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Juan Urrutia

20 de mayo de 2009

De las Naciones a las Redes

Ayer tuvo lugar, por fin, la presentación del libro de la colección Planta 29 De las Naciones a las Redes. Como estoy seguro de que hoy mismo la Red reflejará el éxito de la covocatoria, la magnífica intervención del prologuista Iosu Jon Imaz y los comenatrios de dos de los autores, me limito aquí a aportar la versión escrita de lo que dije, de forma más reducida, como moderador.

0. Pórtico

Queridos amigos. Muchas gracias por acudir a esta presentación que es muy importante para la colección Planta 29.

Me corresponde la moderación de esta presentación representando a Las Indias, un partner del proyecto editorial en el que este libro se inscribe. Lo acepto encantado aunque precavido y temerosos pues ya se intuye que con este presentador y prologuista tan serio y estos autores, hermanos jóvenes míos y tan frikis, es muy posible que se necesite una mano más férrea que la mía para guardar el orden.

Comienzo de una manera poco convencional recitando mi poemario total consistente en dos grandes poemas cortos. Enseguida verán porqué.

La primera poesía dice:

“Bon Azur! Ente grito de guerra y manifiesto poético”

La segunda poesía es más larga:

“Jamás el tiempo hará en mi su maldita obra ni dejaré que las tareas del oficio empañen mi visión de águila”.

Estas dos herramientas poéticas resultan ser adecuadas como pórtico a la presentación de este libro de Ugartana (Ugarte, Gómez, Arnau y Quintana) puesto que De las Naciones a las Redes tiene algo de manifiesto poético y de grito de guerra y porque su significado no escapará a mi visión de águila ( en el improbable caso que escapara a la mirada del Prologuista) aunque, claro está, tampoco escapará a las tareas de mi oficio que han acabado cincelando en mí una actitud crítica propia de un señor mayor muy cascarrabias.

1. Quién es Ugartana

Empiezo por presentarles a Ugartana. Que no les confunda el nombre: no se trata de un hombre santo o de un guru. Ugartana es un hacker y esto ya dice mucho.

David de Ugarte nos comentaba en su blog, como hace un mes, cuales eran los rasgos principales de un hacker según Eric Raymond ( el de El Bazar y la Catedral) quien los caracterizaba en el 2005. Pues bien yo descubrí al embozado hacker ya en el 2003 a través de la observación directa. Y entre maravillado, envidioso y enfadado escribí una antropología del hacker, mucho más extensa que mi poemario y de la que destaco algunos párrafos arreglados

Para empezar diré que en el hacker se pone en entredicho por primera vez la separación teoríco-económica entre productor y consumidor. Un hacker es, en principio, un usuario privilegiado y experimentado de internet que explora un territorio nuevo lo mismo que los pioneros exploraban la frontera del farwest. Pero esa exploración les lleva a convertirse en productores ya que, en su exploración, rompen los códigos cerrados (como el cowboy derriba las vallas de alambre de espino erigidas por los agricultores), elaboran nuevo código e insisten en que éste está disponible para todos. Es decir son productores de código abierto además de usuarios.

(Entre paréntesis, Timothy Garton Ash nos daba en El País una pincelada de los valores que definen a una u otra faceta de los hackers aunque él no se refiere a éstos: “la faceta productiva se basa en que las personas se rijan por valores como el esfuerzo, la puntualidad, la disciplina y la voluntad de aceptar una gratificación aplazada. En cambio, la faceta consumidora se basa en que sean expansivas y dadas a permitirse caprichos, buscar el placer y vivir el momento”. Lo interesante de esta distinción es que hoy se puede aceptar la gratificación aplazada y simultáneamente vivir el momento. Y esta mezcla es muy de un hacker)

Poniéndome más técnico diría que un hacker es un experto en el manejo de internet, un usuario- productor que parece vehicular algunos valores que voy a tratar de destilar de las características personales de mis hackers favoritos y de algunas de las pocas publicaciones que existen al respecto. He aquí esos valores.

