aras del realismo, los bancos centrales introducen en estos modelos que, en su versión original, provienen de la universidad y de manos de intelectuales que no creen en las rigideces aunque, es cierto, estaban en conexión con una FED, pero con una FED descentralizada. También podría añadir a Alfonso Novales quien dedicó al análisis de la política Macroeconómica su discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas siendo contestado por Jaime Terceiro quien, por consiguiente, también podría haber sido invitado así como innumerables profesores de macro y de finanzas (otros profesionales que, hasta donde yo conozco a la gente, brillaban por su ausencia).

Es ahora inmediato entender a qué instituciones poderosas me refería. No desde luego a La Real Academia, sino a las otras dos mencionadas. La SEPI (antiguo INI) y el Banco de España. La primera a través de su Fundación financia la nueva revista lo mismo que financió Investigaciones Económicas desde su inicio. Y el segundo ha creado y mantiene con el apoyo de múltiples ayudas empresariales tanto el CEMFI, magnífico centro de estudios monetarios y financieros, y a FEDEA, magnífica Fundación de economía aplicada.

Creo que ahora se intuye porqué es posible pensar que, por la dependencia de esas instituciones, quienes las habitan pueden sentir la falta de libertinaje intelectual. Aclaro de inmediato que no estaba sugiriendo falta de esa libertad intelectual que da la libertad de cátedra, pues no creo que nadie de los que trabajan en alguna de las instituciones citadas hayan sentido nuca censura alguna.

¿A qué me estaba refiriendo entonces? Este es el verdadero reto de Samuel. En parte estaba ya explicado por la identificación que hacía de libertinaje y contagios intelectuales:

contagios intelectuales, esto es lo que yo estaba echando en falta, sin saber cómo expresarlo, en mi pequeña diatriba contra algunas instituciones bienintencionadas pero que no son precisamente partidarias del libertinaje intelectual.

Es cierto que explico un concepto oscuro recurriendo a otro no menos oscuro, pero creo que puedo hacer un primer intento de aclarar lo que creo que quiero decir. Sí, no creo que el Banco de España ni la SEPI proporcionen la oportunidad de intercambiar ideas con heterodoxos. La semana pasada pasó por Madrid John Roemer y dió seminaros en La Fundación March y la Carlos III, no en el Banco de España o en la SEPI. Tampoco creo que el Banco de España se sintiera muy cómodo con las opiniones de un ortodoxo como Rogoff quien afirma que la FED ha sido capturada por Wall Street ni que le apetezca invitar a un seminario público a Stiglitz para acumular ideas de cómo cobrar a los bancos el bail out a pesar de que aquí, y gracias a la regulación de esa institución, esto no ha sido en general necesario, al menos en el volumen que se ha requerido en otros países.

Y, sin embargo esos contagios intelectuales son, creo yo, necesarios. Ya sé que se pueden tener sin necesidad de hacerlos públicos y, por lo tanto, yo no puedo afirmar que no se tengan. Lo que sí pienso es que si no se tienen se pierde perspectiva y uno mismo se autolimita innecesariamente.

Esto no quiere decir que sin esos contagios intelectuales o sin ese libertinaje al que me refería inicialmente uno no pueda alcanzar un nivel científico (si así puedo expresarme hablando de economía) extraordinario. No es mi caso, pero creo que aun si lo fuera me sentiría tal como terminaba mi post…

…un poco ahogado sin esos contagios intelectuales que solo se dan cuando uno se deja llevar por la negligeance y relaja su ascetismo para mirar a su alrededor y en las direcciones más insólitas y peligrosas,…

Reconozco que cuando escribí estas últimas palabras estaba contagiado por la prosa de David de Ugarte quien, en su comentario a mi post, mencionaba a Keynes y evocó en mí justamente la manera nonchalante de hacer las cosas, siempre ocupado en su universidad y en los más diversos oficios, pero siempre dispuesto a dejarse llevar por el murmullo de ese Bloomsbury que quizá un día el famoso Andoni llegue a remedar.

Termino diciendo que esa negligeance, esa disponibilidad anímica para dejarse llevar por derroteros sin perspectivas de éxito inmediato o de interés personal, se da solamente, o bien en la soledad personal o bien en la universidad o, al menos, en la universidad que yo y muchos hemos soñado: un lugar en el que la cafetería o el comedor pueden ser lugares en los que uno se cae del caballo, o siente cómo se le caen las escamas de los ojos vislumbrando de repente perspectivas novedosas y fértiles.

He ahí mi próxima tarea: explicar con más precisión o con mayor amplitud o de forma más expresiva esta manera de vivir. Aprovecharé para ello la contestación de SB.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.