La enfermedad alemana

Europa enfrenta hoy un problema propio que si no se entiende bien y no se ponen los medios para remediarlo se puede llegar a convertirse en una verdadera pesadilla. Me refiero a los problemas del euro que, se originan, argüiré, con el ajuste que comenzó en mayo pasado debido a la deutsche krankheit transmitida a Francia. Esta “enfermedad alemana”, que otros llaman german angst uniendo el inglés al alemán, es una especie de ansiedad sobre todo lo que parezca romper la diligencia propia de una sana familia tradicional en el manejo ortodoxo de sus disponibilidades económicas. Ortodoxia ésta que sin duda refleja la humillante perplejidad y que produjeron la república de Weimar de entreguerras y sus consecuencias; pero que se remonta más atrás, a ese imperio y reino que el dictum kaiserlich und königlich (k und k) nos evoca. Que los demás no compartan o no sigan sus recetas de evidente sabiduría tristemente adquirida les produce a los kakanos un desprecio majestuoso y severo que no se puede entender más que desde un imperio como el de los Habsburgo y desde un reino como el que conformaban otros territorios bajo su soberanía. Sigue leyendo

SESGO CONFIRMATORIO Y LA REPUTACIÓN DE LOS EXPERTOS

La Fundación del Pino hace un esfuerzo muy encomiable acercando a Madrid a economistas de tronío para pensar en alta voz sobre lo que hemos aprendido de la crisis. El último en ocupar esa tribuna ha sido Robert Lucas jr., laureado con el Nobel. Se mostró preocupado por la política expansionista de Obama y por el apoyo a la misma de la FED que podría, según él, acabar con esa flexibilidad americana que explicaría por qué la tasa de crecimiento a largo plazo de la economía estadounidense es un punto superior a la europea aquejada ésta de rigideces impuestas por el estado del bienestar. Cuando alguna pregunta desde la sala le puso en el brete de dar razones teóricas serias o evidencia factual que apoyaran sus opiniones se escabulló afirmando humildemente que solo era su opinión y que era consciente de que hay otras opiniones respetables y contrarias a su postura. Sería normal pensar que su énfasis en el largo plazo y su fe en la flexibilidad son una cuestión ideológica. Sin embargo es posible que se tratara del sesgo confirmatorio, un sesgo psicológico del que pretendo hablar a continuación.

El aroma ideológico se percibe también en otros debates hoy presentes en la sociedad. Pensemos en el cambio climático, la educación – segregada o no -, el creacionismo, el aborto o las pensiones por mencionar algunos de los asuntos en los que la opinión de los expertos es recabada continuamente. Un ejemplo paradigmático de la situación que trato de describir ha sido la reforma laboral en España. El grupo de los 100 era un grupo de economistas profesionales que tienden a mirar al mercado de trabajo como tal mercado y el grupo de los 700 era otro grupo de profesionales de diversas especialidades que incluía también otros economistas que consideran el mercado de trabajo como un sistema más o menos complejo difícil de entender con precisión y del que se pueden esperar resultados sorprendentes.

La diversidad de opiniones entre expertos es para casi todo el mundo motivo de zozobra. Para mí, sin embargo, es más bien motivo de celebración pues nos libera del autoritarismo. Sin ocultar mis preferencias voy a tratar de argumentar mi posición en base a la evidencia experimental que muestra le existencia de un sesgo confirmatorio y sobre todo en base al trabajo que, hace ya tiempo, elaboraron Rabin y Schrag («First Impressions Matter: A Model of Confirmatory Bias», QJE,1999) destacando las consecuencias de ese sesgo y que yo aplico al caso de los expertos en este mundo líquido (Bauman) o posmoderno (Lyotard) en que vivimos hoy.

