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¿ De qué viven los indianos?

Fue el viernes 18 en la facultad de filosofía de la UAM. David de Ugarte cerraba el curso sobre Dinámicas del Sujeto Conectado con una ponencia que ya ha sido comentada por él mismo y que revelaba las actuales motivaciones intelectueles de Las Indias tambien reflejadas en el editorial navideño de Natalia.

En el coloquio, sin embargo, quedó claro que el interés de la audiencia estaba centrado no tanto en ontología o en la pluralidad del yo frente a la pluralidad-yo, sino sobre la forma en la que una comunidad con empresas se gana la vida profesando las ideas que allí se expusieron.»De qué viven los indianos?» fue, de entre las preguntas que se hicieron, la que yo anoté en mi cuaderno. Y me contesté de inmediato:»De regalar ideas geniales».

Y pensé que no es fácil comprender esta contestación a no ser que uno esté al tanto de la lógica de la abundancia. Ante una idea genial el cliente, creyéndose muy avispado, se la apropia para inmediatamente darse cuenta que no sabe lo que hacer on ella. Este no sería el caso si lo regalado fuera tangible, o no sería el mismo caso; pero en cuanto imaginamos un bien intangible, como una idea, entramos en esa dinámica tan curiosa que comienza con el regalo de esa idea.

El «cliente» acaba admitiendo que para que la idea genial le sea útil es necesario deasarrollarla, cosa que parece fácil hasta que intenta hacerlo. Entonces se da cuenta de que necesita algo más y acude otra vez a Las Insias de las que recibe inmediatamente ota idea genial que, sin embargo, no soluciona su problema por la misma razón que la primera. En la ronda N este «cliente», con vocación de eprovechado adquirida en el mundo de la escasez, ya no tiene más remedio que solicitar formalmente los servicios de consultoría de las Indias que para ese momento ya son muy caros. Empezaron en X y ahora valen X elevado a N.

Claro que puede ocurrir que el «cliente» sea realmente avispado en cuyo caso deja de ser un cliente y pasa a sr un amigo de Las Indias y, a veces, un indiano él mismo. Y desde luego que hay otros muchos contactos fallidos en los que este presunto «cliente» cree no poder servirse de las primeras ideas regaladas y deja su contacto con estos consultores indianos que, mira por dónde, se sienten aliviados pues es imposible ayudar a a la gente que no entiende la genialidad de las ideas.

No le den más vueltas a cómo viven los indianos. Es que son ricos por casa y nunca mejor dicho.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.