Fondo de armario intelectual

El fondo de armario está formado por esos trajes o vestidos que han sido adquiridos a lo largo del tiempo sin demasiada atención a la moda pero que siempre sirven cuando las cicunstancias exigen seriedad y orden sin renunciar a una cierta prestancia. Ese fondo de armario no te va proclamar un Petronio o una Reina de la elegancia, pero nunca, siempre que su tamaño sea suficiente, te va a obligar a dar la nota, algo siempre desagradable aunque la des con una pieza de la última moda. Me parece que este fondo de armario propiamente dicho no tendría porqué aumentar con el tiempo aunque de hecho lo hace a medida que algunas novedades se hacen Vintage. En contraste con esta presunta estabilidad, el fondo de armario intelectual sí que ha de crecer con el tiempo si queremos que nos sirva para echar mano de él a fin de ubicarnos en un mundo cambiante aun sabiendo que a menudo necesitaríamos atrapar en nuestra mente alguna idea innovadora que permita lucirnos un poco en situaciones en las que el fondo de armario no cuenta con ninguna prenda adecuada.

Bastan un par de meses de estar fuera de combate para constatar que las circunstancias cambian, que los problemas se enconan y que, desgraciadamente, vivimos en un mundo en el que el fondo de armario se nos ha quedado corto. Despierto de un largo sueño y como si este me hubiera espabilado encuentro que casi todo lo que leo es como una pieza a la moda que no hace más que repetirse sin que haya calado en nuestra mente o al menos en la mía. Hay muchos ejemplos en todos los campos pero yo solo puedo singularizar unos pocos en mundo de la economía.

Lo primero que me llamó poderosamente la atención fue que cuando desperté la Constitución había cambiado. Se le había añadido una declaración de intenciones que más tarde se desarrollará en ley orgánica para poner coto al deficit estructural a fin de no volver a caer en un exceso de endeudamiento. Se repite ante la saciedad por parte de unos y otros que este cambio constitucional es una señal que se emite para ganar confianza ante los inversores que han de refinaciar nuestra deuda viva. Y sin embargo nuestro fondo de armario intelectual nos dice que todos sabemos que todos saben que el compromiso firme y definitivo no es nunca creible a no ser que pase lo que pase la medida que queremos sea creída mediante nuestro compromiso presuntamente firme nos favorezca en cualquier circustancia. La crisis de deuda que estaba en el candelero y sigue estándolo cuando despierto no puede solucionarse con esta forma de ganar confianza (que en realidad muestra que que una Constitución fácilamente modificable no es algo en lo que confiar) sino que se necesitan otras medidas novedosas que no pertenecen a nuestro fondo de armario intelectual.

Keynes sabía esto y esta es su enorme e imperecedera aportación:su capacidad para inventar mecanismo avant la létre para conseguir acuerdos entre las partes interesadas sin pretender que esos acuerdos serían permanentes. Si usáramos esta piza del fondo de armario mejor nos iría. Desde luego mucho mejor que recórdándolo como el que aconsejaba cebar la bomba sin mirar al endeudamiento subsiguiente. Era un amante del arte que volvía de Versalles con un cuadro debajo del brazo, alguien a quien debemos el Arts Council y un snob que hubiera hecho maravillas por tener una idea brillante, algo que no casa con la austeridad calvinista que nos invade.

Pues justamente una de sus ideas inteligentes y prácticas que parecen haberse olvidado pues extrañamente no la veo recordada con la frecuncia debida, es su idea respecto a las reparaciones de guerra que los vencedores querían imponer a Alemania como parte del Tratado de Versalles. Ya sé que parte de su argumento, como corresponde a su realismo, era la importancia industrial de Alemania que se debía volver a poner en marcha cuanto antes, pero aun cuando Grecia no sea tan importante industrialmente, lo es culturalmente de forma que Keynes mantendría su argumento. Y sin embargo solo parece escucherse por aquellos que predican un «quita y espera»simple cuyos detalles Keynes no se avergonzaría en delinear con lápiz y papel.

Otro ejemplo de lo que estoy intentando comunicar es el recurso fácil a la centralización de la fiscalidad europea mediante un Tesoro Unico. Esta idea ha estado ahí aunque nunca formó parte del fondo de armario, pero ahora que vuelvo a leer periódicos y blogs, me asombreo de la vigencia que ha tomado como idea fashion.No digo que esté mal y seguramente nos llevaría por caminos interesantes, pero se hace, con excepciones notorias, en base a ese horroroso sentido común, que nada dice aunque pretenda ser parte del fondo de armario, olvidándonos de la pieza más usable de este fondo de armario económico cual es la competencia así como de la más reciente idea de la posibilidad de la captura del regulador.

