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Juan Urrutia

20 de Diciembre de 2009

El gesto más radical

El Jueves 17 asistí como ponente al Maratón sobre Ciencia y Dinero organizado por Aurelia Modrergo para el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Me tocó hablar el primero y ceñí mi exposición a lo prometido:

El científico tiene una elación perversa con el dinero que escinde su subjetividad. Quiere ganar dinero para sentirse equivalente a los demás sin que sus huellas se noten. Pero también quiere dejar huella diferenciándose así de los demás.

Si escribo mi intervención con un poco de cuidadado utilizando mis notas escritas como siempre en diferentes colores de rotulador, prometo reseñar aquí lo que de ello resulte.

Pero no es de eso de lo que quería hablar, sino de la intervención de María LM que leyó con una cierta pasión unas notas pulcramente escritas a máquina según podía yo ver desde mi posición en la mesa. El resumen que presentó era prometedor:

Por más que en terminología económica Las Letras supongan en principio, promesa de dinero, y el papel moneda, realidad fantasmática y semiótica del mismo, el mundo universitario de Las Letras parece reacio a inscribirse en ese discurso por el que discurre la comunicación intersubjetiva. Empeñados a menudo en una labor “monumental” de rescate y recuperación de un pasado humanista al que no conseguimos despertar, olvidamos que niestro objetivo debe ser no la transmisión del saber sino la creación del mismo, y que los cambios de paradigma radicales han venido siempre precedidos por la pregunta clave del pensador,, filósofo y hombre/mujer de “letras”. Ni capitalismo sin Calvino, ni imperialismo sin mapa, ni ilustración sin Kant, ni revolución sin Marx. Ni digitalización sin filosofía del lenguaje. Trataré de poner en circulación algún mapa contemporáneo que pueda encontrar en las letras una libre circulación de capitales no solo humanos.

Y no defraudó a una audiencia hipnotizada por el angel de la muerte de Bejamín anunciando el futuro aunque siempre mirando para atrás, por un maravilloso poema de Baudelaire y, sobre todo, por la historia de los monjes medievales copiando un libro sobre vitela o piel de ternera extraída a vacas que acabaron cambiando el régimen alimanticio de los franceses. Ese único libro, inmensamente caro en términos de rebaños, era un capital que circulaba sin posiblidades de reprodución.

Pero el punto álgido de la velada llegó con su gesto radical de rasgar sus folios a medida que los recitaba. No sé si tenía copias de los mismos en su ordenador; pero el efecto era tan situacionista que no me pude refrenar y llamé la atención sobre ese gesto a voz en grito.

Sin inmutarse María prosiguió su lectura al tiempo que rasgaba aun más finamente aquellas hojas de papel (obsoleta ya la vitela) que contenían el resultado de un esfuerzo personal perceptible. Esta falta de codicia me sumió en un estado de perplejidad que dificultó mi seguimiento de sus preciosas ideas sobre cambios de paradigma, circulación de conocimiento, la triple virtualidad del eros, maniefestada en saber ( asociado a los mapas), poder ( asociado a las cartas) y deseo erótico propiamente dicho, así como sus inteligentes alusiones a la modernidad líquida asociada a un continuo fluir inasible y dibujado en una especie de panóptico inverso donde nos movemos sin parar y nuestros controladores no mutan su posición.

Todas estas figuras desfilaban delante de mí sin que yo pudiera agarrarme a ellas fijada mi visión en una multitud cada vez más desordenada de trocitos de papel ya para siempre imposibles de recomponer en el texto regalado a una audiencia silenciosa como un pez en la profundidad del mar.

Y de repente se me abrió la mante y pensé que aquí estaba, en un improbable lugar del Madrid castizo, lo que Sadie Plant buscaba con ahinco: el gesto más radical., algo sobre lo que ya he escrito en alguna ocasión

Discurría brillante un discurso que ya atacaba al corazón de nustra terrible experiencia de migrar desde la ciudadanía hacia la dolorosa subjetivación que utiliza la coartada de la identidad para evitar la horrible soledad de producir nuestra propio individuo e iba terminando regalándonos la figura del nómada como figura de nuestro tiempo.

