Pensamientos claros sobre la crisis

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 5:24 pm el Lunes, Agosto 20, 2007

Ya no son anotaciones bárbaras o simples technicalities, sino que se empieza a pensar con claridad sobre la naturaleza de la crisis y sobre sus posibles soluciones. Que los pensamientos se vayan aclarando no quiere decir necesariamente que vayan siendo más acertados.

Nada mejor que leer lo último de Krugman sobre la naturaleza de la crisis para ver que alguien como él que patinó ayer, hoy se aclara y nos aclara impecablemente. El fondo del problema- dice él aunque yo creo que todavá­a hay un trasfondo- es que se han desarrollado instituciones financieras que, aunque no son bancos funcionan como tales tomando prestado a corto y prestando a largo. Estas instituciones no han sabido ser prudentes en su financiación a corto realizada  mediante la emisión de asset-backed securities de mala calidad y no han podido redimir sus emisiones-devolver el dinero recibido en préstamo a corto plazo- cuando los acreedores han querido hacer uso de su capacidad legal de adelantar el cobro, deseo que nace de las murmuraciones sobre la poca calidad de lo que para ellos es un activo.

Mi única queja es que no hay porqué llamar a esto una vida miserable. Es parte del precio que hay que pagar por la innovación financiera que hace posible unas maravillosas expectativas y una vida mucho mejor.

Por otro lado Becker nos dice, tal como esperarí­amos, que no es partidario de hacer nada desde el banco central para ayudar  a quienes no fueron prudentes a no ser que los grandes agregados macroeconómicos estuvieran amenazados.

O.K. Pero mi queja es que se admita por parte de un gran conservador la distinción entre rules and discretion y que, además, se permita implí­citamente la discrecionalidad, a pesar de que en principio se está contra ella,  cuando a corto plazo hay desajustes. Serí­a propio de un conservador decir que todo debe ser una regla conocida; pero como esto es imposible precisamente por la innovación que va muy por delante, no tiene más remedio que perder su coherencia y admitir cierta discrecionalidad como mal menor.

La coherencia no es cualidad que yo admire asÃí que me parece mejor que no haya reglas, de forma que nadie pueda descubrirlas y esterilizarlas, sino que se admita la total discreción tanto a corto con relación problemas de liquidez como a largo con relación a problemas de inflación, de crecimiento o de tipos de cambio. No hay reglas imposibles de romper. Por lo tanto ninguna puede ser creí­ble del todo. Este pensamiento conservador no es sino la nostalgia del absoluto perdido o nunca encontrado.

Desaparecer en el espejo

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 9:33 am el Miércoles, Marzo 28, 2007

Frente a nuestra enorme cama matrimonial hay una cómoda cuya parte superior es un armarito que se abre por el centro y cuyas puerta tienen dos espejos orlados de madera.

Este secretaire suele estar cerrardo pero, por lo que fuera, hoy estaba ligeramente abierto. Cuando me he levantado y he ido hacia la puerta de cuarto de baño cruzando por delante del espejo de dos paños ha ocurrido algo aterrorizador.

Como siempre me he mirado en la primera hoja de la puerta/espejo para confirmar la curvatura de mi barriga. Hasta aquí todo normal. Pero cuando esperaba ver mi imagen refejada en la segunda puerta del armarito, ha habido una décima de segundo en la que esa segunda hoja del espejo no ha reflejdo nada.

Yo (?) acababa de desaparecer.

Inmediatamente recuperé la imagen; pero esa décima de segundo me ha cortado la respiración y me ha conmocionado. En el tiempo mínimo de una décima de segundo yo no he existido y, por lo tanto, ha dejado tenido sentido referirme a mí como yo puesto que no existía.

 Aunque no pudiera referirme a mí, he sentido miedo.Pero, ¿quién sentía miedo? 

Velocidad, diversidad, innovación

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 10:33 am el Lunes, Abril 17, 2006

Es imposible volver a casa con vida después de un fin de semana largo y no meditar sobre la velocidad en carretera. Lo curioso surge cuando esa reflexión se dispara y me lleva rápidamente a conectar la velocidad con la diversidad y a ambas con la innovación.

El número de muertos en carretera estará seguramente correlacinado positivamente con la limitación de velocidad y con la diversidad en los modelos de automóviles. Pensemos sobre ambas variables. Cuantos más accidentes hay más muertos y el número de éstos es mayor cuantos más adelantamientos hay, justamente porque la mayoría de los accidentes ocurren en los adelantamientos.

