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Juan Urrutia

10 de marzo de 2010

Comentarios sobre los comentarios a la crisis

Hoy publico a modo de post un e-mail largo que me envió Teo Millán a raiz de mi columna en Expansión correspondienendo al mes de marzo. TM es ya un BGB habitual de este blog y le dejo hablar extensamente y explayarse a gusto sobre los comentarios sobre la crisis a los que critica tomando el mío como víctima propiciatoria y utilizando unos argumentos cuya pertinencia espero tener la entereza de discutir. De momento ahí tienen el metacomentario de TM

Resulta imposible no mencionar algunos hechos que obligarían a revisar varias de las conclusiones aparentemente razonables de tu comentario en Expansión;

1º No se conoce ningún caso de una emisión de deuda que haya quedado a medio colocar, ni privada ni publica, por parte de las tan atribuladas sociedades e instituciones del Reino de España.

2º No se ha disparado el diferencial del coste de la deuda de las emisiones del Reino, ni sus empresas, ni incluso en los peores momentos de hace unas semanas en que la crisis griega parecía poder contaminar el caso español.

3º No es posible hacer análisis económico “estático”. (Es como observar un saltador de esquí, tomar su foto cuando está en lo más alto y concluir que será imposible que llegue a tocar suelo de nuevo puesto que está prácticamente detenido en el aire). (Tampoco parece que lo sea el hacer análisis determinista, cuando toda la modelización económica es hoy probabilista, incluidos los modelos de estimación macro).

De hecho, cuando los (macro)economistas llegan(/mos) al lugar del desastre, es como cuando lo hacen los observadores de UN o EU, resulta una buena señal de que el desastre “está ya controlado”, o no se aventurarían en tierras inciertas.

Por tanto, la lectura de columnas de opinión sobre la crisis debiera resultar reconfortante. Afortunadamente, la evolución de datos durante los últimos doce meses ratifica dicha tesis.

Los comentarios, editoriales y demás que suelen leerse estos días sobre la situación general de la crisis, están muchos veces limitados a planteamientos elaborados sobre “observaciones causales” de datos macro, confundiendo en general lo que es la contabilidad fiscal (¿cómo se va atender el déficit fiscal?) con lo que es el análisis de coyuntura (¿cómo va a evolucionar la economía agregada?) o el análisis macroeconómico (¿cómo entender y mejorar la situación económica?).

En este sentido, el mayor pecado de los (macro)economistas , al menos en nuestro país, es la falta de credibilidad en los método de análisis de que hoy disponemos en la profesión. Como bien explica Alfonso Novales en su discurso de entrada en la Academia de Ciencias Morales el pasado año, muchas veces los economistas no discrepamos en nuestras conclusiones, sino en el modelo que utilizamos de referencia. Distintos modelos conducen a distintos lugares. Por tanto, la polémica pública a que debiéramos asistir debiera centrarse en qué modelo es relevante, y qué nos dicen los distintos modelos que están ajustados a los datos macro españoles. O, al menos, en qué modelo se defiende y por qué. O, como mínimo, a ofrecer una referencia a alguna simulación que permita justificar un cierto diagnostico o un juicio sobre los problemas que se anticipan en una cierta senda de desarrollo (como el del colapso o encarecimiento del pago de la deuda). Desgraciadamente, son pocas las veces en que los técnicos detrás de los político explican cómo cuadraran ciertas cuentas agregadas. Aunque no hay duda de que tras los planteamientos de elevación del IVA, existen simulaciones elaboradas por la administración y el Banco de España, además de poderse efectuar por algunos otros analistas técnicos de coyuntura como el BIAM de A. Espasa. Es una lástima que la polémica pública de los economistas no se realice en dichos términos, lo cual no solo produciría orden y excluiría del debate a los profanos (generadores genuinos de ruido) sino que además creo que transmitiría una cierta sensación al público de que el estado de la ciencia económica no es tan malo como hoy se pueda deducir del triste espectáculo que se observa en las páginas de los periódicos.

