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Juan Urrutia

15 de Enero de 2010

Creativos e internautas

La propiedad intelectual (PI) es un antiguo constructo jurídico por medio del cual el soberano otorgaba un privilegio a algunos de sus protegidos y que hoy abarca desde el copyright en su versión civil hasta las patentes en su versión mercantil. Instituciones modernas éstas que, como los antiguos privilegios, garantizan una renta no merecida a sus beneficiarios. Su versión civil ha vuelto a la palestra política con ocasión del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible en el que hay una disposición final en la que se permitía inicialmente cerrar sin orden judicial una webb dedicada a la “distribución” gratuita de contenidos protegidos por el copyright. Esta posibilidad ha cogido a la Ministra de Cultura en medio de una batalla agria entre los creativos y los internautas. Los primeros quieren que su derecho se proteja eficazmente y los segundos apelan a la libertad de expresión para protestar por la discreccionalidad administrativa que aparentemente abría la disposición final del Anteproyecto citado. Como la cuestión no es trivial y se discute ya en la sección de opinión de los periódicos generalistas de mayor difusión, nos encontramos en un momento adecuado para volver a reflexionar sobre la cuestión de la PI en cualquiera de sus versiones pues, tal como muestra el caso del software, no está claro si la protección de la PI debiera hacerse siempre mediante el copyright o mediante una patente.

Con independencia de su origen histórico de la PI, el argumento teórico tiene ya cincuenta años, se debe a Arrow y simplemente razona que patentes y copyrights constituyen un monopolio temporal dirigido a encontrar un compromiso entre los incentivos a crear y la difusión de esas creaciones. Usando el caso de las patentes se puede argüir que sin patentes nadie inventaría y que sin obligación de registrar documentadamente la creación se perdería ese conocimiento. Este compromiso ensancha el ámbito de la propiedad, estrecha el dominio público y reduce la competencia al crear un monopolio aunque sea temporal.

La historia y este argumento ya clásico hacen que la discusión nunca se pregunte qué pasaría si no hubiera una legislación que desde hace casi tres siglos protege la PI en cualquiera de sus versiones. Pues bien, desde el año 2002 contamos con un trabajo de Boldrin y Levine cuyo argumento principal fue resumido por el primero de esos autores y por mí mismo en un artículo publicado en estas mismas páginas y reproducido en Economía en Porciones (Prentice-Hall, 2003, pp. 15 y ss.): ” Si la… idea creativa está incorporada en un producto ( lo que siempre es el caso), si la reproducción…o copia exigen una cierta formación intelectual o técnica que haga que la…copia nunca sea sin costes (lo que ocurre en general) y si hay límites a la capacidad de reproducción ( lo que es obvio en la mayoría de los casos), el valor descontado presente de las cuasi- rentas que recibe el creador inicial en ausencia de copyrights o patentes, es positivo”. En consecuencia no es cierto que, en ausencia de PI, no haya incentivos a inventar o a crear y es obvio que la difusión está garantizada. Un resultado que parecería, en principio, dar la razón teórica a los internautas frente a los artistas y creadores, dejando aparte el pequeño detalle práctico de que éstos tienen un derecho reconocido.

Como consecuencia de este resultado teórico el siguiente argumento antiarrowianoparecería razonable. Se puede muy bien estrechar el ámbito de la propiedad hasta cubrir solo la propiedad de bienes tangibles al tiempo que se ensancha el ámbito del dominio público, medidas éstas que aumentarían la competencia al eliminar un monopolio y traerían consigo un aumento en la cantidad producida y una disminución en el precio que, sin embargo, no caería a cero de forma que y podría ser suficiente como incentivo.

Todas estas ideas aparentemente heréticas se contienen ampliadas en el libro de Boldrin y Levine, Against Intelectual Monopoly (Cambridge University Press,2008), que ya sería hora de traducir al español una vez que ya se ha traducido hasta al koreano. Su lectura pausada debería hacernos reflexionar sobre estos temas cruciales para la innovación, la productividad y, finalmente, el cambio de modelo económico cuya urgencia parece inspirar la Ley de Economía Sostenible en cuyo Anteproyecto se contiene la cláusula final de la discordia.

