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El malestar de la innovación

Hace bastantes años me atreví­ a decir que la finalidad en sí­ de la innovación era prepararnos para ser adoptados por el cambio y que como tal la innovación nos ayudaba a internalizar la noción de cambio.

Solo cambiando aprendemos a hacerlo sin sentir el malestar que asociamos a cambiar de ciudad o de oficio o de hábitos. Y este malestar es un verdadero «malestar de la cultura» porque, aunque nos cueste reconocerlo, hoy vivimos inmersos en la cultura del cambio. Freud le hubiera sacado más punta a esto.

Pero, en mi opinión, a medidad que el cambio nos va adoptando nos sentimos rejuvenecidos y alegres.

Para la cultura de la que venimos trabajo y ocio eran actividades totalmente separables y los sindicatos tení­an la misión de liberar tiempo de ocio para evitarnos en lo posible la sordidez de lo lúgubre.

Pero para la cultura en la que entramos, la cultura del cambio, trabajo y ocio no pueden ser separados facilmente. ¿Qué hago cuando blogeo? ¿y cuando diseño un nuevo producto o planeo con cuidado una campaña de publicidad?

Se trata en todos estos casos de actividades creativas y la misión de los sindicatos tiene que cambiar en consecuencia. En nuestro entorno su razón de ser es más bien velar por que las actividades productivas sean realmente creativas exigiendo una prima para la relización de actividades rutinarias.

Podemos, si queremos, librarnos de la maldición del trabajo; pero nos resistimos a entrar en lo desconocido.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.