Desgraciadamente, producir “ruido” en torno a las capacidades relativas de los países de nuestro entorno para repagar sus respectivas deudas, es una polémica que de no estar sustentada en, o bien un modelo riguroso determinado (y no conozco ninguno que prejuzgue que no es posible repagar un cierto déficit fiscal) o en una aplicación práctica de un modelo econométrico estimado concreto para un país, queda reducido a un juego de quinielas. Tales comentarios, reciben en ocasiones crédito por provenir de “expertos” a los que se les supone dotados del sexto sentido del experto, que normalmente acaba por diluirse en el dominio del slang de referencia.

Otra cosa es que los operadores financieros (a diferencia delos (macro)economistas, insistan en hacer “lecturas” varias sobre el comportamiento de los mercados. Lógicamente, dichos operadores se ganan la vida en tratar de no perder de vista la senda del mercado, y están “obligados” a operar día a día, y hacer sus propios juegos de valor que se traducen en sus diarias actuaciones en el mercado correspondiente. De dichas actuaciones resulta la “apuesta” del mercado que se puede constatar cada día al ver los precios que rigen en de dichos mercados. A dichos precios sí que les llamaría yo “opinión cualificada de expertos” sobre, por ejemplo, la capacidad del Reino de hacer frente sus obligaciones financieras futuras (lo que no significa que sea una opinión errónea). (Lo que nos devuelve al párrafo anterior sobre lo que parece pasar con el coste de la deuda y la absorción de emisiones por los inversores).

Lo que no se debe perder de vista es el hecho de que dichos mercados fueron incapaces de anticipar el shock que supuso el colapso de los mercados privados de deuda en USA y EU en 2008. Y que por muchas lecturas que en su momento se realizaron para tratar de racionalizar el comportamiento que entonces ocurrió, sigue faltando una explicación consistente de la crisis a nivel económico. Aunque es fácil sospechar, que efectivamente mucho de lo que ocurrió tuvo que ver con que los agentes económicos no prestaron mucha atención a los modelos macro, y a las señales emitidas por las instituciones encargadas de realizar seguimiento de la coyuntura, esto es, a que los economistas tampoco entonces se tomaron muy en serio la capacidad de análisis que brindan los modelos económicos y sus estimaciones macroeconómicas. En particular, existe un elemento incómodo y de difícil tratamiento en los que respecta al carácter probabilístico de los modelos y estimaciones que podemos hacer los (macro)economistas. En efecto; una cosa es afirmar que un agente tenga una cierta probabilidad de realizar un impago, y otra es tratarlo como un “valor esperado” de recobro de dicho agente. Desgraciadamente, el valor esperado de recobro, nuca se produce. O bien se paga, o no se paga. O se suspende pagos, o no se hace. Lo que nunca ocurre es que salga canto al lanzar la moneda (valor estimado entre cara y cruz). Muchas veces los economistas barajamos la incertidumbre de dicha forma, transformándola en términos presentes y desarticulando su “carácter de discontinuidad”. Parece que mucho de ello hay en el origen de la crisis. Conceder una hipoteca a un agente con una probabilidad x de impago (de caer en el paro) parecía quedar diluido en el tratamiento probabilístico del conjunto de agentes que recibían hipotecas, de forma que el valor esperado de cobro de la hipoteca, se asimilaba al valor esperado del recobro del conjunto de hipotecas concedidas por una institución. Desgraciadamente, un cambio en el estado de la economía puso de manifiesto la alta correlación entre todos los beneficiarios de hipotecas, de manera que en su conjunto se comportaron como si fuesen un solo agente y, al caer un alto porcentaje en el paro, dieron lugar a que el recobro de hipotecas entre ellos fuese cero, en lugar de ajustarse a su valor esperado (positivo). (En este sentido es apasionante la lectura de Ian Hacking, El surgimiento de la probabilidad).

