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Juan Urrutia

24 de febrero de 2010

Disciplina de mercado.

Habrá que esperar y ver, pero no parece que el tan cacareado y, en mi opinión necesario, Pacto de Estado, tenga el viento en las velas. Si no sale algo concreto será una mala señal pues querrá decir que ninguno de los dos grandes partidos cree estar ante una situación crítica. Efectivamente, si lo creyeran tendrían que pactar para no pagar el precio político de no haber sabido encarar la situación sin egoismos partidistas. Luego algo va a salir.

Por eso pienso que merece la pena poner algunas ideas sobre la mesa. Y cuanto más radicales mejor pues en este momento el pacto tiene que parecer importante.

Creo que todos los partidos estarían dispuestos a admitir que hay que eliminar algunas rentas clientelares pues esto gusta al votante mediano. Y lo mejor para ello es la competencia que introduce la disciplina de mercado como maquinaria de eliminación de rentas en cualquier campo y de cualquier origen.

Pienso que, en este momento, las rentas más escándalosas están relacionadas con las Autonomías. De una manera directa o indirecta.

Pensemos primero en el sector financiero. Dejando aparte los bonus de los banqueros que no están ocultos, pasemos a las Cajas de Ahorros, instituciones estas en las que las rentas están disimuladas por el tupido velo de la benevolencia propia de la Obra Social. Primero ya he dicho por activa y por pasiva que el sector financiero español mejoraría notablemente si la consolidación fuera drástica y las cajas consolidadas se transformaran en bancos. Segundo también he repetido a menudo que, a pesar de la banca cívica de la CAN, las finalidades genuinas y no torticeras de la Obra Social de la mayoría de las cajas podría sustituirse por un consejo de Vigilancia de los Bancos encargado de velar por los intereses de los stakeholders e insisto en ello a pesar de las críticas redibidas a un post recientísimo. Tercero, que este Consejo de Vigilancia podría ser generador de rentas clientelares es cierto, pero al no estar condicionado por la política autonómica su forma de actuar y competencias se podrían regular ex novo con toda clase de cautelas.

Pensemos ahora en la fiscalidad que es tan opaca y encubridora de rentas. La manera de conseguir eliminar esta lacra y de dejar funcionar la disciplina de mercado es, agarrénse bien, generalizar el sistema de concierto económico tal como escribí en su día. Ya se encargará cada autonomía de velar por su déficit pues de lo contrario el partido en el poder será despalazado si los ciudadanos de esa autonomía se sienten maltrarados bien por falta de servicios bien por excesos impositivos.

Ninguna de estas dos propuestas son fáciles de llevar a la práctica. Por eso mismo podrían ser objeto de consenso pues cada partido piensa que si lo hacen de consuno no tendrá que hacerlo él cuando esté en el poder y no haya más remedio.

10 Comentarios a “Disciplina de mercado.”

  1. Sak

    Muy de acuerdo con el café para todos en el concierto. Era penoso ver a las autonomías llorando por su déficit en sanidad. Siempre he pensado que a nivel político el independentismo se erradica con consultas a tutiplen y los problemas económicos de las autonomías con el concierto, pero bueno, si no lo quieren hacer, peor para los “unionistas” y peor para la economía del país.

    No me meto en el asunto de Obra Social vs consejo de vigilancia, pero no entiendo por que piensa que el consejo de vigilancia estaría más a salvo de la corrupción en Madrid, me recuerda al típico “ya lo dice Europa”, como si en Europa no se equivocasen o como si en Madrid la corrupción o lo que sea, fuese menor.

    Un saludo, un placer leerte

  2. Juan Urrutia

    Hola Sak. Se trata de disipar “rentas”. La Obra social es una forma de generar rentas. Estas rentas son, admitámoslo para continuar con el argumento,corrutelas e muchos casos. Un consejo de Vigilancia también podria corromperse y crear nuevas redes clientelares. Una forma de luchar contra las redes clientelares es conocerlas y romperlas.Cambiar Obra Social por Consejo de vigilancia rompe, de momento al meno, esas redes clientelares. y si extendemos la figura a todas las empresas e introducimos formas abiertas para la elección de su miembros, la formación de nuevas redes clientelares no solo llevaría tiempo, sino que, además, la guerra entre ellas disiparía la “renta” que cada una puede apropiarse.

