Breves

Comerse el mundo

Me he puesto una vez más a dieta y quizá por eso me llaman mucho la atención todas las imágenes e ideas que se contemplan entretejidas alrededor de la comida. Desde los paseos de dos actores en una serie de televisión comiendo en los pueblos de un país que está «para comérselo» hasta los programas en cualquier cadena sobre cómo hacer unos platitos sorprendentes, el campo visual e ideético está lleno de bocados. El bocado más famoso es el que supongo que podemos decir que Steve Jobs le dio a la manzana de su Apple. Es como comerse New York, pero tampoco pasa desapercibido el mordisco que no solo Rafa Nadal sino casi todos los campeones olímpicos propinan a sus medallas. No, no tratan de garantizar la ley del metal sino simbolizar que se comen el mundo. Incluso, según nos cuenta Anatxu Zabalbeaskoa, hay casas diseñadas por arquitectos valientes que organizan el exterior de una vivienda en Méjico como dos areas similares a dos mordiscos sobre algo primitivamente circular. Estas cosas no ocurren por casualidad y si nuestra psique colectiva está llena de comida debe ser por algo. Quizá porque no estamos satisfechos y no vemos salida a nuestra falta de alegría. Y justo cuando solo nos queda la comida nos avisan que el precio de los alimentos va a subir a causa de la sequía que ha asolado a los países productores de maíz y al uso de este cereal para la fabricación de bioetanol. Así que se mejorará la calidad de vida del mundo desarrollado que no tiene hambre y se deteriorará la de esos habitantes de países pobres que viven casi exclusivamente de ese cereal. La situación es tan penosa que solo se me ocurre comerme un donut. Pero no voy a hacerlo.

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Juan Urrutia , economista y filósofo mundano. Bitácora en la red desde 2003.