Como preámbulo a esta discusión pausada podríamos introducir un par de consideraciones adicionales. La primera es, desde luego, la problemática especial de las famaceúticas cuyos productos son aparentemente de gran interés y sin embargo exigen un largo período de gestación y, consecuentemente, unos desembolsos de capital significativos que no se abordarían en ausencia de derechos de propiedad intelectual claramente protegidos. Estas características de la industria farmaceútica son ciertas; pero no son diferentes de las que definen a otras industrias que producen bienes tangibles que no tiene otorgado ningún monopolio temporal más allá del que se puedan ganar en el juego de la competencia y basándose en su inteligencia. Además sabemos que esta industria farmacéutica tiene unas tasas de rendimiento muy por encima de la media. A mi juicio estas características son suficientes como para que recaiga sobre ellas, las farmaceúticas, la carga de la prueba de que no existirían sin PI.

Como segunda consideración podríamos discutir sobre la eficacia del Acta Bayh-Dole, promulgada en los USA en los años ochenta, y que pretendía mejorar la investigación biomédica otorgando a las universidades la propiedad de las patentes que se consiguieran con investigaciones financiadas con dinero público. Se trataba obviamente de reforzar aun más los incentivos a la invención que las patentes otorgan por lo que la opinión que destilan Boldrin y Levine después de una discusión pausada, llama la atención: esta legislación no sirvió para nada en lo que respecta a los incentivos en general (“… made no difference as far as general incentives are concerned”(p.228)).

Sin embargo y tal como dice David Dickson (http://www.scidev.net/en/editorials/time-to-rethink-intellectual-property-laws-.html ) según una traducción que debo a Francisco Moreno, “existe una amplia evidencia- basada en anécdotas- en el sentido de que el Acta ha creado una mentalidad entre muchos científicos de que su conocimiento representa una potencial mina de oro que no debe ser compartida con sus competidores potenciales….por lo menos hasta que hayan sido protegidos por una solicitud de patente”.

Pues bien, esa mentalidad, además de ir en contra del espíritu del Sistema de Ciencia Abierta que tantos beneficios nos ha proporcionado, nos hace entender el por qué las compañías de capital semilla o de private equity en ningún caso se lanzarán a la financiación de proyectos de investigación que no estén respaldados por patentes, o serán muy reticentes a hacerlo. Sin embargo las compañías de contenidos en la red parecen haber entendido el problema del derecho de copia o de los derechos de autor (copyright) de una manera similar a la aquí explicada y están modificando su modelo de negocio.

No creo que el tan cacareado cambio de modelo económico pueda abordarse seriamente si no reflexionamos con tranquilidad, y más allá de las discusiones entre algún político y algún escritor y de las protestas de internautas y creativos en general, sobre la PI y las formas de protegerla o de eliminarla. Será, esperemos, en este 2010.

4 Comentarios a “Creativos e internautas”

  1. David de Ugarte

    Una industria farmaceútica sin patentes significa que el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos se reduciría por debajo de los cuatro años. Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el record actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc.

    Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35.50 dólares frente a los 28.60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado.

    Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66.5% del mercado.

    Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas.

    Pero por lo mismo, en la industria farmaceútica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes.

    Un mercado farmaceútico sin patentes vería pues con toda probabilidad una inversión mayor en I+D pues sólo la innovación garantizaría rentas extraordinarias temporales cercanas a las de monopolio. Pero también vería una rápida extensión de las innovaciones, bajo la forma de genéricos, en los países menos desarrollados.

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  1. Lo último de Expansión « Juan Urrutia

    [...] usted ver justo al lado el último artículo que he publicado en Expansión y que se titula Creativos e Internautas. Apareció el pasado sábado por lo que no podía hecer referencia al pulso entre el Imperio del [...]

  2. La Propiedad Intelectual (00) « de Langostinos y Guanacos

    [...] indica Juan Urrutia, la efectividad económica de la PI ya estaba siendo cuestionada desde hace décadas, por lo que la [...]

  3. La Nueva Industria Audiovisual » ¿A qué se parece Avatar?

    [...] todas las voces que amenazan a la lógica o, puestos algo literarios, al pensamiento único. Como la de Juan Urrutia, que lleva a Expansión, nada menos, el cuestionamiento desde la teoría económica de la [...]

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    1. Juan Urrutia Juan Urrutia

      Karthryn, Michele y un servidor.

      Me gusta y mucho Kathryn Bigelow, pero no me gustó su película En Tierra Hostil. Esa recreación innecesaria del mito del llanero solitario y sin redeeming value. Abandonar todo por un chute de adrenalina es una patología sin posible sublimación artística. El resto es superfluo aunque te haga pensar sobre el ensimismamiento americano y la falta de respeto al insurgente, quizá mejor llamado resistente: les das la mano y te hacen caer en una trampa mortal. Una escena con arte es, en cualquier caso, la desactivación de una bomba introducida en la tripa de un adolescente muerto. Nos hace ver que una erección-que debe ser lo que busca el protagonista- es más que una erección. Puede ser un ritual de amor. El mismo día que veo la película Michele me escribe enviándome un mail con un link a su blog italo-americano en el que reconoce que”il buono Juan” tenía razón hace años cuando dicutíamos la invasión de Irak y contesté en mi blog a un artículo de periódico suyo.