1. La libertad es, sin ningún género de dudas, su valor primordial y es para un hacker más importante que la felicidad: jamás admitirán una solución informática, aunque sea perfecta, si no pueden observar sus interioridades y manipularla.

2. No creen en los excesos de los derechos de propiedad intelectual (más allá del reconocimiento de autoría que reivindican con fuerza) y están dispuestos a compartir sus soluciones o sus creaciones para sentirse así como parte de una aventura colectiva en pos de la tierra de la abundancia en donde ya no importa la propiedad privada sino que sólo importa el acceso a las cosas buenas de la vida.

3. A pesar de que se sienten hoy por hoy parte de un movimiento cultural que va más allá de las TIC, su individualismo y su orgullo de autor son proverbiales, de forma que sólo responden a incentivos intelectuales asociados al reconocimiento de su inteligencia creadora contribuyendo, de esta manera, al mantenimiento de la diversidad dentro de ese movimiento cultural amplio.

4. Su racionalidad no es la funcional, sino que muestran rasgos importantes de racionalidad expresiva al ser una de sus máximas aspiraciones la de ser reconocidos como hackers.

5. Como son a la vez usuarios y productores saben que la identidad es algo muy real con lo que se puede jugar, aunque no gratis, y no tienen más remedio que afrontar lealtades múltiples.

6. Esto último hace de ellos seres contradictorios que se mueven a impulsos y mediante proyectos concretos al servicio de causas diversas a las que sirven con una u otra de sus lealtades o de sus identidades.

7. Es justamente su doble condición de usuario y productor, además de la intangibilidad de su producto, lo que justifica su aversión al trabajo asalariado.

Es muy esclarecedor comprender cómo trabajan los hackers y deducir las consecuencias de esa manera de trabajar. Los hackers trabajan en red, es decir no están sujetos a ninguna jerarquía ni poseen un centro de referencia. Podríamos decir, siguiendo la terminología de Deleuze y Guatari, que conforman la figura postmoderna del rizoma que se opone a, y contrasta con, la figura moderna del árbol ya estemos hablando de ciencia, de tecnología o de relaciones industriales. Ahora bien, esa forma de trabajar tiene consecuencias importantísimas.

i) Como no tienen más remedio que reconocer su doble personalidad de usuarios y de productores, los hackers resultan ser los personajes adecuados para potenciar en la red la formación de otras redes identitarias no centradas en aspectos técnicos sino referenciados a cualquier rasgo común. Es decir son los netweavers ( o tejedores de redes) ideales.

ii) Esta proliferación de redes solapadas (ya que cada ciudadano puede pertenecer a varias) ensancha y completa los mercados lo que puede y debe traer consigo un incremento importante de la productividad.

iii) La última consecuencia de la manera en que trabajan los hackers es que el tejer y destejer de redes identitarias (el netweaving) va a acelerarse. En efecto, de acuerdo con Akerlof y Kranton, la permanencia de una identidad depende de los valores de unos parámetros que reflejan tanto el coste de separase de la comunidad como el castigo que hay que cumplir para reintegrarse en ella. Lo que la capacidad de tejer redes de los hackers va a traer consigo es un cambio en el valor de esos parámetros en la dirección de facilitar su formación y su liquidación. Algunas redes permanecerán bastante tiempo impulsadas por un efecto-red significativo; pero otras redes, y en última instancia todas ellas, acabarán deshaciéndose. En estas condiciones se facilita la formación temporal de teams productivos temporales que producirán esos nuevos bienes que mantienen al sistema económico mediante la destrucción creativa.

En resumen quizá poco afortunado, un hacker es como el pirata de Sabina cuya vida el poeta elegiría entre todas las posibles: “La del pirata cojo, con pata de palo, con cara de malo, con parche en el ojo”. Solo tienen de malo la cara, luego son leales a los miembros de su comunidad; pero derrotan como los toros peligrosos quizá porque son cojos o solo ven por un ojo; pero sí son piratas como el corsario negro enamorado de Yolanda y condenado a vagar por el mundo por un pecado original cometido en el Piamonte.