No me detendré en los experimentos de laboratorio; pero créanme que para ahora hay ya muchos que muestran que todos, incluidos los expertos, mostramos una tendencia significativa a no abandonar nuestras creencias previas, basadas quizá en una evidencia inicial, de manera que podríamos decir que las primeras impresiones importan y mucho en la formación de nuestras opiniones incluyendo las que decimos mantener como expertos. Me limitaré a traducir la descripción que hacen los citados Rabin y Schrag a partir del examen que llevan a cabo de lo experimentos disponibles en su momento. «Cuando la evidencia es confirmatoria, sospechamos que tanto el lego como el científico profesional rápidamente reducen la complejidad de la información y recuerdan solo unas pocas y bien elegidas impresiones que apoyan su impresión. Cuando la evidencia es desconfirmatoria continúan reflexionando sobre cualquier información que pudiera sugerir interpretaciones alternativas menos demoledoras. Y desde luego es posible que puedan llegar a entender las ambigüedades y fallos conceptuales en los datos opuestos a su hipótesis como sugeridores de la corrección, en lo fundamental, de sus hipótesis». Estos dos autores destacan tres consecuencias de este sesgo en la percepción de los expertos frente a las señales que reciben relativas al mundo del que hablan.

La primera de estas consecuencias es el exceso de confianza en la propia opinión. Es decir que el experto puede llegar a tener, para ciertos valores de la calidad de la señal recibida desde el mundo real y del sesgo confirmatorio, una creencia en su primera impresión mayor de lo que la evidencia sostiene. La segunda consecuencia es que, en esas condiciones, es decir con esos valores del sesgo y con ese grado de corrección de la señal, es posible que la creencia de un experto esté equivocada. Y la tercera es que también es posible, para rangos de los valores de sesgo y corrección de la señal determinados, que no haya serie alguna de evidencias que haga cambiar de opinión al experto.

Estas consecuencias a su vez nos aportan una lección sobre la forma en la que los que escuchamos a los expertos (bien porque tenemos que tomar decisiones, bien porque queremos formarnos una opinión para elegir a aquellos que deben tomar decisiones) deberíamos recabar su opinión. Nos encontramos con dos posibles cursos de ación. O bien elegimos escuchar a los expertos reputados como los mejores según algún procedimiento objetivo y serio, o bien decidimos seguir la opinión de la mayoría de ellos con independencia de reputaciones. ¿Qué hacer?

Pues bien, dadas las consecuencias del sesgo confirmatorio que he destacado, a nadie le debe parecer extraordinario que, para valores muy altos del sesgo confirmatorio y para señales no muy informativas, lo mejor que puede hacer el soberano es consultar con cuantos más expertos mejor y guiarse por la opinión de la mayoría sin fijarse en el peso relativo de las opiniones según la reputación de los expertos.

Este resultado nos debería hacer pensar que hay muchos campos en los que seguramente el sesgo es grande y la calidad de las señales mediocre de forma que tendríamos que meditar sobre nuestra estrategia. Ya seamos pacientes, inversores, administradores de fondos públicos o simples ciudadanos responsables y preocupados por las pensiones, la educación, la salud, el estado de nuestra cartera o la ciencia y la innovación, es posible que debiéramos ser menos crédulos en relación con los expertos.

DESLOCALIZACIÓN Y EMPREDEDURISMO

En este estadio de la crisis en el que nos encontramos, dominado por los problemas de endeudamiento, hay dos vías de salida necesarias, una relacionada con la Sociedad, estructurada en lo que llamamos la cosa pública con su correspondiente gobierno (Gesellschat), la otra mucho más con la Comunidad como forma de sociabilidad menos estructurada aunque fuertemente cohesionada ( Gemeinschaft). La primera tiene que ver con la manera actual de entender el comercio internacional y con el nuevo modelo productivo. La segunda vía de salida también tiene que ver justamente con ese nuevo modelo productivo, pero más en concreto con el emprendedurismo que es necesario fomentar antes de que la situación se torne realmente peligrosa para la paz social. Sigue leyendo

RIQUEZA FINANCIERA Y TEORÍA DEL CAPITAL

Las noticias económicas de este verano, tan volátiles como los mercados y tan preocupantes como las diversas declaraciones que nos han llegado de Jackson Hole o la ralentización de la reforma financiera de Obama o las amenazas de una tasa especial a la banca, nos han hecho ver no solo que no acabemos de deshacernos de los efectos colaterales de la Gran Recesión, relacionados ahora con el endeudamiento y sus repercusiones sobre el sistema financiero mundial, sino también que necesitamos cierto sosiego para reflexionar sobre la naturaleza de la riqueza financiera. Pero una reflexión de ese calibre y ese tono necesita un poco de sabiduría importada de nuestra historia intelectual, algo que ponga en perspectiva la mera afirmación, reiterada hasta la saciedad, de que la riqueza financiera no es más que humo.