Efectivamente el nómada no cargará con el peso de sus ideas en papel sino que las olvidará para que puedan ser reemplazadas por otras cada vez más brillantes y sugerentes. No hay límites a la capacidad de creación.

El gesto más radical converge, en efecto, con la lógica de la abundancia. Prero de esto hablaremos otro día.

1 comentario a “El gesto más radical”

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  1. Propiedad intelectual una vez más « Juan Urrutia

    [...] el maratón del que hablaba ayer, Paco Moreno, quien nos deleitó con una magnífica presentación de lo que intenta hacer desde la [...]

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      Llevo mucho resistiéndome a hablar de drones… pero el hexacopter es realmente una maravilla casera y barata de fuente abierta.

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    ESPAÑA Y EUROPA ANTE EL DESAPALANCAMIENTO

    En mi última entrega de La Mirada del Economista (“Jobless recovery” ¿una cuestión de poder?”) decía que “la situación en la que nos encontramos… parecería dar la razón a los que, jugando con las letras, nos predecían una recuperación en U o en W”. Los datos e informaciones que han ido surgiendo desde entonces, así como el caso griego me dan, desgraciadamente, la razón. A los ejemplos de aquel artículo hay que añadir otros nuevos pulsos relacionados ahora con el problema de la deuda, sea ésta externa o interna, pública o privada, de los países de la Unión Europea.

    Ni que decir tiene que casi ningún país de la zona euro cumple los criterios de Maastricht que conformaban el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en lo que respecta tanto al déficit presupuestario, fijado en el famoso y ya casi olvidado 3%,como al tope del 60% del PIB de deuda pública que el PEC exigía. Esto plantea dificultades que voy a tratar de comprender a fin de verificar mi aseveración de que vamos a contemplar luchas de poder renovadas.

    En el caso del Reino de España, la situación creada por el desequilibrio de la balanza de pagos no es dramática. España debe al exterior, por la deuda emitida para cubrir una parte de los déficits anuales de dicha Balanza de Pagos un modesto porcentaje del PIB. Aunque esta cifra ha ido creciendo por la falta de competitividad seguirá siendo una cifra relativamente baja. Sin embargo a este concepto hay que añadir otras deudas hacia el exterior que El Estado puede tener como resultado del déficit presupuestario así como las que acarreen agentes privados. Y, con estos añadidos, la situación puede complicarse

    En efecto, aunque la vida media de deuda externa pública está en torno a los 7 años, vamos a encontrarnos con importantes necesidades de financiación a corto plazo debido a a las otras fuentes de endeudamiento y especialmente el déficit presupuestario y su preocupante aceleración. Vamos a confrontar, por lo tanto, importantes necesidades de financiación a corto plazo cuya posible refinanciación va a ser relativamente cara debido, no tanto a la mala situación del endeudamiento, como a los fundamentales poco promisorios de la economía española aquejada de falta de competitividad. En esta situación un incremento impositivo parece conveniente.

    Además de todo lo anterior, el sector privado, no tanto las economías domésticas y las empresas financieras como las empresas industriales, tiene que cargar con su propia deuda que, en parte, también es exterior de forma que incluso las empresas más potentes, con ratings más o menos próximos al del Reino de España, van a tener que confrontar los mismos problemas que el sector público, pero agravados. La situación empresarial es pues preocupante puesto que a la falta de demanda exterior para los productos de esas empresas hay que añadir el paro que incide sobre muchas familias. No hay pues demasiadas esperanzas en lo referente al desapalancamiento de unas y otras empresas de forma que no podemos esperar un relanzamiento de la formación bruta de capital para no hablar del consumo en bienes duraderos.

    La obligatoria reducción del déficit presupuestario para cumplir con el criterio del 3%, su financiación y la consiguiente colocación de las emisiones necesarias por parte del Tesoro constituyen problemas adicionales para la recuperación. Aparte de colocaciones en el exterior de esas emisiones, o bien se las queda la banca, con lo que ésta estará justificada en su “estreñimiento crediticio”, especialmente en un momento en el que se puede esperar una consolidación del sector, o bien se colocan en el sector familias, probablemente con el incentivo de alguna ventaja fiscal asociada a la afloración de rentas ocultas. Vemos pues cómo, de una u otra manera, el sector privado deberá pagar parte del estropicio si no queremos sobrecargar el fondeo exterior.