2.Qué dice Ugartana

Sí, Ugartana es un hacker y como les acabo de decir eso no es broma; pero ahora déjenme decirles lo que dice el libro. He aquí mi párrafo favorito:

La nación fue la comunidad que imaginamos para explicar las relaciones sociales que nos envolvían cuando el mercado creció más allá de lo local, la comunidad que imaginamos para dar marco a una vida que se ramificaba en el territorio, trayéndonos el mercado a cada aspecto de la cotidianidad. No fue fácil renunciar a la identidad tradicional, basada en la familia y la religión, que agrupaba sólo a personas cuyos nombres conocíamos en espacios que conocíamos palmo a palmo. Por eso la nación tardó siglos en madurar hasta parecer que siempre había estado ahí. Pero hoy las nuevas venecias corporativas y sus nacientes espacios virtuales seguramente expliquen mejor y de forma más tangible, más personal, menos abstracta, más cercana a una comunidad real, la vida de centenares de miles de personas que se mueven por las grandes enredaderas comerciales y financieras del mundo.

Subrayemos las afirmaciones centrales: 1. Se trata de comunidades, hablamos de ellas; 2. La nación es imaginada y corresponde a un cierto desarrollo de las relaciones de producción y a un tamaño del mercado; 3. nunca superó del todo a otras relaciones anteriores relacionadas con formas productivas menos desarrolladas y de ámbito menor; 4. Las nuevas formas de convivencia correspondientes a redes virtuales conforman una comunidad más real que, paradójicamente corresponde a un mercado global y 5. Estamos hablando de “centenares de miles de personas que se mueven por las grandes enredaderas comerciales y finacieras”.

Pues bien Ugartana pretende, desde la osadía del hacker jóven e hijo de padres del 68, convencernos de que ahora sí, ahora no hay imaginario, las redes forman parte de la realidad, no son un mito. Pero al mismo tiempo, uno de los componentes de Ugartana nos explica en su blog las formas y las ventajas de los mitos así como los rudimentos de la Mitopiesis.

En qué medida esta forma de enfrentarse a las redes es afín a, o peligrosa para, el nacionalismo no estatal (o para el estatal) es algo que dejo para el Dr. Imaz en la seguridad que es da las pocas personas que yo conozco que puede abordar esa pregunta sin a prioris irrelevantes.

3. El discurso de Ugartana

Lo que dicen importa porque son visionarios y/ creadores de mitos y/o poetas; pero cómo lo dicen revela algunas singularidades del hacker. Quizá sin saberlo contradicen a Foucault en su discurso de ingreso en el College de France y relativo precisamente al orden del discurso, orden conformado por tres tipos de dispositivos de control de ese discurso.
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El eje hoy de los dispositivos de exclusión es la voluntad de verdad desde la que se mira tanto la prohibición de algunos temas tabú como el rechazo a lo incomprensible cercano a la locura. Ni el deseo ni el poder son temas que hoy nadie se atreva a tocar si no es con la coartada de la voluntad de verdad. Pues bien no hay voluntad de verdad en Ugartana y, en él, la voluntad de poder es manifiesta.

Los dispositivos de la ordenación son internos al propio discurso y dependen de lo que Foucault llama disciplina en el sentido con que nuestros juristas usan esa expresión . Es la disciplina la que disciplina, la que circunda y delimita el horizonte del discurso, la que con los métodos acumulados como recetas de cocina compone una maquinaria, la única maquinaria para continuar desarrollando el discurso que aulla sus necesidades de ser alimentado. Pues bien Ugartana tiene vocación de crear un discurso pleno fuera o a contrapelo de cualquier disciplina.

Los dispositivos de la acreditación pues están totalmente unidos a los de exclusión y ordenación, a la voluntad de verdad y a la disciplina. Lo crucial para estar acreditado para hacer uso de la palabra es la pertenencia a una secta que se somete a un ritual y una doctrina. No hay secta aceptable para Ugartana que no sea la propia.

4. Fin: un libro cojo y un mito en formación

El hacker Ugartana, rompiendo el orden del discurso, ha escrito un libro- o más bien inicia un mito- que todavía resulta cojo por dos razones.