Lo adecuado es comenzar por el principio, por algo que sabe todo economista, por la división del trabajo y la especialización que tan bien describió A. Smith en el libro I capítulo I de la Riqueza de las Naciones: ”Tomemos como ejemplo una manufactura de poca importancia…: la de fabricar alfileres. Un obrero que no haya sido adiestrado en esa clase de tarea (convertida por virtud de la división del trabajo en un oficio nuevo) y… por más que trabaje, apenas po­dría hacer un alfiler al día, y desde luego no podría confeccionar más de veinte. Pero… hoy día la fabrica­ción de alfileres… está dividida en varios ramas…. Un obrero estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en tro­zos iguales, un cuarto hace la punta, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza: a su vez la con­fección de la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas:….. En fin, el importante trabajo de hacer un alfiler queda dividido de esta manera en unas dieci­ocho operaciones distintas…”

Es un fragmento que por conocido y repetido oculta parte de su significado. Refleja no solo la división del trabajo y la especialización como causa y origen del correspondiente aumento de la productividad, sino que, además, apunta al surgimiento de la proliferación paulatina de empresas independientes y a la correspondiente noción del capital como rodeo de la producción posteriormente destaca por Eugen Böhm-Bawerk. Pues bien, esta manera de mirar al capital es, a mi juicio, muy adecuada para pensar la naturaleza de la riqueza financiera.

Para verlo con claridad me apoyaré en una idea de de Donald MacKencie en un artículo de la London Review of Books del 8 de mayo del 2008 . La fábrica de alfileres y lo que en ella ocurre es un ejemplo de división del trabajo que se produce dentro de una empresa de la que alguien se ocupa sin necesidad de que haya ningún dato público más allá de la contabilidad que, visada por un juez, nos sirve más o menos bien para que cualquiera pueda acercarse al cálculo del valor de esa empresa. Un conocimiento superficial de la historia nos enseña que, más tarde, se empieza a sacar fuera de la empresa ciertas tareas de forma que el seguimiento de la actividad se hace más complicado lo que, además de acarrear sospechas sobre la contabilidad, hace surgir ciertas prácticas que acaban redundando en la generación de compañías auditoras. Dando un salto en el tiempo podemos imaginar que eventualmente llega la deslocalización internacional y la consiguiente necesidad de auditoras transnacionales a fin de conocer con cierta garantía de rigor lo que vale una empresa. Toda esta historia/ficción quiere reflejar la importancia de la naturaleza pública de la información en la formación del capital como el rodeo de la producción.

Pues bien, esta historia es perfectamente aplicable a la especialización financiera y a la creación de la riqueza financiera pero, como se suele pensar y afirmar que lo financiero tiene una naturaleza muy distinta, añado ahora un par de ideas muy raramente mencionadas pero que me servirán para disipar esa creencia. Primera, en el desarrollo del capital real es muy fácil conocer el precio de los productos por muy larga que sea la cadena de producción resultante de la especialización pues la demanda final relevante (de trajes de novia digamos en el caso de las alfileres) establece una referencia que nos parece real y de la que se derivan los precios de todos y cada uno de los productos de la cadena a través de la competencia que, entre otras cosas, revela los precios de manera pública. Segunda, cuando el proceso del rodeo de la producción mediado por la competencia genera un producto final fácilmente estandarizable (como es el caso de las materias primas o el de las acciones de las empresas cotizadas) se crea un verdadero mercado en el sentido de que cuando uno compra o vende lo hace a través de un sitio central organizado que se compromete a hacer llegar el producto al comprador al precio fijado centralizadamente y a veces electrónicamente. De ahí que este mismo mercado pueda ser un negocio en si mismo e incluso cotizado a su vez en Bolsa. Esto último ocurre porque en ese verdadero mercado hay datos públicos que todo el mundo conoce y todos saben que todos los conocen.