  3. Juan Hernández

    Partiendo de mi acuerdo general con el planteamiento, especialmente en cuanto a la necesaria reconversión de las Cajas de Ahorros y la superación de un modelo donde no solo se rinden cuentas a los “shareholders” sino muy especialmente al poder político local, la cuestión que me planteo es cómo acercarse al objetivo de una “sociedad de concernidos” extrayendo lecciones de la experiencia con las Obras Sociales, la Responsabilidad Social Corporativa y, como no, sus correspondientes perversiones.

    En este sentido, la contraposición del consejo de vigilancia (cuyas últimas implicaciones reconozco que no alcanzo a entender y por tanto no pretendo criticar) con la idea de una banca social que integre la participación abierta y directa de sus concernidos, la planteaba desde una lógica de paso de red descentralizada a red distribuida, en la esperanza de que la propia competencia sea la que genere los incentivos necesarios para este modelo.

    No obstante insisto en que no es éste mi terreno y solo pretendo continuar una línea de debate que para mi resulta muy iluminadora. Gracias por permitírmelo.

  4. David de Ugarte

    Juan, insisto con Sak, sólo un sistema tipo “banca cívica” de can, eliminaría mediante competencia las rentas clientelares. Donde hay “representantes” hay clientelas.

  5. Juan Urrutia

    Nada que objetar al modelo de banca cívica, sino todo lo contrario. Lo que toca ahora es elucubrar sobre la relación entre esa banca cívica, que podría seguir siendo el modelo no solo para futura banca consolidadasino para todo el sector dorporativo,y la generalización de la defensa de los stakeholders. Dos puntos. Primero, la banca cívica no garantiza que los stakeholders están atendidos, solo lo están los que los clientes decidan. Segundo, la posibilidad de crear redes “clientelares” dispuestas a llevarse toda renta que ande suelta no es un peligro que provenga solo de la representación de los defensores de los stakeholders. Hay que entender qué estructura de representación es la menos vulnerable a las tentaciones. Lo mismo, dicho sea de paso, que hay que entender en relación a la banca cívica que tampoco es a prueba de comportamientos oportunistas.

  6. Juan Hernández

    Buena apreciación: ¿qué pasa con los proyectos que los clientes no eligen o no resultan populares?¿simplemente se deja de invertir en ellos?

    Otra cosa es que la mediación de un consejo pueda solucionarlo y no pervertirlo…

  7. Juan Urrutia

    Buena pregunta. Pensemos la respuesta

  8. Xola

    He descubierto este blog hace poco tiempo, y es un gusto y un honor el poder leer noticias de economía , con gente de tanto nivel y que da datos que parecen fiables y creíbles.
    Referido al tema de Las cajas y lo que parece tu propuesta de fusión de éstas, que ventajas tiene ante seguir manteniendo su independencia, uniéndose para desarrollos que así lo requieran, pero mantener una competencia entre ellas. ?Es mejor el Banco Santander que la BBK?.¿ La BBK si se fusiona con la Kutxa no la absorbería y al final quedaría solo una caja?
    Un saludo

  9. Juan Hernández

    Probemos con un ejemplo: como padre de un niño con una “enfermedad rara” y, por tanto, en la que se invierten pocos recursos, la experiencia me indica que son los afectados y familiares los que tejen su propia red de apoyo que luego se trata de extender para buscar acceso a la financiación.
    Aún no siendo cliente de una entidad que practicara banca cívica podría buscar un sí cliente que fuera puente entre mi red y la del banco, y actuara como prescriptor para derivar rentas con las que atender a mi grupo de stakeholders, siempre que dicho cliente contara con capacidad de decisión sobre cómo distribuir dichas rentas.
    La existencia de competencia en este ámbito implicaría más alternativas donde buscar prescriptores relacionados con ambas redes: la de una “entidad cívica” y la de mi grupo de interés.

