Economía y Literatura

Archivado en: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 9:36 am el Lunes, Enero 9, 2006

The Economist, fin de añoThe Economist, en su número de cierre de año, incluye un especial de Navidad y que, en el de este año, daba una pieza curiosa sobre la economía doméstica de los personajes de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. Esta es ciertamente una forma, aunque no la única, en que se relacionan la Economía y la Literatura.

Esta primera forma es de la que se hace eco la iniciativa del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid cuando organiza para este mes de enero una serie de conferencias sobre este tema de referencia: interesa descubrir cómo las circunstancias económicas de una época determinada se reflejan en las obras de ficción, si se reflejan.

Pero hay otras formas de relación entre la creación literaria y la creación de riqueza.

Podemos preguntarnos por el negocio editorial en general como un negocio más, o por los derechos de autor en particular. Ambas cosas me interesan; pero mi curiosidad ha ido desde hace años por el camino de la Retórica interesándome por los recursos literarios que los economistas usan para convencer al lector: la Economía como narración.

Pero también podemos explorar las ideas propiamente económicas que han expuesto algunos raros creadores literarios. Acaricio desde hace muchos años el proyecto de escribir un folleto sobre “economistas exóticos”; no heterodoxos, sino exóticos. He acumulado material de Saint Exupery, de Battaille y, sobretodo, del fascista musoliniano y magnífico poeta Ezra Pound.

Estas reminiscencias, los buenos propósitos de primeros de año y la euforia de la epifanía, me han llevado ayer a rebuscar en mi desordenada biblioteca tratando de recuperar alguno de esos materiales. Encontré casualmente la prosa selecta de Pound, editada en 1973 y adquirida por mí hacia el 77 probablemente. No resisto la tentación de traducir ahora mismo un pequeño párrafo reletivo a lo que se llamaría hoy Economía de la Cultura.

“Los efectos del capitalismo sobre el arte y las letras han sido, aparte de todas las cuestiones sobre la relación de capitalismo, arte y letras con el público en general o la masa. las siguientes: (1) la falta de empleo de de los mejores artistas y escritores; (2) leaerección de una enorme y horrible burocracia de las letras que se supone actuará como “curators” etc., burocracia que casi sin interrupción ha saboteado la vida intelectual, oscureciendo el recuerdo de las mejoras obras del pasado y llevando a cabo sus villanías hasta impedir el trabajo de los creadores contemporáneos”.

Merece la pena pensar un poco sobre este párrafo y trasponerlo al día de hoy; pero para terminar hoy con esta pequeña nota prefiero describir el contenido del papelito que se deslizó de entre las páginas de este libro de ensayos económicos de un poeta maldito:

Preguntar a Fuentes Quintana por:

  • Lecturas regeneracionistas
    • Joaquín Costa: “mil llaves del sepulcro de Joaquín Costa” ( A. Rojo)
    • Discurso de Fabián Estapé: sobre Senador ( notario en Fromistá: cojo

Para mi trabajo sobre Ezra Pound y Henry George

Termino pues con una llamada general a que algien me diga en qué diablos estaba pensando yo cuando escribí esta nota.

La dispersión

Archivado en: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 8:27 am el Miércoles, Diciembre 14, 2005

Topo de golpe, sin previo aviso, sin ninguna intuición de lo que iba a pasar, con un libro de Eugenio Trías que me retrotae a tiempos muy lejanos y, sin embargo, muy próximos.

Se trata de La Dispersión. Está editado por Taurus en la colección Ensayistas de hoy y es del año 71. En ese año no creo que Taurus fuera todavía del grupo Santillana y supongo que Jesús Aguirre, luego duque de Alba, dirgía ya esa colección aunque es posible que a la sazón todavía fuera el capellán de los universitarios inquietos en Madrid. Sea como fuere, hace 35 años el jóven Trías vislumbraba, a partir de Nietzsche, que había algo que no funcionaba en la Modernidad a pesar de que ésta había resistido aparentemente enhiesta el ataque distribuído y no coordinado del 68.

Estoy seguro que los hijos de los trías de este mundo que nacieron entonces y que hoy “se hackean” por el mundo, estarán encantados de saber que la cita inicial del libro, sacada del Zarathustra, dice así:

El centro está en todas partes

Parece apropiada para un libro de aforismos ( y, por lo tanto, descentrado) que canta a la dispersión, una verdadera idea trampa en un mundo jerarquizado política e intelectualmente, un mundo en el que no se ha inventado el PC, en donde todavía reinan los mainframes de la antigua IBM y en el que los francos de este mundo rigen plácidamente el destino de no pocos países que se dejan pastorear por quien manda de manera natural.

Como siempre llego tarde a casi todo, también tardé en hacerme cargo del que significaba una publicación aforística como ésta de Trías. Pero acabé sospechando que me concernía y que había encontrado en este filósofo un hermano que se había adelantado a lo que yo escribía ya a principios de los 80: Economía Neocásica. Seducción y Verdad.

De entre todos los aforismos subrayados entonces ahora me llaman la atención algunos que paso a transcribir.

¿ Atreveos de una vez a pensar a la deriva, desprovistos de alforjas y salvavidas!

Como si fuera posible hacerlo de otra manera. Todos los salvavidas son ilusorios y entre ellos quizá el más ilusorio sea el académico qu e te hace sentir que perteneces a una red segura cuando no es este el caso.

Unificar o multiplicar: esa es siempre la cuestión.

En ella se deciden dos mentalidades antagónicas una aficionada al planning, la otra- mucho más sofisticada- impregnada de un “esprit de finesse”. Para un economista hay aquí ecos evidentes que no hace falta subrayar y todos deberían de leer hoy en un aforismo así las nuevas formas de producción de lo que hasta ayer se llamó la Nueva Economía y que triunfa por doquier aunque no se quiera reconocer por los fracasos que su incomprensiór trajo consigo.

Termino por hoy con otro aforismo que espero se les deshaga en la boca como si fuera azucar y se entienda tanto hoy como hace 35 años en toda su ambigüedad:

Solo escribo para viajar o volar. Quizá otros se eleven también al verme

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