El mito es todavía cojo en primer lugar porque no está claro que las redes correspondan necesariamente a un modo de producción posmoderno. Lo sugieren pero no lo cuentan con la claridad que podrían haber exhibido. Y no lo hacen porque tienen prisa ya que hacen muchas cosas a la vez: son pluriespecialistas aunque esa expresión les parezca un oximoron (palabra anglo que utilizo por fastidiarles y hacer emerger sus fobias)

Y el libro cojea también porque a sus autores les falta probar o sugerir la escalabilidad de las redes especialmente cuando éstas adolecen de una preocupante falta de estabilidad. Pero me consta que están en ello y como siempre no solo en la teoría sino en la práctica.

Déjenme terminar diciendo que Ugartana, como todo hacker no es muy confiable, que no es consciente de que rompiendo el control del discurso se aliena a la sociedad bien pensante y que, sin embargo, lo que tiene este libro que ha escrito es que es genial.

Yo les apremio a leer este libro de Ugartana, e incluso a comprarlo, aunque ya saben que, a pesar de la nueva ministra, nadie nos puede privar del derecho a descargarlo gratis.

5 Comentarios a “De las Naciones a las Redes”

  1. Carlos Boyle

    Impecable y hermoso texto.

  2. David de Ugarte

    Juan, la verdad es que fue una maravilla y personalmente disfruté como un enano con tu presentación. Gracias! De verdad, muchísimas gracias!

  3. Juan Urrutia

    Me alegro que gustara pues, en realidad, es un esfuerzo doloroso por entender tanto el libro como una nueva cultura o frma de vivir valinete que a muchos se nos escapa. O eso tememos.

2 Trackbacks/Pingbacks

  1. Juan Urrutia 4.0 » Una boda

    [...] esta pintoresca y acertadísima descripción. Me pregunto si esas tres fases no están también en mi texto de presentación de De las Naciones a las Redes (0 [...]

  2. » De las Naciones a las Redes Planeta

    [...] Josu Jon Imaz, prologuista del libro, y dos de los autores, Arnau Fuentes y David de Ugarte. La intervención de Juan, como siempre espléndida, remarcó la influencia de la tradición hacker de los autores en el [...]

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    1. Juan Urrutia Juan Urrutia

      Transparencia total

      El post de Versus de hace ya unos días me hizo ponerme de buen humor por las razones equivocadas. Volvía de Londres y me había llamdo la atención la cantidad de carteles de la CCTV que había en edificios, calles e incluso taxis. Pensé en su libro en la colección Planta 29 y me encantó encontrarme con su post. Pero luego me entraron ganas de declararme totalmente transparente, exigir una mayor vigilancia de mis ctividades como esos violadores que exigen la castración química y declarar a los que defienden la privacidad como sujetos sometidos a prejuicios pequeñoburgueses (¡qué bonita palabra ésta!). Pensé que si “ellos” pudieran ver mis pensamientos pondrían mi cabeza en la guillotina tal como dice el gran Dylan:And if my thought-dreams could be seen/They’d probably put my head in a guillotine/But it’s alright, Ma, it’s life, and life only.

    2. David de Ugarte David de Ugarte

      Feministas subvencionadas

      Dicen en el boletín de los cooperativistas residentes del territorio gestionado por el estado español ;) que “el llegar al poder en las cooperativas supone para las mujeres el poder de controlar sus propias vidas“. Me fascina la lógica bajo la expresión “llegar al poder“. Soy socio de una cooperativa que no factura mal, no soy miembro del consejo social ni administrador. Pero la cooperativa, nuestra cooperativa, sirve para enfrentar sin delegaciones el mercado y por tanto para tomar el control de mi propia vida en un aspecto fundamental. Es la democracia económica la que nos lo permite. A todos. Pensar que hace falta “llegar al poder” para eso es mentalidad de profesional del trepaje político. Esos que nunca pueden hablar claro por no hipotecar alianzas futuras. Lógica de subvencionado (y subvencionada, que son por lo visto dos comunidades separadas y no un neutro colectivo). En fin, qué coraje me da que estos mensajes reaccionarios, propios de los que viven del cuento a costa de impuestos y cuotas de todos, se manden desde nada que lleve el sello cooperativo.

