Universidad de Colorado - Boulder

El primer tramo de mi carrera académica

Al poco tiempo de casarnos decidimos largarnos a los USA a fin de intentar hacerme con un doctorado en la Universidad de Colorado en Boulder en donde ejercía Keneth Boulding, el perfecto maestro para mí según un alumno suyo que fue el responsable de mi deseo de estudiar Economía al más alto nivel. Como siempre en mi vida comencé con gran energía los cursos comunes en los que obtuve muy buenos resultados lo que me permitió dedicarme de lleno al trabajo en una tesis doctoral que se permitía entrar en la metodología del desequilibrio, la adecuada para estudiar de verdad los problemas monetarios y financieros, según uno de los profesores que más me ayudó a creer en mi mismo. Fueron unos años estupendos tanto por los avances intelectuales como por el descubrimiento de la forma de vida americana en un momento de auge de las ideas propias de aquellos años en cuyos veranos los sesentayochistas de San Francisco se trasladaban a Boulder.

Mis mejores profesores del doctorado escribieron unas buenas cartas de recomendación y recibí algunas ofertas de algunas universidades razonables, pero decidimos volver a Bilbao con nuestro primer hijo recién nacido que no podíamos admitir que creciera en un lugar que no fuera el País Vasco. Así que mi estreno como profesor, aparte amagos de ayudante en esa universidad americana, ocurrió en la Facultad de Económicas de la que llegaría ser la Universidad Pública de Euzkadi.

Trabajé como un loco tanto en la enseñanza como en la publicación de artículos así como en la convalidación del Doctorado americano pues necesitaba ese título para presentarme a oposiciones. No tardé mucho en conseguir esto y en cuanto me vi ya colocado para siempre me entró la comezón de hacer algo más y me lancé a la mejora de un claustro de profesores al que yo pertenecía como catedrático. Realicé los primeros esfuerzos, nada fáciles, para convencer a buenos alumnos para que se decidieran a completar sus estudios en buenas universidades extranjeras escribiendo buenas cartas de recomendación para ellos y acudiendo a empresas locales para venderles la idea de que podíamos llegar a ser una muy buena Facultad de cuyos estudiantes luego podrían ellas aprovecharse. Este esfuerzo hubo de pasar por mi nombramiento como Decano lo que trajo otras obligaciones en la Universidad Pública Vasca relativamente inexperta.

En este trabajo hubo una interrupción breve mientras ejercí nueve meses como consejero de Educación, Universidades e Investigación del segundo gobierno vasco de Garaiko. Esta experiencia no fue fácil pero fue muy determinante para mis convicciones políticas. Acabada esta experiencia volví a la Universidad pero no conseguí volver a ubicarme en la jerarquía universitaria.

El trabajo como simple profesor me empezó a aburrir así que acepté la oferta de formar parte de la comisión gestora de la Universidad Carlos III de Madrid bajo la condición de no estar obligado a enseñar los primeros años a fin de dedicar mi tiempo a la puesta en marcha de un centro nuevo que pretendía ser pionero en Madrid. Así que nos trasladamos a esa capital tan poco querida por nosotros los vascos en la que me pagaban un sueldo mucho más grande que el correspondiente al de un catedrático.

Y esta vez nos trasladamos con una hija casi recién nacida y mi vida comenzó a cambiar una vez más; pero esto lo explicaré más adelante.