Economia en porciones

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La extraña rebelión de los cresos

Hace unas semanas, apareció en la prensa una noticia increíble que, si bien no pasó desapercibida, merece alguna reflexión ulterior.
La noticia era que algunos multimillonarios estadounidenses - entre los que se encontraban personalidades tan conocidas como los grandes inversores Buffet y Soros - habían criticado el programa de la reducción de impuestos del nuevo presidente Bush por proponer la abolición del impuesto de sucesiones. La noticia se recibió con esa misma sorpresa cargada de ironía y rabia con que se reciben siempre las ideas de Soros para arreglar los defectos del sistema de mercado: ¡encima de ser tan ricos nos dan lecciones!

Posteriormente he leído algunas reacciones más pensadas entre las que creo haber detectado dos argumentos distintos. El primero, de tipo filosófico, trata de resaltar que se trata de una cierta tradición americana de mala conciencia que se habría recrudecido recientemente por las increíbles fortunas que se han amasado en los noventa, primero con la especulación financiera y luego con algunas empresas de las denominadas tecnológicas. El consecuente incremento de la desigualdad de la distribución de la renta es tan escandaloso que incluso los de los percentiles superiores se sentirían incómodos.

El segundo argumento que he detectado es de tipo fiscal y, según él, la oculta intención de la protesta sería presionar para que se instrumente una mayor rebaja del impuesto que grava la renta de las personas físicas. Este último es más difícil de evitar legalmente que el que grava las herencias y este hecho, y no un presunto altruismo, estaría en el origen de la extraña rebelión de los cresos.

Reflexiones

Vaya usted a saber cuál es la razón última de esta protesta insólita; cabe incluso que C. Rodríguez Braun (Expansión 12.03.01) tenga razón al atribuirle incompetencia y antiliberalismo. Pero lo que es ilustrativo y merece reflexión es lo que han declarado explícitamente sus promotores. Es ilustrativo porque creo que no tiene nada que ver con la mala conciencia ni con un falso altruismo. Merece reflexión porque pone de manifiesto, creo yo, una manera muy americana y, a mi juicio muy correcta, de entender el comercio y la creación de riqueza.

Según ésta, la única responsabilidad asumible es la individual y la única responsabilidad que individualmente tenemos en relación al mundo mercantil es hacerlo funcionar de forma que pueda seguir proporcionando riqueza y bienestar a un número creciente de conciudadanos. Pero veamos lo que realmente han dicho estos supermillonarios americanos.

La primera aseveración de este insólito grupo rebelde es que, de llevarse a cabo la abolición propuesta del impuesto de sucesiones, disminuirá la fuerza del mecenazgo ya que los beneficios fiscales que lo incentivan no serían ya eficaces. Como se observará, el grupo rebelde no está siendo altruista ni queriendo renunciar a su riqueza por mala conciencia.

Lo que están diciendo es que su dinero es más productivo en manos de mecenas que en manos del Estado. Digo más productivo, no más igualador o más promotor de la Justicia.

Y esto choca con la idea que nos hacemos hoy del mecenazgo como algo desinteresado.

En mi opinión, la forma americana, y a mi juicio correcta, de entender el mecenazgo sería la siguiente. El mecenazgo no persigue sustituir o complementar el esfuerzo del Estado en gasto social; sino que lo que persigue es completar mercados. Me explico, no se financia privadamente una exposición de pintura porque al Estado no le llega el presupuesto, se financia más bien para educar el gusto del público, fomentar la demanda de pintura y llegar a configurar un verdadero mercado del arte más profundo y menos volátil.

Y el surgimiento de un nuevo mercado ofrece oportunidades nuevas de generar riqueza. Esta fuente de riqueza es la que se cegaría si, al abolir el impuesto de sucesiones, los multimillonarios americanos no se sintieran ya atraídos hacia el mecenazgo.

El segundo argumento del manifiesto de protesta de los supermillonarios americanos era que la eliminación del impuesto de sucesiones pondría en peligro la circulación de las elites al perpetuar la riqueza dentro de unas familias determinadas. Aquí hay dos aspectos distintos. El primero sí que tiene una cierta connotación ética pues la igualdad de oportunidades que este segundo argumento conlleva, no deja de ser una aspiración de justicia que parece hacer compatible un cierto gusto por la igualdad con la meritocracia propia de la responsabilidad individual.

Pues bien, esta sensibilidad a la igualdad de oportunidades no es nueva en los EEUU de América; pero creo que, si reverdece con fuerza, debe ser porque el peligro de su desaparición se deja notar ahora con más claridad que nunca. Y esto es así porque vivimos en una circunstancia económica en el que, por razones que ahora no vienen al caso, lo que Robert Merton llamó el Efecto Mateo se da con enorme fuerza: a los que tienen se les da y a aquellos que no tienen se les priva de lo poco que pueden allegar.

El otro aspecto de este segundo argumento de los multimillonarios es que, además, la circulación de las elites permite aflorar nuevas fuentes de creación de riqueza y, en resumidas cuentas, maximizar la inteligencia agregada. Lo mismo que un sistema de mercado agrega muy eficazmente la información dispersa, una sana circulación de las élites permite aflorar el talento que de otra forma quedaría aplastado por la rutina de lo establecido.

Lecciones

Si se admiten estas dos reflexiones, la rebelión de los cresos deja de ser extraña, se puede entender perfectamente dentro de la tradición americana y sin referencia alguna a la mala conciencia o al altruismo. Pero lo más importante es que, si mi interpretación es correcta, hay dos lecciones que aprender.

Primera, que no hay nada sublime en el mecenazgo ya que, cuando se lo entiende a la americana, tal como yo arguyo que debe hacerse, deja de reflejar generosidad o altruismo (aunque no los prohíbe) y, a lo más, refleja esa simple fraternidad que lleva a crear nuevos mercados y nuevas fuentes de riqueza y bienestar para todos, incluso para uno mismo. Segunda, que en la igualdad de oportunidades hay algo más que ética, hay un interés en no desperdiciar talento, un interés también propio de la fraternidad. Me permito terminar diciendo que es justamente esta fraternidad la que hace imbatible al capitalismo americano.

Juan Urrutia

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