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Juan Urrutia

10 de junio de 2009

(Des)Codificación económica

Desde hace ya unos cuantos años tengo el honor de ser invitado a colaborara en la redacción de la Memoria de Ibermática, una compañía muy seria que se toma en serio la innovación.

No se trata de una memoria al uso, sino de una colección de ensayos breves relacionados con el tema del año, siempre cercano cuando se le mira bien, con la innovación.

Este año ese tema central era el de El Código de la Innovación y la Memoria incluye ensayos sobre temas previsible, como el código genético, el lenguaje de las plantas o los códigos musicales, o más inusitados, como el sistema braille. En mi caso el planteamiento no era obvio así que decidí escribir sobre (Des)Codificación económica.

Ayer asistí la presentación de esta Memoria memorable en Madrid y, además de alguna sorpresa agradable sobre la que volveré en algún momento, el hecho de que la presentación haya sido ya realizada creo que me permite compartir este brevísimo ensayo que espero, como digo, complementar mañana.

Espero que les guste.

(DES) CODIFICACÍÓN ECONÓMICA

La labor codificadora comienza no tanto con la encriptación de mensajes, sino más bien con la ordenación y clasificación de las difusas prácticas sociales en un enorme libro semisagrado que simplifica la rica realidad social de las prácticas comerciales o de las costumbres civiles o de las estilizadas penas a los delincuentes. Un código es, en principio, como una representación a brocha gorda de las prácticas sociales y que, como tal representación, las desfigura, las hace difíciles de asimilar en toda su hondura al tiempo que las configura a su vez como reglas a seguir en el eterno tejer y destejer de la urdimbre social.

¿Y qué otra cosa sería la encriptación de mensajes sino otra manera, en este caso más distorsionadora, de describir las costumbres o informaciones o imperativos? Parece que sería como un código aunque con un matiz diferenciador: la encriptación pretende ciertamente negar el acceso a su contenido a toda una clase de posibles personas presumiblemente concernidas.

Con esta distinción podemos ahora preguntarnos si la naturaleza en general y más en concreto esa parte de la naturaleza que llamamos sociedad, es un libro abierto, un código o un mensaje encriptado. Solía decirse que la naturaleza es un libro abierto; para leerlo bastaría con abrir los ojos. Se trata de una analogía nada feliz porque la mirada no basta, sino que hay que aprender a leer. Pero saber leer no es sino una manera de saber desenencriptar mensajes. Aprender a leer el libro de la sociedad es todavía más complicado. La sociedad es un libro, pero un libro cerrado. Además de querer mirar y aprender a leer hay que saber abrir el libro.

Me atrevo ahora a decir que la Economía tiene ojos para mirar y ha desarrollado una manera de leer pero, además, se ha preocupado de aprender a abrir el libro cerrado de la sociedad. Para ello ha ido elaborando parsimoniosamente diversos manuales de instrucciones que a su vez han enriquecido el propio libro que quería abrir formando así parte del código y de la encriptación. La Teoría Económica no es sino una colección de manuales de instrucciones para abrir el libro de la sociedad y para desencriptar su contenido. Pues bien, en esta colección destacan dos familias de manuales.

La primera está caracterizada por la concepción de la realidad como algo dado ahí fuera que ha de ser leído y entendido de acuerdo con los estándares cognoscitivos habituales. Se trataría de ese “erklärung” que nos permite respirar tranquilos pues lo inexplicable podría tener explicación. Pero respirar tranquilos es una cosa y comprender cabalmente es otra bien distinta que exige no solo ese esclarecimiento mínimo sino lo que se llamaría “verstehen”, es decir la apropiación del “erklärung” para hacerlo coherente con el resto de nuestros conocimientos y con el sentido del mundo que ellos revelan. Si lo conseguimos no solo respiramos tranquilizados sino que creemos haber aumentado nuestra capacidad intelectiva y constructiva.

