Diálogo y conversación
30 dic 2012
Lo que regalo a Las Indias con mis mejores deseos para un año nuevo en el que los pies polvorientos no dejarán de caminar… en plena conversación.
Mi lectura principal en estas vacaciones hasta ahora ha sido la de Comunismo hermenéutico. De Heidegger a Marx (Herder 2012), un ensayo de Gianni Vattimo y Santiago Zabala, entre brillante y simplón y entre iluminador y decepcionante pero que sin duda tiene párrafos tan brillantes como una verdadera iluminación. Me limito a continuación a copiar uno de esos párrafos, el que se encuentra entre las páginas 40 y 41 de la sección titulada La violencia de la verdad del capítulo 1.
…circunscribir la filosofía a lo que es necesario. Esa «necesidad» no es otra cosa que el silenciamiento del otro por medio del diálogo, es decir un acto de violencia por el bien de la preservación de la verdad. Ello apunta a la diferencia entre diálogos y conversaciones. Las conversaciones, al igual que el «desocultamiento» de Heidegger, representan la ruptura del orden que los diálogos protegen, porque en el intercambio conversacional la verdad no se presupone, sino que queda descartada desde el principio. Si una conversación jamás es aquello que nosotros nos proponíamos conducir, sino una situación en la cual nos vemos inmersos a medida que se desarrolla, representa el mayor enemigo del orden del diálogo: un acontecimiento inesperado… Mientras que el conflicto inevitable que tiene lugar en una conversación remite a un anarquismo, un relativismo y una debilidad del pensamiento latentes, las imposiciones del diálogo precisan en cambio de un realismo capaz de conservar el orden político.
Lo que regalo a las Indias con mis mejores deseos para un año nuevo en el que los pies polvorientos no dejarán de caminar… en plena conversación.

Gracias Juan! Me encanta la distinción entre diálogo y conversación, me recuerda a Foucault también con las reglas del discurso, reglas que hay que romper para poder aprender algo al elaborar uno.
Ando a vueltas estos días con el «hablar franco» de nuevo y conectándolo con la imposibilidad de ese «diálogo» que no representa sino adhesión, un sustitutivo inane, meramente afectivo, de la deliberación. Por donde voy es que no hay verdadero hablar franco fuera de la comunidad real si hay miedo al conflicto. El miedo al conflicto solo se supera en lo ético cuando no necesitas el reconocimiento (aceptación/adhesión) y en lo teórico cuando pierdes toda esperanza en la existencia de una verdad universal. (Por eso la Filosofía nace de la experiencia del comercio). Es decir, solo hay hablar franco con «el ajeno» en el «politeismo»: porque no dudo la verdad de los dioses de los demás, es más, porque se que existirán mientras los otros existan, se que no puedo evadir el conflicto, que está y estará ahí. Desde ese reconocimiento y solo desde él se puede perder el temor a las consecuencias de la palabra y por tanto «hablar en verdad», hablar franco, como si estuvieras en tu propia comunidad, con otros. Y es entonces cuando la verdad entra en la política (es decir en lo intercomunitario). Pero bueno, este es otro tema