Ahora bien, no es dificil argüir que el número de adelantamientos es mayor cuanta mayor es la diversidad de la velocidad que pueden alcanzar los diversos modelos y cuanto más elevado es el límite de velocidad permitido.

Digamos que un automovil genérico puede circular a 10 velocidades distintas. Por ejemplo, su máxima velocidad es 100(kms. por hora) y supongamos que el cuentakilómetros solo distuingue franjas de 10 kms. por hora. Si el límite de velocidad es 100, habrá una gran dispersión en el número de velocidades con las que se circula, cosa que no ocurrirá si el límite de velocidad es 50. En consecuencia habrá más adelantamientos en el primer caso que en el segundo y más posibilidades de que haya muertos cuanto más elevado es el límite máximo de velocidad.

Pensemos ahora en la diversidad de velocidades alcanzadas por distintos modelos: unos alcanzarán los 100 del ejemplo anterior. Otros alcanzarán los 200 kms. por hora; otros los 50 y otros modelos velocidades intermedias. Cualquiera que sea la velocidad máxima permitida, habrá más adelantamientos cuanta mayor sea la diversidad de velocidades alcanzables por los diversos modelos. Luego esta diversidad aumenta el número de adelantamientos y las probabilidades de accidentes mortales.

Y ¿qué tiene que ver esto con la innovación? Pues que en el caso de la innovación ocurre justamente lo contrario. En este caso los adelantamientos no es algo malo porque incrementen las muertes; sino que se trata de una manifestación del aumento de la competitividad propiciada por la innovación de productos que desplazan a los antiguos. Por lo tanto cuanta mayor es la velocidad a la que se puede innovar (por motivos púramente físicos, digamos ), más intensa es la competencia ya que habrá más adelantamientos, es decir una mayor frecuencia en el desplazamiento de un producto por otro. Similarmente, cuanto más diversos sean los modelos de innovación o más diferenciadas las empresas que están en la carrera innovadora, mayor será la velocidad al a que procede la innovación, cualquiera que sea la velocidad a la que se puede innovar.

Quizá así, con una idea tan tonta resultado de las retenciones que sufrí en la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, podamos explicar simultáneamente que los USA tienen menos muertos en carretera y más innovaciones que la EU. Porque tienen un límite más severo en la velocidad con la que se puede circular y porque tienen una menor variedad de modelos de automóviles en la carretera. Y porque son menos tradicionales a la hora de admitir las novedades y menos homogéneos a la hora de plantearse la acción innovadora .

Me encantaría que hubiera alguien que pudiera y quisiera investigar con números esta hipótesis.

Crisis enérgética

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 6:55 pm el Domingo, Abril 2, 2006

Quedé muy impresionado por algunos de los datos que surgieron de la discusión propiciada por la Biblioteca de las Indias sobre Crisis Energéticas y Energías Alternativas, especialmente por los que propocionó Marcel Coderch en su ponencia.

Pero quizá me ha impresionado todavía más la virulencia de los intercambios posteriores a la jornada. De éstos me voy a quedar con lo de la desmaterialización de la economía por un lado y con la pretendida imposibilidad de sostener a la población actual a un nivel de vida como la de un español medio o un chino medio.

Respecto a lo de la desmaterialización tengo la sensación de que los datos aportados por David de Ugarte en su acta de la reunión son correctos, o así son tomados por la mayoría de los economistas que se interesan en estas cosas. El peso físico del PIB mundial por dólar es decreciente. Claro que esto no quiere decir que lo que comemos entre los 6.000 millones de personas en el mundo pese hoy menos que cuando éramos solo la mitad, digamos.

No parece que ahí haya un debate que merezca la pena. Sin embargo hay otros que sí que merecen una atención minuciosa. Dejaré aparte la consideración de la elasticidad del consumo del petróleo con relación a su precio que todo economista desearía tener en cuenta. Es una magnitud dificil de medir por diversas razones técnicas; pero el experimento que nos proporcionaron los años 70 mostró que puede ser muy elevada, eliminando así parte de la angustia que el posible agotamiento del petróleo trae consigo.

Lo que no puedo dejar de lado es el dilema que se presenta en caso de que los datos que maneja AEREN sobre la oferta energética no vayan descaminados y la elasticidad precio de la demenda de petróleo no sea suficientemente grande. El problema es que tedríamos que elegir entre todos los posibles pares de población y nivel de vida individual.