Pues bien, esta distinción es hoy crucial para adivinar el devenir de la descodificación del libro de la sociedad, es decir, en nuestro caso, el devenir de la Economía. Podemos entregarnos al frenesí de la llamada Freackonomics tratando de encontrar una explicación para cualquier “cosa” dejándonos llevar más por la disponibilidad y riqueza de los datos que definen esa “cosa” que por la deriva ordenada del programa de investigación explícito o implícito que nos movía. O podemos ser parsimoniosos y explorar las potencialidades de dicho programa investigador en diversas direcciones eligiendo entre las realidades aquellas cuya opacidad más nos turba o que más necesitan esclarecimiento y aplicándoles las mil veces probadas herramientas conceptuales.

La crisis va a acabar planteando no solo la legitimidad del sistema capitalista, sino también la de loa manuales de instrucciones para la descodificación de la realidad social. Nada más y nada menos que el problema de la legitimidad de una u otra manera de pensar y consecuentemente de una educación profesional u otra.

Resulta, además y para terminar, que como nuestros manuales de instrucciones no son sino parte de la realidad social a explicar, la desencriptación del código que incorpora nuestra sabiduría económica no tiene más remedio que medirse con cualquier otra y consigo misma generando así una recursión infinita que no nunca alcanzará la clave de la comprensión del libro de la sociedad. Un ejemplo éste que evidencia que, en Economía, todo código siempre contendrá un secreto último y que toda maquinaria descodificadora será siempre falible.

1 comentario a “(Des)Codificación económica”

1 Trackback/Pingback

  1. Juan Urrutia 4.0 » Mesmerizado

    [...] Ayer, al hablar de la presentación de la Memoria de Ibermática y postear mi aportación a ella, decía lo siguiente Resulta, además y para terminar, que como nuestros manuales de instrucciones no son sino parte de la realidad social a explicar, la desencriptación del código que incorpora nuestra sabiduría económica no tiene más remedio que medirse con cualquier otra y consigo misma generando así una recursión infinita que no nunca alcanzará la clave de la comprensión del libro de la sociedad. Un ejemplo éste que evidencia que, en Economía, todo código siempre contendrá un secreto último y que toda maquinaria descodificadora será siempre falible. [...]

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    1. Juan Urrutia Juan Urrutia

      Transparencia total

      El post de Versus de hace ya unos días me hizo ponerme de buen humor por las razones equivocadas. Volvía de Londres y me había llamdo la atención la cantidad de carteles de la CCTV que había en edificios, calles e incluso taxis. Pensé en su libro en la colección Planta 29 y me encantó encontrarme con su post. Pero luego me entraron ganas de declararme totalmente transparente, exigir una mayor vigilancia de mis ctividades como esos violadores que exigen la castración química y declarar a los que defienden la privacidad como sujetos sometidos a prejuicios pequeñoburgueses (¡qué bonita palabra ésta!). Pensé que si “ellos” pudieran ver mis pensamientos pondrían mi cabeza en la guillotina tal como dice el gran Dylan:And if my thought-dreams could be seen/They’d probably put my head in a guillotine/But it’s alright, Ma, it’s life, and life only.

    2. David de Ugarte David de Ugarte

      Feministas subvencionadas

      Dicen en el boletín de los cooperativistas residentes del territorio gestionado por el estado español ;) que “el llegar al poder en las cooperativas supone para las mujeres el poder de controlar sus propias vidas“. Me fascina la lógica bajo la expresión “llegar al poder“. Soy socio de una cooperativa que no factura mal, no soy miembro del consejo social ni administrador. Pero la cooperativa, nuestra cooperativa, sirve para enfrentar sin delegaciones el mercado y por tanto para tomar el control de mi propia vida en un aspecto fundamental. Es la democracia económica la que nos lo permite. A todos. Pensar que hace falta “llegar al poder” para eso es mentalidad de profesional del trepaje político. Esos que nunca pueden hablar claro por no hipotecar alianzas futuras. Lógica de subvencionado (y subvencionada, que son por lo visto dos comunidades separadas y no un neutro colectivo). En fin, qué coraje me da que estos mensajes reaccionarios, propios de los que viven del cuento a costa de impuestos y cuotas de todos, se manden desde nada que lleve el sello cooperativo.