Lo que indudablemente falló fue la componente macro de las modelizaciones de riegos de carteras hipotecarias. Los agentes involucrados en la concesión de hipotecas se comportaron como agentes primarios sin expectativas sobre la evolución de la economía. Analizar a un demandante de hipotecas sobre la base “estática” de la economía, un buen vendedor de coches en una empresa importante de automóviles, parecería un buen riesgo por el que apostar “caeteris paribus”. Apostar por él, tendría un riesgo y una distribución polarizada de probabilidad de cobro (o se recobraba la hipoteca, o si el vendedor perdía su empleo, no se recobraba. Pero al apostar por un conjunto de vendedores de coches, la dicotomía del resultado parecía transformarse en una distribución continua, unos perderían el trabajo y otros no, por lo que bastaba para tomar una decisión sobre la concesión y coste de las hipotecas con operar sobre la base del valor esperado de recobro de las mismas. Salvo, claro está, por la variable de estado de la economía. El cambio en la situación general dio lugar a que un muy alto porcentaje perdiesen el empleo, con la consecuencia de que el susodicho valor esperado se pareciese más a la distribución polarizada de un solo agente que a la del conjunto de agentes bajo el supuesto caeteris paribus).

Lo que no debiéramos de hacer los (macro)economistas es repetir el error de efectuar análisis “estáticos”. Loa economía es “muy” dinámica. Es más, sabemos que su ciclicidad es fuente de la dificultad de efectuar análisis económico y es la razón de ser que el mismo tenga que ser probabilista y no determinista. Dicha dificultad solo se puede superar mediante la utilización de complicados modelos que acarrean una alta dosis de modelización teórica y permiten efectuar aplicaciones econométricas sofisticadas en economías reales. Tales modelos no permiten predicciones exactas, y no están exentos de carencias. Pero si los economistas no creemos en ellos, quién lo hará.

2 Comentarios a “Comentarios sobre los comentarios a la crisis”

  1. a

    A MEDIO PLAZO: Nadie renuncia a sus propiedades por fantasiosas que sean (dinero) y a las muletas adquiridas para funcionar en el mundo, así que no hay salida salvo una. Una gran guerra que de mucho trabajo de reconstrucción. Si no es esto será un megaterremoto.
    La avaricia humana no tiene límites.

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  1. Comentarios al cubo « Juan Urrutia

    [...] llamar a unas apostillas a los comentarios de TM sobre mis comentarios al desapalancamiento en Europa y España? Creo que solo cabe calificarlas de [...]

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    1. El Arte de las Cosas El Arte de las Cosas

      Nuevo aprendiz, nuevo para aprender
    2. José Alcántara José Alcántara

      Turquía como gran potencia regional

      TurquíaTurquía ambiciona ser potencia en su región, no es ningún secreto. A la fortísima, y poco comentada en occidente, inversión en la enorme región turcófona de Asia se une la renovada relación que en los últimos años mantiene con sus viejos enemigos, ahora convertidos --a golpe de cifras-- en sus mejores socios comerciales. Dicen que la víctima en este movimiento sería la posible alianza con la UE y occidente, pero la realidad es más compleja: Turquía es miembro de la OTAN, es paso indispensable para que el gas asiático llegue a Europa y el fortalecimiento comercial que está adquiriendo en su región la llevarán a ser un socio cada vez más deseable. Frente a la sostenida negativa europea a su ingreso en la Unión, Turquía ha optado por crecer mirando tanto a su entorno lingüístico como geográfico. Y para cuando occidente descubra que necesita la alianza con Turquía, el precio de sus favores ya habrá subido.

    3. Juan Urrutia Juan Urrutia

      La pobereza y el dinero

      Me he levantado con este sonsonete en la cabeza y no puedo arrojarlo fuera:

      Pues amarga la verdad,
      Quiero echarla de la boca;
      Y si al alma su hiel toca,
      Esconderla es necedad.
      Sépase, pues libertad
      Ha engendrado en mi pereza
      La Pobreza.