Y, finalmente, lo que me más me hace sentirme descolocado es que hemos dejado de hablar de actividad económica mucho antes de que hayamos convenido con la diagnosis y la prognosis de la crisis. Continuamos con las diferencias de opinión sobre cómo tratar la caida relativa de la actividad económica y el aumento del paro: a la Europea (o más bien alemana) o a la americana. Naturalmente no todos los países de la UE están de acuerdo y los demócratas y los republicanos discrepan en como sacar a los USA del pozo.

Podría continuar en este tono mencionando los problemas serios que el ajuste trae consigo en,por ejemplo, Educación, Sanidad o Finanzas y de los que se discute sin apoyarse en las ideas propias del competencia en los mercados ni tampoco en su aspecto de sistemas complejos. Ni fondo de armario ni novedades.

Empiezo a pensar, ahora que despierto, que igual mi retiro ha sido más largo de lo que creo y ya no hay ningún conservador del fondo de armario. Creo que me hago viejo.

Todo lo interesante es un punto de silla

A finales de los años 80 acudía a menudo a una reunión que, convocada por J.A Sánchez Asiaín, se celebraba en la torre del entonces Banco de Bilbao y que reunía a un grupo de personas de distintos ámbitos para desentrañar los secretos de un futuro que, en aquellos años, no parecía muy halagüeño. Yo, catedrático en ejercicio a la sazón me sentía como un joven turco y no tuve inconveniente alguno en encargarme en preparar un papel con el pretencioso título que encabeza esta columna. En palabras menos pretenciosas lo que yo quería explicar era que cuando el horizonte económico no está claro, lo que siempre ocurre después de una crisis, no hay más remedio que intervenir y que el acierto de la intervención se mide por la oportunidad del momento en que se efectúa y por la magnitud de la misma. Esto era, creía yo, lo que se ve muy claramente en un diagrama de fase que representa la dinámica de un sistema económico en cuyo viejo equilibrio estábamos antes de la crisis y a cuyo nuevo equilibrio queremos acceder desde la situación en la que nos ha puesto el correspondiente shock. Muy a menudo ese diagrama de fase nos muestra que el equilibrio es un punto de silla y que, por lo tanto, no hay sino una única y estrecha senda de vuelta al equilibrio sobre la que nos encontramos, de forma que si no hacemos algo la dinámica imperante nos alejará de él y nos arrojará a un infierno lleno de desajustes. Esto es lo que propició que yo pudiera escribir sin rubor que todo lo interesante tenía esta característica extraña de que, si no actuamos en consecuencia, podemos despeñarnos y de que si no la entendemos bien no sabremos siquiera porqué nos hemos despeñado.

En aquella época la situación era bastante apurada pues la crisis que se inició en Méjico a principio de los años 80, debido al incremento de los tipos de interés en los USA como consecuencia de la política antinflacionaria de la FED, generó una especie de default en toda el área latinoamericana que tuvo que ser rescatada mediante el esquema subyacente a los bonos Brady. No había más remedio que intervenir y el asunto crucial era cuando y en qué magnitud. La solución tardó en llegar, pero se realizó correctamente en el sentido de que se aumentó la madurez de la nueva deuda y se jugó a elegir entre una quita del principal de un 25% o una rebaja del tipo de interés.

Unos años más tarde, en el verano de 1997, cuando el baht tailandés perdió súbitamente un veinticinco por ciento de su valor, nadie anticipó que podía tratarse del comienzo de una crisis general. Sin embargo en el siguiente semestre la caída brutal de su moneda dejó a la economía en una situación bien descrita en los términos utilizados en mi pretenciosa aportación de hacía una década. Esta crisis financiera llegó a los vecinos (Indonesia, Corea, Malasia) y se propagó rápìdament a Rusia, a África y a América Latina otra vez.