  10. Juan Urrutia

    Que algunas cajas tendrán que fusionarse o algo parecido me parece fuera de duda. cómo lo hagan y qué pasecon la obra social me paree relevante. Mi propuesta es diccutible y tiene peligros, pero lo mejor es ponerlos encima de la mesa como en el caso de as enfermrdades raras.

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    RIQUEZA FINANCIERA Y TEORÍA DEL CAPITAL

    Las noticias económicas de este verano, tan volátiles como los mercados y tan preocupantes como las diversas declaraciones que nos han llegado de Jackson Hole o la ralentización de la reforma financiera de Obama o las amenazas de una tasa especial a la banca, nos han hecho ver no solo que no acabemos de deshacernos de los efectos colaterales de la Gran Recesión, relacionados ahora con el endeudamiento y sus repercusiones sobre el sistema financiero mundial, sino también que necesitamos cierto sosiego para reflexionar sobre la naturaleza de la riqueza financiera. Pero una reflexión de ese calibre y ese tono necesita un poco de sabiduría importada de nuestra historia intelectual, algo que ponga en perspectiva la mera afirmación, reiterada hasta la saciedad, de que la riqueza financiera no es más que humo.

    Lo adecuado es comenzar por el principio, por algo que sabe todo economista, por la división del trabajo y la especialización que tan bien describió A. Smith en el libro I capítulo I de la Riqueza de las Naciones: ”Tomemos como ejemplo una manufactura de poca importancia…: la de fabricar alfileres. Un obrero que no haya sido adiestrado en esa clase de tarea (convertida por virtud de la división del trabajo en un oficio nuevo) y… por más que trabaje, apenas po­dría hacer un alfiler al día, y desde luego no podría confeccionar más de veinte. Pero… hoy día la fabrica­ción de alfileres… está dividida en varios ramas…. Un obrero estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en tro­zos iguales, un cuarto hace la punta, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza: a su vez la con­fección de la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas:….. En fin, el importante trabajo de hacer un alfiler queda dividido de esta manera en unas dieci­ocho operaciones distintas…”

    Es un fragmento que por conocido y repetido oculta parte de su significado. Refleja no solo la división del trabajo y la especialización como causa y origen del correspondiente aumento de la productividad, sino que, además, apunta al surgimiento de la proliferación paulatina de empresas independientes y a la correspondiente noción del capital como rodeo de la producción posteriormente destaca por Eugen Böhm-Bawerk. Pues bien, esta manera de mirar al capital es, a mi juicio, muy adecuada para pensar la naturaleza de la riqueza financiera.

    Para verlo con claridad me apoyaré en una idea de de Donald MacKencie en un artículo de la London Review of Books del 8 de mayo del 2008 . La fábrica de alfileres y lo que en ella ocurre es un ejemplo de división del trabajo que se produce dentro de una empresa de la que alguien se ocupa sin necesidad de que haya ningún dato público más allá de la contabilidad que, visada por un juez, nos sirve más o menos bien para que cualquiera pueda acercarse al cálculo del valor de esa empresa. Un conocimiento superficial de la historia nos enseña que, más tarde, se empieza a sacar fuera de la empresa ciertas tareas de forma que el seguimiento de la actividad se hace más complicado lo que, además de acarrear sospechas sobre la contabilidad, hace surgir ciertas prácticas que acaban redundando en la generación de compañías auditoras. Dando un salto en el tiempo podemos imaginar que eventualmente llega la deslocalización internacional y la consiguiente necesidad de auditoras transnacionales a fin de conocer con cierta garantía de rigor lo que vale una empresa. Toda esta historia/ficción quiere reflejar la importancia de la naturaleza pública de la información en la formación del capital como el rodeo de la producción.