      Lo recuerdo sonando incesantemente en un vinilo de mi juventud por boca de Paco Ibañez. Lo que escribió Quevedo, en su totalidad, está aquí.

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    RIQUEZA FINANCIERA Y TEORÍA DEL CAPITAL

    Las noticias económicas de este verano, tan volátiles como los mercados y tan preocupantes como las diversas declaraciones que nos han llegado de Jackson Hole o la ralentización de la reforma financiera de Obama o las amenazas de una tasa especial a la banca, nos han hecho ver no solo que no acabemos de deshacernos de los efectos colaterales de la Gran Recesión, relacionados ahora con el endeudamiento y sus repercusiones sobre el sistema financiero mundial, sino también que necesitamos cierto sosiego para reflexionar sobre la naturaleza de la riqueza financiera. Pero una reflexión de ese calibre y ese tono necesita un poco de sabiduría importada de nuestra historia intelectual, algo que ponga en perspectiva la mera afirmación, reiterada hasta la saciedad, de que la riqueza financiera no es más que humo.

    Lo adecuado es comenzar por el principio, por algo que sabe todo economista, por la división del trabajo y la especialización que tan bien describió A. Smith en el libro I capítulo I de la Riqueza de las Naciones: ”Tomemos como ejemplo una manufactura de poca importancia…: la de fabricar alfileres. Un obrero que no haya sido adiestrado en esa clase de tarea (convertida por virtud de la división del trabajo en un oficio nuevo) y… por más que trabaje, apenas po­dría hacer un alfiler al día, y desde luego no podría confeccionar más de veinte. Pero… hoy día la fabrica­ción de alfileres… está dividida en varios ramas…. Un obrero estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en tro­zos iguales, un cuarto hace la punta, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza: a su vez la con­fección de la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas:….. En fin, el importante trabajo de hacer un alfiler queda dividido de esta manera en unas dieci­ocho operaciones distintas…”

    Es un fragmento que por conocido y repetido oculta parte de su significado. Refleja no solo la división del trabajo y la especialización como causa y origen del correspondiente aumento de la productividad, sino que, además, apunta al surgimiento de la proliferación paulatina de empresas independientes y a la correspondiente noción del capital como rodeo de la producción posteriormente destaca por Eugen Böhm-Bawerk. Pues bien, esta manera de mirar al capital es, a mi juicio, muy adecuada para pensar la naturaleza de la riqueza financiera.

    Para verlo con claridad me apoyaré en una idea de de Donald MacKencie en un artículo de la London Review of Books del 8 de mayo del 2008 . La fábrica de alfileres y lo que en ella ocurre es un ejemplo de división del trabajo que se produce dentro de una empresa de la que alguien se ocupa sin necesidad de que haya ningún dato público más allá de la contabilidad que, visada por un juez, nos sirve más o menos bien para que cualquiera pueda acercarse al cálculo del valor de esa empresa. Un conocimiento superficial de la historia nos enseña que, más tarde, se empieza a sacar fuera de la empresa ciertas tareas de forma que el seguimiento de la actividad se hace más complicado lo que, además de acarrear sospechas sobre la contabilidad, hace surgir ciertas prácticas que acaban redundando en la generación de compañías auditoras. Dando un salto en el tiempo podemos imaginar que eventualmente llega la deslocalización internacional y la consiguiente necesidad de auditoras transnacionales a fin de conocer con cierta garantía de rigor lo que vale una empresa. Toda esta historia/ficción quiere reflejar la importancia de la naturaleza pública de la información en la formación del capital como el rodeo de la producción.