Me pongo en la situación de tener que elegir, no porque no crea que la interacción humana, incluído el mercado, no nos fueran a imponer la solución; sino porque la respuesta a ese problema de elección constituye un exerimento que revelaría la noción de humanismo implícita en el que arriesgara una propuesta. Tengo la impresión de que esa noción, en los miembros de la asociación citada, corresponde a la maximización del número total de vidas humanas que puedan pasar por este planeta.

Es un criterio como otro cualquiera; pero lo interesante sería explorar sus implicaciones y compararlas con las de otros posibles criterios como, por ejemplo, el de la maximización del suma de utilidades individuales, un criterio muy conocido por los economistas. Es posible que este criterio utilitarista no nos llevara a maximizar el número de habitantes humanos del planeta desde el pricipio de los tiempos hasta su final. Todo dependería de la curvatura de las funciones de utilidad individuales.

Pues bien yo diría que hoy parece que esa curvatura es tal que la gente prefiere pocos hijos a pesar de que se siente parte de una biosfera única. Si este fuera el caso estaríamos en una situación en la que las fuerzas del mercado podría ayudar a alcanzar la situación deseada por el utilitarismo siempre que la elasticidad precio de la demanda de energía no fuera pequeña.

Claro que no hay porqué ser utilitarista ni tener confianza en el mercado. Sin embargo los axiomas que definen el utiliarismo no son muy raros y el mercado, incluyendo el mercado de innovaciones, parece que no ha funcionado mal en el pasado cuando se ha tratado de racionar lo que sea.

Otra cosa es que estemos dispuestos a sobrepasar el estadio actual de civilización ( o lo contrario) y a salvar a cada vida humana en peligro a costa de una disminución significativa de nuestro nivel de vida. Esto es también perfectamente aceptable; pero es dificil de llevar a la práctica y deja traslucir una noción de humanismo que no es necesariamente la más encomiable.

De París con el virus

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 5:50 pm el Sábado, Abril 1, 2006

Volví el 22 por la mañana y el viernes 24 ya se manifestaron los primeros síntomas. No se trataba de la gripe aviar, así que podía toser tranquilo. Ni era ninguna especie de vicio francés nuevo. Ni siquiera antiguo.
Era una gripe normal con unas pocas décimas.

Así que todas mis intenciones de compartir con los lectores las notas parisinas de mi libreta tendrán que ir distribuyéndose en el tiempo y compitiendo con otros comentaros de actualidad. Como los que me surgieron de la rica información obtenida en la jornada sobre Crisis del Petróleo y Alternativas Energéticas organizada por la Biblioteca de las Indias Electrónicas y a la que me arrastré desde mi cama.

Pero, a pesar de que todavía no me siento del todo recuperado, no me resisto a comentar una nota que tomé en La Bibioteca Nacional de Francia François Mitterand. En una humilde exposición, para las ínfulas francesas, sobre las Lumieres en la nueva Biblioteca Nacional, uno de los espacios está dedicado al surgimiento del Espacio Público como un fenómeno propio de la época en cualquiera de sus sentidos. En uno de los dos paneles que hacen de entrada a esa parte de la exposición uno puede leer la famosa cita de Adam Smith como definiendo lo que se trata de ilustrar.

Aunque pueda parecer raro que los franceses acudan aun escocés para ilustrar esas luces que parecerían solo suyas, no lo es y no solo porque Smith es parte de la Ilustración escocesa; sino por algo más sutil. Pocas veces tiene uno la oportunidad de leer esta cita en francés. Dice:

C’est ne pas de la bienveillence du boucher, du braseur ou du boulanger que nous attendons notre dîner, mais de leur souci de leur intérèt propre.

Cualquier economista sabe que este es el argumento básico de la mano invisible que subyace a la defensa del mercado como mecanismo de asignaciónde recursos. Pero yo no esperaba que esa cita se utilizara por los franceses como entradilla a la noción de Espacio Público, simplemente porque se suelen presentar como antitéticos el mercado y el espacio púlico a no ser que nos refiramos al mercado como el lugar físico en el que se intercambian los alimentos frescos, en cuyo caso el invento es muy anterior a las Luces.