Es justamente esto último lo que va a fallar en la división del trabajo y la especialización del área financiera. A ello me refería en el las Meditaciones de agosto (Expansión 25 de agosto) cuando trataba de describir el negocio de innovación financiera que se ha dado en llamar “originar y distribuir”. Glosando a Sidney Winter describía allí la industria hipotecaria como una cadena de contratos entre agente y principal que parece no tener fin. Comienza con los brokers que venden hipotecas de manera casi free lance, continúa con el originador que pone el dinero y actúa como un dealer que pasa el contrato a unos titulizadores que empaquetan este activo junto con otros de distinta naturaleza, trocean los paquetes y distribuyen las piezas entre prestamistas que eventualmente contratan una especie de aseguramiento del riesgo de crédito, que también puede ser titulizado, sin que nadie de esta cadena haya tenido incentivo alguno a preocuparse de la naturaleza y calidad de la hipoteca original sin que haya un verdadero mercado centralizado responsable de garantizar las entregas y de fijar públicamente los precios. Todos los contratos son over the counter (OTC). Lo mismo que ocurre en la gran mayoría de los contratos «reales»

No parece pues que haya diferencia conceptual seria entre la innovación financiera y la “productiva” excepto en un punto crucial: que en el ámbito financiero no hay traje de novia o, lo que sería equivalente, no es esperable que se cierre la cadena de valor con todos los contratos asegurados. Es esta diferencia la que hace surgir la idea de que hay un endeudamiento máximo sostenible, un límite de crédíto más allá del cual la situación es insostenible y el castillo de naipes colapsa bajo el leve peso del endeudamiento.

Quizá, podríamos pensar, estemos ante un ejemplo de lo que se llama, en la teoría de la complejidad, autocriticidad y se ejemplifica por la imposibilidad de que la pendiente de un montón de arena de playa sobrepase un cierto valor a partir del cual se desmorona hasta recuperar la pendiente sostenible. Sin embargo en los términos analíticos utilizados hasta aquí esto no es fácilmente admisible por muy interesante que sea la teoría de la complejidad. Quedarnos satisfechos con esta explicación sería como admitir que en la naturaleza de lo financiero hay, como lo hay en la arena, algo natural e ineluctable. Es comprensible que esta explicación sea atractiva pero es insostenible en términos puramente intelectuales. De la misma manera que no vislumbramos, en general, un límite físico a la división del trabajo, tampoco deberíamos admitir sin más una longitud determinada de la cadena financiera. ¿Qué importa en efecto que el endeudamiento de una firma o de un país sea a muy largo plazo si pensamos que en cada vencimiento el negocio genera lo suficiente? Y si pensamos que eso no es así ¿qué ventaja tiene que el endeudamiento sea a corto plazo?

Pero como los inversores no piensan de esta manera, es muy posible que estén convencidos de que el rodeo de la producción «natural» es más corto en lo financiero que en lo “real”. Sin embargo eso no es tan claro si pensamos que la globalización y de la deslocalización propician un mayor rodeo de la producción pero mucho menos controlable.

(Publicado en Expansión el lunes 6 de septiembre)

Meditaciones de agosto (Expansión, 25 de agosto)

Claro que en agosto del 2007 me interesé por las hipotecas subprime y las reseñé aunque difícilmente podía imaginar ni el camino que había llevado a la burbuja ni las dimensiones de la misma o de los derivados generados a su socaire pues, como decía en el artículo de septiembre (¿Qué hará el BCE? Se admiten apuestas, Expansión, 3 de septiembre), toda esa innovación financiera me parecía inteligente y tendente a la eficiencia por la simple razón de que completaba mercados, idea ésta que mantengo a pesar de los pesares.

Para las vacaciones del 2008 ya me mostraba más al tanto de sus peligros a pesar que durante el curso académico fueran otras las preocupaciones que me tuvieron entretenido. Ese agosto y bajo el título de Pasatiempos Vacacionales (Expansión, 6 de agosto) me preocupaba del problema de selección adversa asociado a la información asimétrica existente entre los bancos (especialmente de inversiones) que, ahora sabemos, empezaban a contratar los Credit Default Swaps (CDS) que les permitirían hacer un buen negocio cuando los bonos derivados creados a partir de las subprime (una forma de CDO o Colateralized Debt Obligations) empezaran a no hacer honor a sus compromisos debido a la imposibilidad de pagar las hipotecas subyacentes.

