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Edmond Malinvaud

Edmond MalinvaudUna vez aclimatado a estos aires ampurdaneses el «deber» me llama a seguir elucubrando sobre el estado de la economía académica de la que hablaba el primer lunes de la semana santa Joaquín Estefanía en El País en una columna titulada «El economista y las manos sucias». En esta columna, muy propia de ese espíritu sereno que los periódicos impostan cuando parecen desaparecer las prisas de la actualidad, trataba de criticar a la profesión de economistas académicos por su incapacidad para la autocrítica a pesar de los acontecimientos de la Gran Recesión señalando algunas excepciones puntuales entre las que destacaba Estefanía la de Philip Mirowski de la universidad de Notre Dame quien atribuye la responsabilidad de la deriva peligrosa a las ideas que desde hace años se atribuyen a la Escuela de Chicago y a su liberalismo antiintervencionista, su énfasis en la expectativas racionales o su contribución a la elaboración y «pricing» de productos financieros derivados.

La pregunta de Estefanía sigue sin ser contestada doctamente por el cuerpo de economistas académicos a pesar de la necesidad obvia que existe hoy de revisar con cuidado la dirección que han tomado juntas la macroeconomía del equilibrio y las Finanzas a pesar de intentos encomiables como el INET que Soros fundó hace años. Por eso me parece muy interesante el ciclo de conferencias que llevadas a cabo en New York podemos hoy seguir con paciencia en el número de la «New York Review of Books» correspondiente al 29 de marzo de este año y que también ofrece los correspondientes «youtubes» de las intervenciones que un selecto grupo de profesionales ofreció en su día.

Algunos de los intervinientes mencionan, aunque sin enfatizar, que quizá la insistencia en el equilibrio constante y en las expectativas racionales están en el origen de la deriva de la teoría macroeconómica actual, pero uno puede detectar una especie de sesgo constante hacia la salvación del quehacer teórico de los últimos años y una falta de valentía en reconocer los errores, con las excepciones de siempre. Y es quizá esa valentía lo que más echo en falta de alguien como Malinvaud que, fallecido hace un mes a los 91 años (según leo en «Nada es Gratis») no necesitó arroparse en grupo académico alguno sino que supo ser respetado por todos y pensar con independencia sin necesidad de dedicar todos los minutos del día a la teoría. Espero que alguien más adecuado que yo hará un obituario pertinente y dedicará un in memoriam de su trabajo que tanto señaló a economistas de mi generación intelectual como directamente Laffont o indirectamente Tirole.

Por mi parte, y una vez más, trataré de aprovechar la ocasión de su triste fallecimiento para recordar que quizá lo que Estefanía echa en falta sin saberlo es aquel movimiento prometedor de la Macroeconomía del desequilibrio del que, sin duda, Malinvaud formaba parte con el distanciamiento correspondiente. Basta echar un vistazo a esta entrada de la Wikipedia para recordar lo que fue aquello y cómo el movimiento fue perdiendo capacidad de arrastre. Ha hablado y escrito tantas veces de esto que ahora me limitaré a decir que casi todos los nombres mencionados en esa entrada forman parte de mi formación intelectual y que la eliminación de su influencia en el devenir de la teoría macroeconómica fue para mi la raíz de mi desencanto con la teoría, el origen de mis ideas sobre la ciencia como constructo social sometido a reglas sociales relativamente arbitrarias y también de la falta creciente de interés en mi carrera académica con la desorientación correspondiente.

Y eso a pesar de que la figura de Malinvaud consiguió mantener a un conjunto de jóvenes (en su momento) economistas franceses trabajando alrededor de la idea de precios fijos como una consecuencia del desequilibrio y de la dificultad de modelar la racionalidad de las expectativas fuera del equilibrio. Su aportación está muy bien descrita aquí y su libro fue una de mis últimas trincheras en este campo de batalla de la economía académica.

Se ha ido sin conocer un posible renacer de sus ideas, pero me alegra terminar diciendo que los deseos de repensar los fundamentos de la teoría macroeconómica acabarán pasando por esta senda abandonada en su momento pero que puede ser un buen comienzo para algunos intentos de renovación.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.