En efecto, incluso hoy en día se habla del espacio, o del domonio público, como de un ámbito en el que las cosas, y singularmente las ideas, no se distribuyen de acuerdo con precios propios del mercado; sino de acuerdo con algún otro criterio. Por ejemplo, la calle como espacio público está reñida con el racionamiento de los parquímetros de acuerdo con algunas asociaciones de barrios periféricos de Madrid que los han repudiado e incluso derribado.

Y, sin embargo, hasta los franceses parecen finalmente aceptar que no hay nada tan público como el mercado aunque está basado en la propiedad privada y en la persecución del interés propio.

Quizá sea por ahí, a través de le influencia francesa, que llegaremos a aprender a valorar al mercado como un insitución pública en el sentido pleno de la palabra.

Si es así bienvenido sea el virus francés.

Ken, Jeff y Andy

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 12:49 pm el Jueves, Marzo 16, 2006

El domingo pasado me fuí a las 4 de la tarde a ese lugar inaudito llamado Pequeño Cine Estudio en la Calle Magallanes de Madrid y me tragué con atención un documental sobre el caso Enron. Está basado en un libro escrito por mujeres quienes, al parecer, fueron las únicas que tenía la cabeza en su sitio y que eran capaces de “pitar falta” en medio de aquella locura. Locura por cierto no exclusiva de esa compañía.

En un momento u otro los tres personajes principales, Ken Lay (Presidente), Jeff Skilling (CEO) y Andy Fastow (CFO), aparecen con las manos esposadas a la espalda. Esas imágenes son el pago que los productores del documental satisfacen al sistema americano que se supone reconoce sus errores y los destapa públicamnte.

Pero dejando aparte este comentario sobre el sistema americano que muchos admiramos más o menos, diré que este documental me ha recordado un par de cosas cosas que escribí en el pasado y que ahora quisiera compartir con los lectores de este blog.

La primera es la que resalté en mi artículo ¿Es Parmalat el Enron Europeo?. Ya explicaba allí que Parmalat no había aportado nada nuevo mientra que los tres mosqueteros que capitaneaban Enron habían cooperado a crear nuevos mercados, desde el trading de energía hasta el mercado sobre el tiempo atmosférico. Estas dos ideas esran buenas; pero el documental las trata como trampas propias de tres ladrones.

La segunda tiene que ver con la relación entre mercados completos y fragilidad. Escribí sobre este tema espinoso en Terrorismo, Filosofía, Economía? y Nacionalismo. El mensaje era que completar mercados, tal como acabo de decir hacía Enron, es algo bueno aunque peligroso porque nos deja sin capacidad de reacción ante cualquier contingencia no prevista. Y nunca se pueden prever todas. El caso Enron sería un ejemplo de esto. Pero dificilmente podríamos acusar a alguno de los tres jefes máximos de saber algo de esto. Ni siquiera Ken, el Presidente, del que sabemos que tenía un doctorado en Economía.

Parece claro que falsearon cuentas y que se llevaron dinero en cantidades ingentes, aunque el juicio principal todavía no ha terminado. Rompieron la vida de 30 000 empleados. El arrepentimiento es bueno cuando es genuino y quizá lo sea en ciertos estratos de la sociedad americana que piensan que se están pasando en la construcción del capitalismo. Pero aprovecharse de ello para presentar a estas tres personas como vampiros es solo adecuado para los adoradores de iconografías simplistas.

Acusarles tal como se hace en el documental, de haber robado a los californianos con ocasión de la crisis energética me parece una falsa acusación. Esta crisis estuvo causada por el error regulatorio de poner un techo al precio de la distribución de electricidad, lo que causó un bancarrota de muchas distribuidoras ante el incremento del precio de generación, incremento que nada tenía que ver con Enron.

Es posible que el capitalismo en su desarrollo cometa muchos errores y que éstos salgan caros a sus responsables y a otros muchos que nada tenían que ver con el cambalache. Utilizar este hecho para crucificar a los tres ladrones es una necesidad bárbara de busacr chivos expiatorios que se trasmuta en tranquilidad de conciencia para una sociedad o para los críticos de esa sociedad; pero que no plantea ninguna solución para la mejora del sistema más allá que la cansina letanía sobre las crueldades de la ideología neoliberal.

El peso del Libro

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 8:42 am el Lunes, Febrero 13, 2006

El Papa Benedicto XVI ha hablado sobre las irreverentes viñetas de Mahoma y, en lenguaje vaticano, ha dicho que está muy mal ofender a los creyentes tal como hacen los ateos y los laicos demasiado amenudo. En seguida se imagina uno la coalición de los creyentes, agrupados alrededor de una u otra de las religiones del Libro, enfrentándose a la de los laicos y descreídos y se pregunta qué está en juego.