    Pero estos problemas no son solo nuestros. Cada economía tiene que saber si su tasa de crecimiento a largo es suficiente para pagar la carga de la deuda a los tipos pactados. Si no lo es, o solo lo es a partir de un futuro muy incierto, la deuda aumentará y esa economía no tendrá más remedio que reducir su gasto o aumentar sus tasas impositivas. Casi todos los países de la zona euro están en una situación parecida, de forma que muchos tendrán que acudir a otras zonas del mundo para obtener financiación, lo que previsiblemente encarecerá ésta. Si la situación se generaliza no le quedará a Europa sino una alternativa diabólica. O bien el BCE se hace cargo de las deudas agregadas monetizándolas, o bien se devalúa el euro para fomentar las exportaciones. Además de que ambas vías llevarían a una elevación de los tipos de interés a los que se financia la deuda, ni una ni otra de éstas soluciones parecen hoy por hoy admisibles para las economías europeas fuertes (Alemania o Francia) ni serían aceptables para sus prestamistas. Pero aunque no se lleve a cabo una devaluación formal (que, además de ser el reconocimiento que Europa no es un área monetaria óptima, probablemente acabaría con el proyecto europeo), el euro se irá depreciando en el mercado. Esto favorecerá sin duda las exportaciones de la zona pero también puede incentivar aun más la especulación contra el euro.

    Se avistan por lo tanto luchas de poder adicionales a las que destacaba hace un mes. Recordemos que, en el ámbito doméstico, había que contar con el enfrentamiento entre contribuyentes y banqueros y entre patronos y trabajadores. Esta última confrontación no se ha canalizado de momento en un diálogo social suficiente como para llegar a acuerdos (más allá del ya firmado sobre salarios) que sostengan las modificaciones estructurales del mercado de trabajo. La tensión correspondiente ya se ha escenificado en las manifestaciones del pasado día 23 contra el “pensionazo” y si las empresas, por las razones apuntadas, se ven todavía más constreñidas crediticiamente, se va a recrudecer. Las tensiones entre contribuyentes y banqueros pueden quizá pasar a un segundo término a no ser que la imposición adicional requerida sea poco equitativa o que la consolidación financiera, seguramente ineludible, exija primar a algunas instituciones financieras.

    Esta situación comprometida es lo suficientemente generalizable como para que Europa tenga que ponerse las pilas, lo que acarrea dificultades burocráticas y políticas, y como para que España intente con seriedad una política dura respaldada o no por un pacto de Estado. Un pacto así no parece fácil de alcanzar por el problema de las subidas impositivas por un lado y por la reforma de las pensiones o las reformas estructurales del mercado de trabajo por otro.

    En una situación así se me antoja extraordinario que ningún economista europeo se haya referido a unas piezas teóricas, antiguas y menores, sobre el período de ajuste, es decir lo que tardaría una economía en volver, por ejemplo, a la senda anterior. Este período de ajuste depende del tamaño del sector público, de la tasa impositiva media y de la distribución de la renta ( ver mi trabajo “Una visión (semi) heterodoxa de la crisis”, Cuadernos de economía, vol.32, nº 88, enero-abril 2009). La influencia de esos factores es de un signo u otro dependiendo de la situación presente de la economía de que se trate. Pues bien, el Pacto de Estado en España debiera ser posible a partir de un acuerdo técnico sobre esa situación inicial en España: una buena tarea para la troika negociadora que ya se ha puesto a trabajar sin demasiadas expectativas de éxito. Y Europa empezaría a ponerse las pilas al reconocer que lo que una u otra economía tiene que hacer puede variar dependiendo de su período de ajuste propio dejando de entonar la palinodia de la necesidad de un gobierno económico único, por lo que se entiende un Tesoro único. Una idea ésta última sobre la que escribiré otro día.

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