    Pues bien, esta historia es perfectamente aplicable a la especialización financiera y a la creación de la riqueza financiera pero, como se suele pensar y afirmar que lo financiero tiene una naturaleza muy distinta, añado ahora un par de ideas muy raramente mencionadas pero que me servirán para disipar esa creencia. Primera, en el desarrollo del capital real es muy fácil conocer el precio de los productos por muy larga que sea la cadena de producción resultante de la especialización pues la demanda final relevante (de trajes de novia digamos en el caso de las alfileres) establece una referencia que nos parece real y de la que se derivan los precios de todos y cada uno de los productos de la cadena a través de la competencia que, entre otras cosas, revela los precios de manera pública. Segunda, cuando el proceso del rodeo de la producción mediado por la competencia genera un producto final fácilmente estandarizable (como es el caso de las materias primas o el de las acciones de las empresas cotizadas) se crea un verdadero mercado en el sentido de que cuando uno compra o vende lo hace a través de un sitio central organizado que se compromete a hacer llegar el producto al comprador al precio fijado centralizadamente y a veces electrónicamente. De ahí que este mismo mercado pueda ser un negocio en si mismo e incluso cotizado a su vez en Bolsa. Esto último ocurre porque en ese verdadero mercado hay datos públicos que todo el mundo conoce y todos saben que todos los conocen.

    Es justamente esto último lo que va a fallar en la división del trabajo y la especialización del área financiera. A ello me refería en el las Meditaciones de agosto (Expansión 25 de agosto) cuando trataba de describir el negocio de innovación financiera que se ha dado en llamar “originar y distribuir”. Glosando a Sidney Winter describía allí la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Comienza con los brokers que venden hipotecas de manera casi free lance, continúa con el originador que pone el dinero y actúa como un dealer que pasa el contrato a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza, trocean los paquetes y distribuyen las piezas entre prestamistas que eventualmente contratan una especie de aseguramiento del riesgo de crédito, que también puede ser titulizado, sin que nadie de esta cadena haya tenido incentivo alguno a preocuparse de la naturaleza y calidad de la hipoteca original sin que haya un verdadero mercado centralizado responsable de garantizar las entregas y de fijar públicamente los precios. Todos los contratos son over the counter (OTC). Lo mismo que ocurre en la gran mayoría de los contratos “reales”

    No parece pues que haya diferencia conceptual seria entre la innovación financiera y la “productiva” excepto en un punto crucial: que en el ámbito financiero no hay traje de novia o, lo que sería equivalente, no es esperable que se cierre la cadena de valor con todos los contratos asegurados. Es esta diferencia la que hace surgir la idea de que hay un endeudamiento máximo sostenible, un límite de crédíto más allá del cual la situación es insostenible y el castillo de naipes colapsa bajo el leve peso del endeudamiento.

    Quizá, podríamos pensar, estemos ante un ejemplo de lo que se llama, en la teoría de la complejidad, autocriticidad y se ejemplifica por la imposibilidad de que la pendiente de un montón de arena de playa sobrepase un cierto valor a partir del cual se desmorona hasta recuperar la pendiente sostenible. Sin embargo en los términos analíticos utilizados hasta aquí esto no es fácilmente admisible por muy interesante que sea la teoría de la complejidad. Quedarnos satisfechos con esta explicación sería como admitir que en la naturaleza de lo financiero hay, como lo hay en la arena, algo natural e ineluctable. Es comprensible que esta explicación sea atractiva pero es insostenible en términos puramente intelectuales. De la misma manera que no vislumbramos, en general, un límite físico a la división del trabajo, tampoco deberíamos admitir sin más una longitud determinada de la cadena financiera. ¿Qué importa en efecto que el endeudamiento de una firma o de un país sea a muy largo plazo si pensamos que en cada vencimiento el negocio genera lo suficiente? Y si pensamos que eso no es así ¿qué ventaja tiene que el endeudamiento sea a corto plazo?

    Pero como los inversores no piensan de esta manera, es muy posible que estén convencidos de que el rodeo de la producción “natural” es más corto en lo financiero que en lo “real”. Sin embargo eso no es tan claro si pensamos que la globalización y de la deslocalización propician un mayor rodeo de la producción pero mucho menos controlable.

    (Publicado en Expansión el lunes 6 de septiembre)

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