Yo creo que muchos e e importantes asuntos están en juego.

Los creyentes son los afiliados a alguna de las tres religiones monoteistas, la cristiana, la islámica y la judía. Las tres son monoteistas, las tres creen en una verdad revelada en un Libro inspirado (la Biblia, la Tora o el Corán) que les ofrece pautas de conducta y/o valores y, al menos dos de ellas, esperan un más allá glorioso. Son como 2000 millones de personas.

Los no creyentes son los laicos, ateos o politeístas. Sus valores o pautas de conducta no tienen por qué provenir de la revelación, no tienen Dios o tienen muchos y no se consuelan con ningún más allá. Son como unos 4000 millones.

Los no creyentes son más y, a pesar de que los acontecimientos inmediatos nos ciegan, yo creo que tienen mejores perspectivas.

La diferencia principal entre las dos coaliciones opuestas es homotética a la distinción entre jerarquía y red. La jerarquía se asocia inmediatamente al monoteismo y al Libro y por lo tanto conforma una organización que posee un centro o una cúspide o unas raíces. En cambio la red es lo contrario, no tiene un centro único, cúspide o raiz y, o bien no tiene Dios o bien tiene muchos pequeñitos.

Al fin y al cabo esto no es sino la gran diferencia entre el árbol del saber y la gran enredadera del conocimiento. Y de esta diferencia básica se dereivan otras singularidades que son las que me interesa destacar y de cuyo examen se sigue que hoy los tiempos favorecen a la segunda concepción.

La primera singularidad tiene que ver con la ciencia. Las religiones monoteistas tienen algún probemilla con la ciencia, como el del creacionismo, pero no me refiero a eso; sino a que no son capaces de mantener un sano relativismo respecto a la verdad. Para ellos la verdad es siempre única. Pero, aunque esto parece una certeza lógica, solo aplica a la verdad total, algo que no se alcanza nunca y que no es sino un simple espejismo de la gramática. La verdad alcanzable es siempre relativa al momento del la investigación y al planteamiento seguido. Esto es obvio para los orientales; pero a nosotros, herederos de la Biblia y alejados de nuestras raíces helénicas, nos ha costado tanto entenderlo que, de hecho, todavía no somos conscientes de ello. Mi predicción a este respecto es que a medio plazo los éxitos ciéntíficos nos llegarán desde oriente, centro de los descreídos.

La segunda diferencia singular es la de los valores. Es imposible para los no creyentes tomarlos como absolutos y se ven obligados a verlos como como pautas de conducta evolutivas que son dependientes del recorrido. Es decir que podrían ser otras. Esto tiene influencia para la consideración de la educación. Los unos quieren que sus hijos sean educados en los valores revelados y que son los que han dado estructura a su peripecia vital e incluso sentido a su vida. Los otros quieren que educadores extraños no se metan en esas cosas y que los valores sean trasmitidos por los mayores a los jóvene animándoles siempre a irlos cuestionando, eliminando algunos y dando a luz a otros. Aquí pronostico una educación en red que solo transmita información y una educación en valores en el ámbito en el que se críen los niños.

La contraposición principal que he perfilado me parece mucho más básica que el conflicto de civilizaciones entre el cristianismo y el islamismo. La cuestión no es si se puede o no prestar con interés, o si se puede representar visualmente lo sagrado. La cuestión inmediatamente relevante, además de dirimir las diferencias que provienen de las dos singularidades, es si el merado global y realmente competitivo tiene má prvenir en uno u otro de los dos campos en liza. Yo creo que de los monoteistas no podemos esperar más que un mercado imperfecto medio capturado por los cercanos a la cúspide. Este es el peso del Libro. La esperanza de la igualdad de oportunidades que deriva de la verdadera competencia solo puede llegarnos del oriente sin dios, de la levedad de la ausencia del Libro. En cuanto se decida a abandonar sus prácticas autoritarias. Cualquier día de estos.

Shylock y Antonio

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 8:07 am el Lunes, Enero 23, 2006

Llevo varios posts espigando lo que el gran poeta y retrógrado pensador social, Ezra Pound, tenía que decir a cerca de los problemas económicos de su época. Se trata de un ejercicio preparatorio para un librito sobre economista esotéricos.