    Pues bien, esta historia es perfectamente aplicable a la especialización financiera y a la creación de la riqueza financiera pero, como se suele pensar y afirmar que lo financiero tiene una naturaleza muy distinta, añado ahora un par de ideas muy raramente mencionadas pero que me servirán para disipar esa creencia. Primera, en el desarrollo del capital real es muy fácil conocer el precio de los productos por muy larga que sea la cadena de producción resultante de la especialización pues la demanda final relevante (de trajes de novia digamos en el caso de las alfileres) establece una referencia que nos parece real y de la que se derivan los precios de todos y cada uno de los productos de la cadena a través de la competencia que, entre otras cosas, revela los precios de manera pública. Segunda, cuando el proceso del rodeo de la producción mediado por la competencia genera un producto final fácilmente estandarizable (como es el caso de las materias primas o el de las acciones de las empresas cotizadas) se crea un verdadero mercado en el sentido de que cuando uno compra o vende lo hace a través de un sitio central organizado que se compromete a hacer llegar el producto al comprador al precio fijado centralizadamente y a veces electrónicamente. De ahí que este mismo mercado pueda ser un negocio en si mismo e incluso cotizado a su vez en Bolsa. Esto último ocurre porque en ese verdadero mercado hay datos públicos que todo el mundo conoce y todos saben que todos los conocen.

    Es justamente esto último lo que va a fallar en la división del trabajo y la especialización del área financiera. A ello me refería en el las Meditaciones de agosto (Expansión 25 de agosto) cuando trataba de describir el negocio de innovación financiera que se ha dado en llamar “originar y distribuir”. Glosando a Sidney Winter describía allí la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Comienza con los brokers que venden hipotecas de manera casi free lance, continúa con el originador que pone el dinero y actúa como un dealer que pasa el contrato a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza, trocean los paquetes y distribuyen las piezas entre prestamistas que eventualmente contratan una especie de aseguramiento del riesgo de crédito, que también puede ser titulizado, sin que nadie de esta cadena haya tenido incentivo alguno a preocuparse de la naturaleza y calidad de la hipoteca original sin que haya un verdadero mercado centralizado responsable de garantizar las entregas y de fijar públicamente los precios. Todos los contratos son over the counter (OTC). Lo mismo que ocurre en la gran mayoría de los contratos “reales”

    No parece pues que haya diferencia conceptual seria entre la innovación financiera y la “productiva” excepto en un punto crucial: que en el ámbito financiero no hay traje de novia o, lo que sería equivalente, no es esperable que se cierre la cadena de valor con todos los contratos asegurados. Es esta diferencia la que hace surgir la idea de que hay un endeudamiento máximo sostenible, un límite de crédíto más allá del cual la situación es insostenible y el castillo de naipes colapsa bajo el leve peso del endeudamiento.

    Quizá, podríamos pensar, estemos ante un ejemplo de lo que se llama, en la teoría de la complejidad, autocriticidad y se ejemplifica por la imposibilidad de que la pendiente de un montón de arena de playa sobrepase un cierto valor a partir del cual se desmorona hasta recuperar la pendiente sostenible. Sin embargo en los términos analíticos utilizados hasta aquí esto no es fácilmente admisible por muy interesante que sea la teoría de la complejidad. Quedarnos satisfechos con esta explicación sería como admitir que en la naturaleza de lo financiero hay, como lo hay en la arena, algo natural e ineluctable. Es comprensible que esta explicación sea atractiva pero es insostenible en términos puramente intelectuales. De la misma manera que no vislumbramos, en general, un límite físico a la división del trabajo, tampoco deberíamos admitir sin más una longitud determinada de la cadena financiera. ¿Qué importa en efecto que el endeudamiento de una firma o de un país sea a muy largo plazo si pensamos que en cada vencimiento el negocio genera lo suficiente? Y si pensamos que eso no es así ¿qué ventaja tiene que el endeudamiento sea a corto plazo?

    Pero como los inversores no piensan de esta manera, es muy posible que estén convencidos de que el rodeo de la producción “natural” es más corto en lo financiero que en lo “real”. Sin embargo eso no es tan claro si pensamos que la globalización y de la deslocalización propician un mayor rodeo de la producción pero mucho menos controlable.

    (Publicado en Expansión el lunes 6 de septiembre)

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