    3. David de Ugarte David de Ugarte

      Toto, we are not 2.0 anymore

      Adiós twitter! Adiós facebook! Diría hoy Dorothy saliendo del país del 2.0. Sherlock marca el camino a base de blogs y de aquellos viejos foros que algún tonto alguna vez dijo habían pasado de moda. Pero, claro es que no eran una moda, de hecho hay cosas importantes y hay modas. Y conviene no olvidarlo. Aunque sea como balance del curso que se cierra.

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    Austeridad o exuberancia (Expansión, 6/07)

    Cuando hace dos años escasos presenté El Capitalismo que Viene ( Ediciones El Cobre , octubre 2008) me encontré en una situación embarazosa. En ese libro yo trataba de hacerme cargo de a dónde nos dirigíamos cabalgando la llamada Gran Moderación pero asaltados por tres factores imprecisos y difíciles de calibrar. La globalización ensanchaba los mercados y debilitaba la importancia de los estados nacionales, la sociedad de la información hacía disminuir drásticamente la ratio entre peso de la producción y valor de la misma y las TIC ( Tecnologías de la Informacion y de la Comunicación) disminuían significativamente los costes de transacción. Quería saber cómo estos tres factores influirían en las instituciones básicas de un sistema económico capitalista, el agente individual, la empresa y el estado, de manera que pudiéramos hacernos una idea de las nuevas formas de convivencia económica que podrían, pensaba yo, pasar de formas reguladas por el poder a formas autosostenidas y basadas en la fraternidad.

    Pero, para mi descolocación, en el momento en que el libro se presentó la crisis que no quería decir su nombre ya estaba servida y sabíamos de qué iba. No se trataba ya del inmediatamente anterior incremento de los precio de petróleo, materias primas o alimentos, sino que ya estaba claro que, cualquiera que fuera su origen, lo que ocurría era que la demanda agregada se desplomaba por una caída en la riqueza financiera originada por la repentina falta de confianza de unos bancos en otros al saberse todos víctimas de una innovación financiera que, aunque en principio creaba mercados y repartía riesgos, no había llegado a hacerlo de manera que pudiera pensarse como completa sino que dejaba abiertas posibilidades de fracaso que en, cuanto fueron sospechadas o intuidas por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, se materializaron. No es de extrañar por lo tanto que la visión futurista de mi libro me pareciera inoportuna y su exposición embarazosa. Sin embargo, entonces y ahora, estaba y estoy, empeñado en entender cómo deberían modificarse mis visiones a la luz de lo que se llamó la Gran Recesión. Y para mi sorpresa, resulta que esas visiones eran bastante acertadas.

    Lo primero que yo había aprendido de mis elucubraciones era que la política estabilizadora era imposible en un capitalismo como el que apuntaba, que no había más remedio que admitir que cualquier política que pretendiera la estabilidad del sistema estaba destinada a tener consecuencias imprevisibles (ver Expansión, 3 de marzo del 2009).Esta implicación de mi análisis, que estaba basada en la idea de la imposibilidad técnica del commitment y de la dudosa estabilidad de cualquier regla en un mundo cada día más globalizado, sigue siendo cierta y de ello tenemos un ejemplo cercano. Habiendo roto el compromiso del PEC (Pacto de Estabilidad y Crecimiento ) ya fuera mediante un política monetaria poco ortodoxa o mediante una política fiscal que rompía los acuerdos de ese PEC diseñado en Maastricht, nos encontramos con la consecuencia imprevista y ciertamente no deseada, de que, en la resaca del gran gasto público que por razones automáticas relacionadas con el paro o por razones de sostenimiento de la demanda agregada había que realizar, el endeudamiento del sistema había aumentado significativamente hasta el punto de que quizá alguna economía específica (¿Grecia?) estaría ya cerca a ese punto fatídico en el que hay que pedir prestado para el pago, no ya del principal, sino de los intereses de la deuda emitida hace años. Por lo tanto mi análisis parecería estar estar en línea con lo que ha estado ocurriendo desde mayo a pesar del aparente contraste en el tono.