Así que el problema planteado por la caída de Lehman no me cogió del todo desprevenido. El pasado verano y a propósito de un artículo ajeno que mostraba evidencia empírica sobre las ventajas de la innovación financiera para no pocas economías, volvía yo a mis ideas iniciales (Maniobras marineras e innovación financiera, Expansión, 7 de agosto). Mis miedos habían desaparecido aunque resultó que la tranquilidad duró poco pues ya a principios de este 2010 me estaba preguntado por el posible double dip y por los problemas del desapalancamiento, esos mismos que nos han traído por la calle de la amargura en España y que, a pesar de lo que se pensó a partir del viernes 23 del mes pasado, día en el que se hicieron públicos los resultados de los tests de resistencia en los países de la UE, continúan vigentes. Y así llego a este verano del 2010. La propia crónica que acabo de describir me sugiere tres meditaciones centrales: sobre la innovación financiero-empresarial denominada “originar y distribuir”, sobre el problema central de la información asimétrica y la correspondiente selección adversa y sobre los problemas de endeudamiento. Sigue leyendo

Austeridad o exuberancia (Expansión, 6/07)

Cuando hace dos años escasos presenté El Capitalismo que Viene ( Ediciones El Cobre , octubre 2008) me encontré en una situación embarazosa. En ese libro yo trataba de hacerme cargo de a dónde nos dirigíamos cabalgando la llamada Gran Moderación pero asaltados por tres factores imprecisos y difíciles de calibrar. La globalización ensanchaba los mercados y debilitaba la importancia de los estados nacionales, la sociedad de la información hacía disminuir drásticamente la ratio entre peso de la producción y valor de la misma y las TIC ( Tecnologías de la Informacion y de la Comunicación) disminuían significativamente los costes de transacción. Quería saber cómo estos tres factores influirían en las instituciones básicas de un sistema económico capitalista, el agente individual, la empresa y el estado, de manera que pudiéramos hacernos una idea de las nuevas formas de convivencia económica que podrían, pensaba yo, pasar de formas reguladas por el poder a formas autosostenidas y basadas en la fraternidad. Sigue leyendo

ELOGIO DEL AMATEURISMO INFORMADO

Publicado en Expansion el jueves 3 de junio.

Hace muchos años un colega me presentó, antes de una conferencia académica, como un gran profesional, supongo que de la teoría económica. Fue un elogio que me dejó perplejo. Ser un gran profesional es ser, además de una autoridad en lo tuyo, puntual, responsable y poco caprichoso en el ejercicio del oficio cualquiera que éste sea, futbolista, tenista o profesor. Beckham es un gran profesional porque nunca falla a un entrenamiento y porque su pie derecho es un lujo para cualquier degustador del noble arte del balompié. Federer es un genio del tenis y no hace un mal gesto y yo jamás había faltado a clase o dejado de responder una pregunta y creía haber escrito alguna cosa de interés en un área muy concreta de la teoría económica. Pero Beckham no ha renovado el football como lo hizo Maradona, Federer no tiene un golpe propio como sí lo tenía Nastase y yo no he sido capaz de vislumbrar otra manera de mirar a los fenómenos económicos como sí fue capaz, por ejemplo, Kenneth Boulding. Curiosamente Maradona, Nastase y Boulding no se podrían calificar de grandes profesionales. El primero confiesa que se pasaba con la droga, Nastase era un pícaro y Boulding, cuyas ideas tartamudas eran geniales, no era un profesor concienzudo según yo mismo pude comprobar hace casi 40 años. Si el elogio que mi colega quiso hacerme no me gustó del todo es, creo, porque yo ingenuamente pretendía en aquella ocasión haber revolucionado la manera de mirar a las cosas del oficio. Yo quería ser un amateur que hace las cosas por gusto o afición y por lo tanto quizá no perfectamente. Así, de forma amateur, con poca precisión pero con gusto me gustaría atacar un problema interesante planteado por Dani Rodrik, para, finalmente, hacer un canto al amateurismo informado. Sigue leyendo