    3. David de Ugarte David de Ugarte

      Toto, we are not 2.0 anymore

      Adiós twitter! Adiós facebook! Diría hoy Dorothy saliendo del país del 2.0. Sherlock marca el camino a base de blogs y de aquellos viejos foros que algún tonto alguna vez dijo habían pasado de moda. Pero, claro es que no eran una moda, de hecho hay cosas importantes y hay modas. Y conviene no olvidarlo. Aunque sea como balance del curso que se cierra.

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    Austeridad o exuberancia (Expansión, 6/07)

    Cuando hace dos años escasos presenté El Capitalismo que Viene ( Ediciones El Cobre , octubre 2008) me encontré en una situación embarazosa. En ese libro yo trataba de hacerme cargo de a dónde nos dirigíamos cabalgando la llamada Gran Moderación pero asaltados por tres factores imprecisos y difíciles de calibrar. La globalización ensanchaba los mercados y debilitaba la importancia de los estados nacionales, la sociedad de la información hacía disminuir drásticamente la ratio entre peso de la producción y valor de la misma y las TIC ( Tecnologías de la Informacion y de la Comunicación) disminuían significativamente los costes de transacción. Quería saber cómo estos tres factores influirían en las instituciones básicas de un sistema económico capitalista, el agente individual, la empresa y el estado, de manera que pudiéramos hacernos una idea de las nuevas formas de convivencia económica que podrían, pensaba yo, pasar de formas reguladas por el poder a formas autosostenidas y basadas en la fraternidad.

    Pero, para mi descolocación, en el momento en que el libro se presentó la crisis que no quería decir su nombre ya estaba servida y sabíamos de qué iba. No se trataba ya del inmediatamente anterior incremento de los precio de petróleo, materias primas o alimentos, sino que ya estaba claro que, cualquiera que fuera su origen, lo que ocurría era que la demanda agregada se desplomaba por una caída en la riqueza financiera originada por la repentina falta de confianza de unos bancos en otros al saberse todos víctimas de una innovación financiera que, aunque en principio creaba mercados y repartía riesgos, no había llegado a hacerlo de manera que pudiera pensarse como completa sino que dejaba abiertas posibilidades de fracaso que en, cuanto fueron sospechadas o intuidas por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, se materializaron. No es de extrañar por lo tanto que la visión futurista de mi libro me pareciera inoportuna y su exposición embarazosa. Sin embargo, entonces y ahora, estaba y estoy, empeñado en entender cómo deberían modificarse mis visiones a la luz de lo que se llamó la Gran Recesión. Y para mi sorpresa, resulta que esas visiones eran bastante acertadas.

    Lo primero que yo había aprendido de mis elucubraciones era que la política estabilizadora era imposible en un capitalismo como el que apuntaba, que no había más remedio que admitir que cualquier política que pretendiera la estabilidad del sistema estaba destinada a tener consecuencias imprevisibles (ver Expansión, 3 de marzo del 2009).Esta implicación de mi análisis, que estaba basada en la idea de la imposibilidad técnica del commitment y de la dudosa estabilidad de cualquier regla en un mundo cada día más globalizado, sigue siendo cierta y de ello tenemos un ejemplo cercano. Habiendo roto el compromiso del PEC (Pacto de Estabilidad y Crecimiento ) ya fuera mediante un política monetaria poco ortodoxa o mediante una política fiscal que rompía los acuerdos de ese PEC diseñado en Maastricht, nos encontramos con la consecuencia imprevista y ciertamente no deseada, de que, en la resaca del gran gasto público que por razones automáticas relacionadas con el paro o por razones de sostenimiento de la demanda agregada había que realizar, el endeudamiento del sistema había aumentado significativamente hasta el punto de que quizá alguna economía específica (¿Grecia?) estaría ya cerca a ese punto fatídico en el que hay que pedir prestado para el pago, no ya del principal, sino de los intereses de la deuda emitida hace años. Por lo tanto mi análisis parecería estar estar en línea con lo que ha estado ocurriendo desde mayo a pesar del aparente contraste en el tono.