    2. David de Ugarte David de Ugarte

      Ciberactivismo de la adhesión

      Me escribe Ramiro Pol : “Hace pocos días, a través de la página de Facebook de un programa de televisión que se emite en Canal 7 (la Televisión Pública Argentina, adonde tengo el orgullo de trabajar) llamado “678″, la gente organizó una convocatoria para ir a la Plaza de Mayo en apoyo al gobierno, lo que nunca nadie imaginó, es que esa Ciberturba tendría el éxito que tuvo. La plaza se llenó de gente!!“. El vídeo muestra desde luego que la convocatoria de la ciberturba tuvo un éxito indudable. ¿Por qué pudo hacerse desde facebook? Pues porque es un ejemplo claro de un tema donde sólo la adhesión es necesaria para movilizar. La presidenta está en el poder, todos saben quién es y ante la sociedad entera desarrolla un conflicto con los grandes medios privados (especialmente el grupo Clarín). No es necesario hacer emerger un nuevo consenso o desarrollar una nueva posición social (para lo que sería necesario un proceso deliberativo previo y por tanto blogs). Todo está dado y sólo queda apoyar a uno o a otro. Exactamente la lógica que impulsan los libros de caras.

    3. David de Ugarte David de Ugarte

      Hexacopter

      Llevo mucho resistiéndome a hablar de drones… pero el hexacopter es realmente una maravilla casera y barata de fuente abierta.

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    ESPAÑA Y EUROPA ANTE EL DESAPALANCAMIENTO

    En mi última entrega de La Mirada del Economista (“Jobless recovery” ¿una cuestión de poder?”) decía que “la situación en la que nos encontramos… parecería dar la razón a los que, jugando con las letras, nos predecían una recuperación en U o en W”. Los datos e informaciones que han ido surgiendo desde entonces, así como el caso griego me dan, desgraciadamente, la razón. A los ejemplos de aquel artículo hay que añadir otros nuevos pulsos relacionados ahora con el problema de la deuda, sea ésta externa o interna, pública o privada, de los países de la Unión Europea.

    Ni que decir tiene que casi ningún país de la zona euro cumple los criterios de Maastricht que conformaban el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en lo que respecta tanto al déficit presupuestario, fijado en el famoso y ya casi olvidado 3%,como al tope del 60% del PIB de deuda pública que el PEC exigía. Esto plantea dificultades que voy a tratar de comprender a fin de verificar mi aseveración de que vamos a contemplar luchas de poder renovadas.

    En el caso del Reino de España, la situación creada por el desequilibrio de la balanza de pagos no es dramática. España debe al exterior, por la deuda emitida para cubrir una parte de los déficits anuales de dicha Balanza de Pagos un modesto porcentaje del PIB. Aunque esta cifra ha ido creciendo por la falta de competitividad seguirá siendo una cifra relativamente baja. Sin embargo a este concepto hay que añadir otras deudas hacia el exterior que El Estado puede tener como resultado del déficit presupuestario así como las que acarreen agentes privados. Y, con estos añadidos, la situación puede complicarse

    En efecto, aunque la vida media de deuda externa pública está en torno a los 7 años, vamos a encontrarnos con importantes necesidades de financiación a corto plazo debido a a las otras fuentes de endeudamiento y especialmente el déficit presupuestario y su preocupante aceleración. Vamos a confrontar, por lo tanto, importantes necesidades de financiación a corto plazo cuya posible refinanciación va a ser relativamente cara debido, no tanto a la mala situación del endeudamiento, como a los fundamentales poco promisorios de la economía española aquejada de falta de competitividad. En esta situación un incremento impositivo parece conveniente.

    Además de todo lo anterior, el sector privado, no tanto las economías domésticas y las empresas financieras como las empresas industriales, tiene que cargar con su propia deuda que, en parte, también es exterior de forma que incluso las empresas más potentes, con ratings más o menos próximos al del Reino de España, van a tener que confrontar los mismos problemas que el sector público, pero agravados. La situación empresarial es pues preocupante puesto que a la falta de demanda exterior para los productos de esas empresas hay que añadir el paro que incide sobre muchas familias. No hay pues demasiadas esperanzas en lo referente al desapalancamiento de unas y otras empresas de forma que no podemos esperar un relanzamiento de la formación bruta de capital para no hablar del consumo en bienes duraderos.