Pero no es este el caso del ciclo que sobre Economía y Literatura se está celebrano en el Instituto de España patrocinado por el Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid. La intención de este ciclo parece ser, más bien, la de rastrear el uso de las instituciones sociales y económicas vigentes en el momento que se refleja en la obra literaria examinada. Sus contornos precisos y cómo se vivían por los personsjes.

Este ciclo es una magnífca idea y me molesta no poder seguirlo en su integridad. Sin embargo tuve ocasión el otro día de disfrutar de la exposición de Carlos Rodriguez Braun sobre El Mercader de Venecia. Carlos, como era de esperar, se lució tanto en la exposición de la obra como en su oficio detectivesco de encontrar en ella ideas económicas y descripciones del funcionamiento de instituciones vigentes en la época y dio el toque maestro y sutil al detectar la falta la mención y uso dramático del aseguramiento, institución ésta que, sin duda, existía a la sazón, pero que no juega papel alguno en la obra, apesar de que podía haber salvado a Antonio de las consecuencias de su presunta bancarrota.

Me veo obligado a destacar críticamente que me pareció que la conclusión que Carlos quería alcanzar y subrayar estaba decidida de antemano y refleja sus convicciones y no tanto el impacto de la lectura de El Mercader. De hecho hay que forzar un poco el texto para destacar que de su lectura se sigue la necesidad, para el buen gobierno de la República, de unir justicia y piedad. Es esta la combinación del conservadurismo compasivo que, aunque me encantaría discutir, sale fuera no solo de mi comentario sino del contenido estricto del ciclo y se acerca más a una consideración de las instituciones jurídicas en Shakespeare.

Creo que Carlos dejó escapar una sunto de enjundia que, a la salida de la conferencia, me hacía notar nuestro común amigo Ramón Botas, y que le hubiera dado muchísimo juego. Ramón me hizo ver que Antonio y Shylock representan las redes sociales y el mercado respectivamente y que este hecho permite distinguir con nitidez un capitalismo de amigotes, que se apoderan del estado y tergiversan las leyes y la moral en favor de los miembros de su red, y un capitalismo “at arms length” en el que uno intercambia con extraños creyéndose protegido por la Ley.

Antonio representa la institución de la Red que permite el acceso a no pocos bienes sin tener que pagar un precio inmediato por ellos, y Shylock representa el Mercado en el que no funciona la confianza mutua que existe entre los miembros de una red y en donde los intercambios están solamente protegidos, en caso de que no se realicen simultáneamente, por la Ley y por la Justicia que la defiede.

Pero la simultaneidad es imposible en el contrato de préstamo. De ahí que éste pueda llevarse a cabo de dos maneras. O bien se presta a los amigos de la Red y sin un interés expreso, pero que se pagará en el futuro de una u otra manera so pena de ser expulsado de esta sociedad de apoyos mutuos constituída en red, o bien se acuerda el pago de un interés determinado, en cualquier forma permitida por la Ley, que deberá ser hecho efectivo en la forma estipulada so pena de caer en garras de la Justicia.

Es esta segunda forma la que está por debajo de la potencia creativa de la economía de mercado y la que representa el judío. El cristiano Antonio es un buen hombre que avala generosamente a un amigo extravagante; pero no parece la punta de lanza de nada.

Lo que para Carlos es un final ejemplar en la medida que combina la Justicia con la Benevolencia a base ,eso sí, de saltarse a la torera la primera, constituye para mí un canto a la realidad misma que puede ceder un poco en el respeto a la Ley a cambio de un bien general. El trampear no me parece teririble ( lo que hace, incidentalmente, que aprecie Crash, un apelícula coral de la que he disfrutado bastante) pero no veo por ningún lado cual es el interés general que se alcanza privando a Shylock de su derecho por bábara que sea su satisfacción
Me parece más bien que la lectura del Mercader de Venecia nos acerca a una comprensión de la naturaleza poco edificante de algunas formas de administrar justicia que , por ambiciosas, acaban cometiendo flagrantes injusticias.

Cajas y Bancos

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 10:34 am el Miércoles, Enero 18, 2006

Ezra Pound es un pozo sin fondo. Ya en 1935, en pleno auge del fascismo italiano, se marcó una defensa de lo que ahora llamamos cajas y una condena de los bancos que resultan, ambas, totalmente actuales y totalmente problemáticas. Aunque sin el histrionismo del Pound enloquecido, todavía se utilizan argumentos que suenan parecido.