Las enseñanzas de estas dos crisis para nuestra situación presente son bastante claras. La crisis mejicana nos debería advertir de que tiene que haber y hay una manera de ajustar una economía muy apalancada alargando el plazo de madurez, modificando el precio y aplicando medidas de ahorro soportables. Pero hecho en falta la aritmética y el cálculo de la tasa de crecimiento necesaria para cancelar la deuda en distintos escenarios caracterizados por un abanico de períodos de medurez, quitas y precios. La crisis del sudeste asiático, por el otro lado, nos debe alertar sobre los peligros puestos de manifiesto por Stiglitz cuando acusó, desde su puesto en el Banco Mundial, al FMI de confeccionar un único traje para todos y del estragulamiento de las economías en desarrollo por la exigencia de medidas fiscales exageradamente severas. Su polémica con Kenneth Rogof, a la sazón economista jefe del FMI, nos recuerda que el único camino a seguir es distinto para cada país. Pero en Europa hoy nadie parece acordarse de este debate.

No me parece a mí que la situación europea sea especialmente idiosincrática ni que la teoría haya cambiado tanto como para olvidar las enseñanzas que he reseñado. Hay que intervenir pero de una forma ad-hoc para cada país haciendo las cuentas de manera transparente, eligiendo el momento oportuno (ya pasado) y la magnitud adecuada según un esquema un poco más sofisticado que el de Brady y que permita a cada banco y a cada país elegir el nuevo vencimiento y el nuevo precio, manteniendo o no el mismo valor dependiendo de las normas contables que permitan o no considerar el arreglo como un write-off total o parcial, como un default o no. Es lo que, en el caso de Grecia, Francia ha empezado a anunciar y a lo que parece que Alemania no hace ascos. ¡Por fin!

Tampoco España es muy distinta de lo descrito. De hecho, como en todos los países, con muy pocas excepciones, se ha intervenido tarde y no se ha sabido diferenciar entre distintas líneas de gasto ni dosificarlas correctamente. Sin embargo lo que más me molesta de la situación española no es eso, sino que el gobierno no ha sabido escuchar a quienes tienen ideas y no solamente en cuestiones como el mercado de trabajo sino tembién en las cuestones aquí planteadas. Con la ayuda de estos investigadores España podría de hecho hacer una aportación significativa a la construcción de Europa que o bien se para sine die o bien, como suele, aproveha la ocasión para diseñar las instituciones que le permitan continuar con un experimento entusiasmante. Estas nuevs instituciones no tienen porqué ser necesariamnete las que se citan con frecuencia reclamando una mayor centralización política en general y fiscal en particular. Pero plantearán sin duda discusiones distributivas entre rentistas y trabajadores más o menos espúreas, pero que como todo lo interesante se presentan una vez más como un punto de silla dificil de alcanzar.

PENSANDO `AL BIES´

El 90 % de los científicos que han existido en la historia están vivos. Hace casi 40 años, cuando me doctoré, había tan pocos economistas importantes que haber podido estrechar la mano de Samuelson, uno de los más reverenciados por los actuales profesores de economía según un estudio-encuesta realizada por William L. Davis et al. ( Economic Journal Watch, vol.8,nº2,mayo 2011, 126-146) , era un hecho asombroso que esperabas poder contar a tus nietos. Pero hoy esos nietos aunque estudien Economía no pueden entender la adoración ya que ésta, en efecto, solo cabe cuando hay pocos dioses. Hoy el Olimpo está realmente a rebosar.

Pues bien, Samuelson decía que ningún trabajo teórico vale mucho si no se lo puedes contar a tu mujer. Mi mujer, que no es economista, me preguntaba el otro día si no sería cierto que yo le había estado engañando cantándole las excelencias de la extensión de los mercados cuando, según el documental Inside Job que ella acababa de ver, parecería que, aparte corrupciones varias, la clave del desastre estaba en la proliferación de mercados que iban desplazando el riesgo hasta el infinito sin que nadie tuviera incentivos a manejarlo además de calcularlo. Le contesté que no hay garantía teórica de que la extensión de mercados sea una mejora, (aunque yo así lo creía y lo sigo creyendo) pues solo lo es con toda seguridad cuando la extensión es total, es decir llega a cubrir todos los bienes físicos en todos los posibles y concebibles estados de la naturaleza, entendidos éstos como la descripción precisa de todas y cada una de las características relevantes del entorno. Naturalmente esta extensión es algo que solo es concebible en un límite abstracto cuyo mención y manejo puede servir como manera indirecta de pensar pero que, sin embargo, nos ayuda a alcanzar conclusiones importantes como, por ejemplo, que la regulación es necesaria aunque no sea fácil de diseñar ya que para ello sería necesario estar seguros de que vislumbramos el futuro y sus sorpresas con cierta precisión. Sigue leyendo