¿Tesoro único? No, gracias

Con independencia de un artículo esporádico (Expansión 27 de abril) sobre la investigación a Goldman Sachs por parte de la SEC y sus posibles efectos sobre el sector financiero mundial, que también tenía que ver con cuestiones de poder, en las últimas tres entradas de La mirada del economista he hablado de cuestiones relacionadas con el poder. Me referí, entre otras tensiones obvias, a las que habrían de surgir entre países de la UE que pertenecen a la zona euro con ocasión del desapalancamiento, un ejemplo de las cuales viene dado por las que se están suscitando alrededor del caso de Grecia que ha llegado a producir una rebaja de la deuda publica española por parte de Standard&Poors.Hoy quiero continuar por la misma senda a fin de juzgar una obvia cuestión de poder que se va insinuando poco a poco y que es de esperar surja con fuerza después de las elecciones en Renania del Norte- Westfalia y a la luz de las dificultades por las que pasa el euro. Me refiero a la sugerencia de que se necesita un Gobierno Económico Europeo Único o, lo que a los efectos de esta columna puede llamarse un Tesoro Único, para poder coordinar la Política Monetaria del BCE y una Política Fiscal única que quedaría en manos de ese Tesoro Único. Avanzo desde ya que la idea no me parece brillante pues la descentralización fiscal tiene sus ventajas y la centralización no tiene, a mi juicio, las suficientes. El razonamiento no es, sin embargo, tan claro como sería deseable. Sigue leyendo

LA INVESTIGACION A GOLDMAN SACHS

Esta artículo apareció en Expansión martes 27, hace dos días. Lo reproduzco aquí corrigiendo un pequeño error que, aunque se entendía como tal sin posibilidad de malentendido, merece la pena eliminar.

La acusación de fraude por parte de la SEC contra Goldman Sachs, el banco de Inversiones más admirado del mundo, una institución de la que se decía que había visto venir el final de la burbuja inmobiliaria y se había librado de ella, llega en un momento muy oportuno para que salga adelante la reforma del sistema financiero que persigue Obama y en un momento muy inoportuno para la recuperación pues nos hace volver a la época en la que los bancos recelaban unos de otros y en consecuencia no hacían uso del interbancario pensándose dos veces el intercambio con ninguna casa cuyas condiciones de solvencia desconocían. Por ambas circunstancias puede muy bien ocurrir que el frenazo a la innovación financiera sea demasiado brusco. Sigue leyendo

La Cuestión del Poder (Expansion, sábado 10 de abril)

En las dos últimas columnas de esta Mirada del Economista he catalogado, al hilo de una posible recuperación sin creación de empleo (en febero) y del desapalancamiento(en marzo), cuestiones de poder bien conocidas pero que, sin embargo y en general, no se consideran como tales sino que se afrontan como cuestiones meramente técnicas. El llamado diálogo social sigue siendo una lucha de clases puesta al día que, sin embargo, no se considera como tal lucha, sino como un mero dispositivo disciplinario que sirve para quitarle virulencia a esa lucha casi primitiva. Pero ese es solo un ejemplo.También he hablado de la tensión entre contribuyentes y banqueros, algo que no se puede ocultar por mucho más tiempo (el FROB se acaba en junio, salvo prórroga, y dimite Quintás) y que, sin embargo, también parece semioculto entre la maleza espesa de las noticias de un universo comunicacional que se banaliza y que no insiste, como debería, que lo primero para salir de la crisis es arreglar un sector financiero que sigue sin atreverse a desnudarse del todo. También hemos redescubierto lo que ya sabíamos, que los intereses de los distintos países de la eurozona no son coincidentes y se tornan a veces incompatibles como es el caso en el eventual rescate de Grecia en cuya discusión se está utilizando una mala teoría económica por parte de Alemania que parece olvidar que sus expotaciones dependen de la demanda exterior por sus productos a no ser que impulsen su propia demanda interior. Pero hoy no toca hablar de teoría económica. Sigue leyendo