    Pero es que, además, en esta poscrisis en la que nos encontramos, y que pone en juego el mismísimo euro, se plantea otra aparente diferencia entre mis elucubraciones y los ramalazos de la Gran Recesión. En efecto, la actitud exuberante y el glamour de los nuevos ricos que surgían gracias a la rotación de las élites que propiciaba el capitalismo que había tratado de entender, se ha trocado en una apelación desesperada a la austeridad. Lo que estéticamente nos parecía atractivo durante los años de Gran Moderación en los que el mundo crecía a tasas inusitadas nos pareció de pronto hortera y volvimos a apreciar como atractiva la austeridad en la forma de vida. Confundimos la estética con la ética y comenzamos a escuchar los cánticos de exaltación de los valores de siempre que habrían sido traicionados por la avaricia y la idolatría del dinero. Tendríamos que volver al amor al trabajo, a un mundo considerado con las generaciones por venir y sostenible. Curiosamente la concepción que subyace a esta palinodia se parece mucho a la descripción que hace Marx (en La Ideología Alemana) del comunismo una vez realizado : “…en todas las sociedades anteriores (el hombre ha sido) cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida; …. la sociedad comunista…. hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.”

    Y esta actitud que, arguyo, es la que hoy prevalece aunque nadie se acuerde de la cita, me da pie para perfilar la segunda posible diferencia entre lo que escribí con ánimo prospectivo-teórico y lo que está ocurriendo como segunda fase de la Gran Recesión. Nos encontramos pues con dos vía posibles hacia el mundo que viene. O la austeridad franciscana hermanada con el mundo animal y natural o la exuberancia asociada a un mundo cada vez más artificial que, no sujeto a leyes naturales, progresa sobre la base de la desolidificación de la producción. Y, sin embargo, creo que ambos caminos nos llevan en el límite a una forma en cierto sentido similar. En el paraíso comunista no hay explotación y todo el mundo puede obtener, de acuerdo con las fuerzas productivas, aquello que verdaderamente desea y no eso que no tenemos más remedio que procurar obtener a base del esfuerzo. Pues bien, mi manera de entender por dónde iban a ir los agentes individuales, las empresas y el estado en un capitalismo que apuntaba, se parece mucho a la escatología comunista. Es realmente extraña la semejanza en lo que se refiere a la capacidad que tendrá el agente individual de ser muchas cosas a la vez, de convertirse en lo que más tarde llamé el pluriespecialista, un oximoron al que me atengo. La ventaja comparativa y la especialización ya no son necesarias en el límite del capitalismo que viene porque ya se ha vencido la necesidad que subyacía a la escasez. En un mundo global en donde el valor añadido bruto es cada vez menos tangible y en donde reinan las TIC, la escasez no es algo tan inmediato y ante la fuerza de la competencia entre los que se han apropiado de las rentas generadas en buena parte por la regulación, éstas-las rentas -se disipan de manera que cada uno obtiene justamente su coste de oportunidad y éste resulta ser muy parecido cualquiera que sea la actividad a la que uno se dedique.

    La única diferencia entre el paraíso comunista en que se miraba Marx y el límite del Capitalismo que Viene es que, en aquella historia, cada uno se podía relajar sin deseo alguno de prosperar mientras que en este otro mundo del capitalismo regido por una competencia generalizada cada uno se hace con su coste de oportunidad porque no puede mantener las rentas de las que le gustaría apropiarse para siempre justamente por la competencia generalizada. Aparentemente en ambos mundos se pesca por la mañana… etc., pero en uno es para siempre y nadie se preocupa de garantizarlo mientras que en el otro mundo esta pluriespecialidad en el disfrute es posible porque la lucha competencial es encarnizada en todos los ámbitos. En el mundo de la ucronía marxista la austeridad existe porque ya se ha llegado a lo que se podría llegar siguiendo la ambición del que persigue la riqueza. En el mundo del horizonte del capitalismo la austeridad existe porque nadie puede permitirse la exuberancia durante mucho tiempo ya que será desplazado por el más austero.

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