DEUDA: LO QUE DESCUBRE Y LO QUE REVELA

Si bien el problema de la deuda soberana es un asunto económico bien antiguo y relativamente bien documentado histórica y analíticamente, hoy, al final d la Gran Recesión, reaparece con unos perfiles específicos que han de incluir la existencia de deuda privada de hogares y empresas, externa o no, y que hay que estudiar sin dejarse cegar por las últimas noticias llamativas como pudieran ser la puesta en observación con perspectiva negativa por parte de Standard and Poors de la deuda estadounidense o la aparentemente inminente reestructuración de la deuda griega. Respecto a la primera podemos pensar que aumenta la probabilidad de una caída en la calificación debida a la falta de claridad de cómo esa economía va a manejar los peligros de un enorme déficit fiscal y el consecuente incremento en el endeudamiento público y, en cuanto a la segunda puede ser ya hora de que el hagamos caso a los agoreros y pensemos que su deuda va a tener que renegociarse con posibles quitas y empobrecimiento de acreedores. Además de esas dos noticias de última hora llevamos ya mucho tiempo hablando sin parar del problema del endeudamiento del diferencial de intereses, respecto al bund alemán, que hay que ofrecer pagar para colocarla.

Pero el endeudamiento requiere y merece una atención más afilada y no necesariamente más detallada pues, como un velo o como un cristal traslúcido enseña y encubre al mismo tiempo problemas de distinta naturaleza. El déficit y la deuda generan algunos problemas serios que solo se reconocen a largo plazo y, al mismo tiempo, ocultan con su apremiante exigencia a corto plazo esos otros problemas más serios relacionados con la competitividad de los distintos países. Por mi parte lo que pretendo argumentar es que lo importante es lo que el endeudamiento oculta mientras que lo que muestra es relativamente irrelevante. Sigue leyendo

PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA

Es imposible resistirse a la tentación de imaginar cómo será el mundo después de la batalla que hemos dado en llamar la Gran Recesión y de la que esa explosión de libertad que estamos contemplando en el norte de África quizá no constituya sino uno de sus efectos colaterales. ¿Cómo será el mundo para nuestros hijos y nuestros nietos? Pienso que ya es hora de que hagamos un primer balance destacando las tendencias que pueden servir como epígrafes clasificatorios de los trazos que diferenciarán los tiempos previos de la batalla de los que se avecinan. Estos son las que yo creo entrever: mis hijos tendrán que asumir y manejar una cierta dualidad social asociada a la nunca dormida lucha de clases, aprender a apreciar los valores de la nueva modestia propia de una clase media económicamente estancada y tomar postura ante las tentaciones autoritarias de arreglar de un plumazo problemas o inexistentes o ya viejos. Sigue leyendo

Bolsas, transparencia y diversidad

Se habla de los Mercados como unas fuerzas telúricas que obligan a los Estados a comportarse de ciertas maneras no necesariamente aprobadas por sus ciudadanos. ¿Qué diría Hegel? ¿Sería para él el Mercado como una encarnación del Espíritu Universal alternativa al Estado? Antes de contestar a esta pregunta filosófica debemos recordar que cuando últimamente se menciona palabra Mercados, nos estamos refiriendo a los Excahanges (Bolsas) o, lo que es equivalente, a los Mercados organizados en los que se intercambian títulos valores de diverso tipo y todos ellos relacionados directa o indirectamente con las posibilidades de un Estado de financiar sus déficits y conservar su independencia. Si queremos contestar siquiera mínimamente la posición de Hegel en su Fenomenología del Espíritu es imprescindible problematizar previamente la aportación de estos Mercados a la transparencia y al mantenimiento de las ventajas derivadas de la diversidad como garantía de resiliencia de este sistema complejo que es hoy la economía global. Sigue leyendo

Competencia `fratricial´y gobernanza global

En La Mirada del Economista de enero (Europa 2011) debatía indirectamente sobre la gobernanza de Europa. Hoy quiero elevar la mirada inquiriendo sobre el problema de la gobernanza global, pues, si fuéramos capaces de encontrar un principio-guía abstracto, es de suponer que de él pudiera extraerse algún corolario menos abstracto y más práctico sobre la gobernanza europea. Pues bien, aprovechando la lectura de la reciente biografía de Adam Smith de N. Phillipson (Adam Smith. An Enlightened Life, Yale U.P. 2010), pretendo argumentar que si nos tomamos en serio la unidad de pensamiento de este amigo de Hume y, como él, figura central del Scottish Enlightenment, puede que podamos hacernos una primera idea sobre cómo alcanzar una verdadera gobernanza global. Sigue leyendo

