Iluminaciones VI: Cuento breve

El otro día en el metro oí dos frases que, a pesar de su simplicidad, me impresionaron tanto que se me quedaron grabadas. Decía la voz de un jóven maduro, dirigiéndose a otro que yo no podía ver ni siquiera en el espejo del cristal de la ventanilla:

«si en vez de dedicarte a cosas importantes pero sin interés, te dedicaras a cosas interesantes sin importancia, habrías leído mi post de hoy…

Y en ese punto se paró el metro y el jóven maduro pareció haber abandonado el vagón. A toda prisa y en el último segundo entró en él atropelladamente un anciano calvo que aparentemente siguió la conversación con la sombra invisible:

…me asobra que despuésde 42 años de matrimonio mi mujer me empiece a caer bien…

Algo se movío en el vagón y vislumbré la sombra hasta entonces invisible. Una imagen en el espejo del cristal de mí mismo. Le cacé a pesar de que la sombra intentó callarse inmediatamente. Era yo que me hablaba a mi sombra.

Tomé a mi mujer por el brazo, le forcé a levantarse, nos bajamos del metro y emergimos a la superficie de la estación del lago de la Casa de Campo. Respiré como si hubiera llegado a La Concha de Donostia

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