    Pero es que, además, en esta poscrisis en la que nos encontramos, y que pone en juego el mismísimo euro, se plantea otra aparente diferencia entre mis elucubraciones y los ramalazos de la Gran Recesión. En efecto, la actitud exuberante y el glamour de los nuevos ricos que surgían gracias a la rotación de las élites que propiciaba el capitalismo que había tratado de entender, se ha trocado en una apelación desesperada a la austeridad. Lo que estéticamente nos parecía atractivo durante los años de Gran Moderación en los que el mundo crecía a tasas inusitadas nos pareció de pronto hortera y volvimos a apreciar como atractiva la austeridad en la forma de vida. Confundimos la estética con la ética y comenzamos a escuchar los cánticos de exaltación de los valores de siempre que habrían sido traicionados por la avaricia y la idolatría del dinero. Tendríamos que volver al amor al trabajo, a un mundo considerado con las generaciones por venir y sostenible. Curiosamente la concepción que subyace a esta palinodia se parece mucho a la descripción que hace Marx (en La Ideología Alemana) del comunismo una vez realizado : “…en todas las sociedades anteriores (el hombre ha sido) cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguirlo siendo, si no quiere verse privado de los medios de vida; …. la sociedad comunista…. hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.”

    Y esta actitud que, arguyo, es la que hoy prevalece aunque nadie se acuerde de la cita, me da pie para perfilar la segunda posible diferencia entre lo que escribí con ánimo prospectivo-teórico y lo que está ocurriendo como segunda fase de la Gran Recesión. Nos encontramos pues con dos vía posibles hacia el mundo que viene. O la austeridad franciscana hermanada con el mundo animal y natural o la exuberancia asociada a un mundo cada vez más artificial que, no sujeto a leyes naturales, progresa sobre la base de la desolidificación de la producción. Y, sin embargo, creo que ambos caminos nos llevan en el límite a una forma en cierto sentido similar. En el paraíso comunista no hay explotación y todo el mundo puede obtener, de acuerdo con las fuerzas productivas, aquello que verdaderamente desea y no eso que no tenemos más remedio que procurar obtener a base del esfuerzo. Pues bien, mi manera de entender por dónde iban a ir los agentes individuales, las empresas y el estado en un capitalismo que apuntaba, se parece mucho a la escatología comunista. Es realmente extraña la semejanza en lo que se refiere a la capacidad que tendrá el agente individual de ser muchas cosas a la vez, de convertirse en lo que más tarde llamé el pluriespecialista, un oximoron al que me atengo. La ventaja comparativa y la especialización ya no son necesarias en el límite del capitalismo que viene porque ya se ha vencido la necesidad que subyacía a la escasez. En un mundo global en donde el valor añadido bruto es cada vez menos tangible y en donde reinan las TIC, la escasez no es algo tan inmediato y ante la fuerza de la competencia entre los que se han apropiado de las rentas generadas en buena parte por la regulación, éstas-las rentas -se disipan de manera que cada uno obtiene justamente su coste de oportunidad y éste resulta ser muy parecido cualquiera que sea la actividad a la que uno se dedique.

    La única diferencia entre el paraíso comunista en que se miraba Marx y el límite del Capitalismo que Viene es que, en aquella historia, cada uno se podía relajar sin deseo alguno de prosperar mientras que en este otro mundo del capitalismo regido por una competencia generalizada cada uno se hace con su coste de oportunidad porque no puede mantener las rentas de las que le gustaría apropiarse para siempre justamente por la competencia generalizada. Aparentemente en ambos mundos se pesca por la mañana… etc., pero en uno es para siempre y nadie se preocupa de garantizarlo mientras que en el otro mundo esta pluriespecialidad en el disfrute es posible porque la lucha competencial es encarnizada en todos los ámbitos. En el mundo de la ucronía marxista la austeridad existe porque ya se ha llegado a lo que se podría llegar siguiendo la ambición del que persigue la riqueza. En el mundo del horizonte del capitalismo la austeridad existe porque nadie puede permitirse la exuberancia durante mucho tiempo ya que será desplazado por el más austero.

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