“Han existido dos tipos de bancos” empieza diciendo: “los montes de piedad y los demonios. Bancos creados para la beneficencia, para la reconstrucción; y bancos creados para apresar a las gentes”.

“Los bacos del infierno, desde que tenemos noticia, han empezado como pandillas de acreedores, asociados para extraer de sus deudores hasta la última onza de beneficio. Esto lo han hecho con esplendor y a bombo y platillo. Y han mantenido y defendido la exactitud contable”. El ejemplo sería la Banca San Giorgio de Génova.

En cambio Siena tuvo, según Pound, la suerte de ser conquistada por Florencia y de aprovecharse de tres siglos de experiencia de los Medici que se plasmó en el Monte dei Paschi. Cosimo garantizaba el capital del Monte tomando como colateral la única propiedad viva de Siena…..los pastos que se deslizan hasta Grosseto….. Y la lección resulta ser la mismísima base de la banca a pesar de que sus méritos se atribuyen a los Montes de Piedad. El CREDITO descansa finalmente en la ABUNDANCIA DE LA NATURALEZA, en la hierba siempre creciente que puede alimentar a las ovejas vivas”. Muy distinto de lo que hacía la naciente banca de Génova que alcanzaba su beneficio a base de sinecuras concedidas por las autoridades y basadas en los derechos de aduanas que recibía la ciudad portuaria.

La lección que quería darnos es que el Monte dei Paschi existe todavía (de hecho reparemos en que hoy mismo está jugando un papel en el asunto dela BNL) y que favoreció el ambiente artístico y cultural de la región de Siena, mientras que hemos olvidado la Banca San Giorgio y recordamos que “las artes no florecieron en Génova que apenas tomó parte alguna en la actividad intelectual del Renacimiento”.

Yo diría que cuando en estas épocas se plantea el futuro de las cajas de ahorros los argumentos esgrimidos por éstas no son tan distintos a los que Ezra Pound utilizaba a su favor. Esto demuestra la inteligencia de sus grandes directivos y su valentía intelectual que algunos motejarían de populista. Pero, que yo sepa, nadie les ha recordado la coincidencia de su argumentario con el de Pound. Bastaría hacerlo para desvelar su tramposo rechazo de la comprensión actual y descarnada de la economía de mercado que tan bien entendian los genoveses. Todo ello con independencia de lo bien que se manejan en ella desde su posición especial.

Provincianismo

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 12:22 pm el Sábado, Enero 14, 2006

El enemigo del cosmopolitismo posmoderno o del internacionalismo (proletario) moderno, no es el nacionalismo sino el provincianismo.

Siguiendo con mi proyecto de presentar a economistas exóticos dentro del marco general de las relaciones entre Economía y Literatura, voy a traducir una parte de un texto del muy exótico y políticamente impresentable Ezra Pound que, por razones políticas relacionadas con su fascismo, estaba muy interesado en la Economía a la que dedicó no menos de 100 páginas según mis cálculos, una cifra significativa para un poeta.

El 12 de julio de 1917 escribía en The New Age una pieza titulada Provincianism the Enemy. Después de citar al Flaubert de la Education Sentimentale afirma, como entrada a su ensayo, que el

PROVINCIANISMO consiste en:

a) la ignorancia de las maneras costumbres y naturaleza de la gente de fuera del pueblo, de la aldea, de la parroquia o de la nación de uno.

b) un deseo de forzar al otro a la uniformidad.

Para el poeta de Los Cantos Pisanos toda la Ilustración ( esa que paradójicamente le va a llevar años más tarde al fascismo como expresión de racionalidad) está contra esto, tal como muestran los ejemplos de Galdos (sin acento), Turgenev, Flaubert o Henry James.

Para nosotros tiene interés la referencia a una historia concreta de Galdós:

un jóven ingeniero industrial de Madrid es finalmente llevado a la muerte por los señoritingos de ‘Orbajosa’ simplemente porque es de la capital y posee una educación.

Han pasado unos 90 años y este provincianismo sigue vigente y envenenando las relaciones internacionales y las personales. Muchas de las declaraciones de cosmopolitismo me parece que están efectuadas por provincianos y muchas de los nacionalismos motejados de paletos me parecen lo más opuesto al provincianismo que denuncia Ezra Pound.

Quizá ganaríamos algo mirando a la cuestión del Estatut desde esta perspectica paradójica.

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