¿Dueño de mi destino?

Repaso brevemente los dos últimos posts y caigo en la cuenta de que lo que parece no es lo real. En efecto, contrariamente a lo que parece ocurrir en el recuento de mis decisiones de cada tramo de mi vida académica, lo que es la verdad sin duda es que yo he seguido destinos que no eran los míos en realidad.

En nuestra estancia en Colorado a cuya universidad en Boulder yo había acudido siguiendo mi vocación que parecía cercana al planteamiento de Boulding como economista de los que luego se llamaron institucionalistas, no ocurrió nada de lo esperado y yo me incliné a seguir las enseñanzas y recomendaciones prestadas por profesores jóvenes que, aunque no «sabias» cultivaban la teoría económica respetada por los profesionales del momento.

Esto me abrió el camino rápido de la carrera académica, pero no está claro que correspondiese con mi vocación. Más bien parece lo contrario a juzgar por mi actuación en el segundo tramo de esa carrera académica mía. Aceptar la invitación para mi traslado a Madrid para colaborar en la fundación de la Universidad Carlos III parecería como un intento de cambiar mi destino como economista teórico à la pàge por un posible destino de creador de instituciones, cosa ésta última que ya apuntaba en mis posiciones de Decano o Vicerrector en la Universidad Pública del País Vasco (Euskal Herriko Unibesitatea).

Como se puede observar existen contradicciones en mis decisiones aunque no tan simples como serían de prever. Es precisamente por esa falta de precisión o quizá por su posible continuidad velada que, a efectos de imagen pública, me atrevo a hacer mías estas palabras cuyo autor no me viene a la cabeza:

Verlassen verlassen bin ich wie der stein auf dem strasse und niemand kennt mich

Este es el resultado triste de no atreverme con mi destino: «Estoy abandonado como una piedra de la calle y nadie me conoce».