    La obligatoria reducción del déficit presupuestario para cumplir con el criterio del 3%, su financiación y la consiguiente colocación de las emisiones necesarias por parte del Tesoro constituyen problemas adicionales para la recuperación. Aparte de colocaciones en el exterior de esas emisiones, o bien se las queda la banca, con lo que ésta estará justificada en su “estreñimiento crediticio”, especialmente en un momento en el que se puede esperar una consolidación del sector, o bien se colocan en el sector familias, probablemente con el incentivo de alguna ventaja fiscal asociada a la afloración de rentas ocultas. Vemos pues cómo, de una u otra manera, el sector privado deberá pagar parte del estropicio si no queremos sobrecargar el fondeo exterior.

    Pero estos problemas no son solo nuestros. Cada economía tiene que saber si su tasa de crecimiento a largo es suficiente para pagar la carga de la deuda a los tipos pactados. Si no lo es, o solo lo es a partir de un futuro muy incierto, la deuda aumentará y esa economía no tendrá más remedio que reducir su gasto o aumentar sus tasas impositivas. Casi todos los países de la zona euro están en una situación parecida, de forma que muchos tendrán que acudir a otras zonas del mundo para obtener financiación, lo que previsiblemente encarecerá ésta. Si la situación se generaliza no le quedará a Europa sino una alternativa diabólica. O bien el BCE se hace cargo de las deudas agregadas monetizándolas, o bien se devalúa el euro para fomentar las exportaciones. Además de que ambas vías llevarían a una elevación de los tipos de interés a los que se financia la deuda, ni una ni otra de éstas soluciones parecen hoy por hoy admisibles para las economías europeas fuertes (Alemania o Francia) ni serían aceptables para sus prestamistas. Pero aunque no se lleve a cabo una devaluación formal (que, además de ser el reconocimiento que Europa no es un área monetaria óptima, probablemente acabaría con el proyecto europeo), el euro se irá depreciando en el mercado. Esto favorecerá sin duda las exportaciones de la zona pero también puede incentivar aun más la especulación contra el euro.

    Se avistan por lo tanto luchas de poder adicionales a las que destacaba hace un mes. Recordemos que, en el ámbito doméstico, había que contar con el enfrentamiento entre contribuyentes y banqueros y entre patronos y trabajadores. Esta última confrontación no se ha canalizado de momento en un diálogo social suficiente como para llegar a acuerdos (más allá del ya firmado sobre salarios) que sostengan las modificaciones estructurales del mercado de trabajo. La tensión correspondiente ya se ha escenificado en las manifestaciones del pasado día 23 contra el “pensionazo” y si las empresas, por las razones apuntadas, se ven todavía más constreñidas crediticiamente, se va a recrudecer. Las tensiones entre contribuyentes y banqueros pueden quizá pasar a un segundo término a no ser que la imposición adicional requerida sea poco equitativa o que la consolidación financiera, seguramente ineludible, exija primar a algunas instituciones financieras.

    Esta situación comprometida es lo suficientemente generalizable como para que Europa tenga que ponerse las pilas, lo que acarrea dificultades burocráticas y políticas, y como para que España intente con seriedad una política dura respaldada o no por un pacto de Estado. Un pacto así no parece fácil de alcanzar por el problema de las subidas impositivas por un lado y por la reforma de las pensiones o las reformas estructurales del mercado de trabajo por otro.

    En una situación así se me antoja extraordinario que ningún economista europeo se haya referido a unas piezas teóricas, antiguas y menores, sobre el período de ajuste, es decir lo que tardaría una economía en volver, por ejemplo, a la senda anterior. Este período de ajuste depende del tamaño del sector público, de la tasa impositiva media y de la distribución de la renta ( ver mi trabajo “Una visión (semi) heterodoxa de la crisis”, Cuadernos de economía, vol.32, nº 88, enero-abril 2009). La influencia de esos factores es de un signo u otro dependiendo de la situación presente de la economía de que se trate. Pues bien, el Pacto de Estado en España debiera ser posible a partir de un acuerdo técnico sobre esa situación inicial en España: una buena tarea para la troika negociadora que ya se ha puesto a trabajar sin demasiadas expectativas de éxito. Y Europa empezaría a ponerse las pilas al reconocer que lo que una u otra economía tiene que hacer puede variar dependiendo de su período de ajuste propio dejando de entonar la palinodia de la necesidad de un gobierno económico único, por lo que se entiende un Tesoro único. Una idea ésta última sobre la que escribiré otro día.

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