Europa 2011

Mucho antes de la crisis financiera se comentaba ya en las conversaciones informales de los economistas académicos cómo sería la futura división internacional del trabajo. Así se fue configurando una especie de sabiduría convencional que decía que China se especializaría en manufactura, Estados unidos en innovación tecnológica, Africa y Latinoamérica en agricultura y Europa en cultura. Se apuntaba hacia la decadencia de Europa. La crisis y su última fase que aúna hoy la guerra de divisas con los problemas concretos del euro, han ensombrecido todavía más el futuro imaginado de esa Europa en la que el eje franco-alemán no parece atender a las razonables requisitorias de incrementar el fondo de estabilidad financiera correspondiente a la eurozona o de hacerlo permanente, o de considerar en serio la posibilidad de emitir eurobonos cuya solvencia, al menos en parte, se garantizaría proporcionalmente entre todos. El año que se inaugura estos días va a ser crucial a estos efectos y los problemas inmediatos van a cruzarse con los menos urgentes pero más importantes relativos al reforzamiento político de Europa o, al menos de la eurozona. Sigue leyendo

UNA ORGULLOSA GUERRERA SOLITARIA

Habría fruncido el ceño sin abandonar la sonrisa y habría desgranado pausadamente las razones por las cuales ni era vanidosa, a pesar de que estaba orgullosa de algunos de sus logros, ni era solitaria, pues disfrutaba de la compañía de los muchos amigos y amigas que atesoraba, ni peleaba mas allá de lo que su sentido de la verdad le exigía. Como siempre hubiera tenido razón y, sin embargo, la profunda huella que ha dejado entre amigos, profesores, colegas y alumnos no es del todo independiente de su particular manera, sin duda heredera de su castellanía vieja familiar, de compartir éxitos, de emprender aventuras o de pelear por lo que era su firme y razonada creencia. Y en una especie de lección a modo de testamento se ha marchado sola, a los 52 años, sin concesiones, sin querer dar pena, rodeada sólo de sus padres, hermana y sobrinos y sin dejar que viéramos por última vez su rostro lleno de la luz y de la belleza de la inteligencia. O quizá, quien sabe, por no vernos llorar.

Los tres compartimos años en la Universidad Carlos III. Licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad del País Vasco llegó a la Carlos III no sólo con entusiasmo juvenil, sino, también, con un bagaje nada trivial. Admitida en varias universidades punteras de los EE.UU., eligió Princeton y fue la primera mujer española que obtuvo un doctorado, en 1985, por esa prestigiosa universidad. De allí volvió con una mochila llena de ideas sobre microeconometría y el cuidadoso uso de los datos, que la convirtieron en una especialista en Economía de la Educación, un área de estudio que de una u otra forma ha cultivado toda su vida.
Se dejó arrastrar en 1990 por uno de nosotros desde Bilbao para colaborar a poner en pie una universidad nueva que respondiera a los valores en los que ella creía, disfrutó de lo que Madrid ofrecía intelectual y artísticamente y trabajó muy duro para iniciar y mantener durante años un máster en economía de la Educación, muchos años antes de que los másteres se generalizaran, que abría las puertas a una profesionalidad a la que hoy todo el mundo apela, pero que en aquel comienzo de los años 90 casi nadie apreciaba. Se desvivió por sus estudiantes y era emocionante observarla subrepticiamente derrochar energía en beneficio de aquellos alumnos y alumnas a horas intempestivas.

Entre 1994 y 1996 fue asesora del Secretario de Estado de Universidades e Investigación y desde 2000 a 2004 fue Vicerrectora de Alumnos y de Convergencia Europea en el equipo de gobierno de Gregorio Peces-Barba. Su trabajo abrió el camino que ha facilitado la rápida adaptación de la Universidad Carlos III de Madrid al espacio europeo de educación superior con el actual equipo de gobierno.

Su compromiso con la Universidad pública y con la calidad de la enseñanza ha dirigido una parte importante de su vida. En 2004 es nombrada Ministra de Educación cargo que ocupó hasta 2006. Sus intereses intelectuales desbordaban su ambición académica, de forma que no creemos exagerar si afirmamos que nadie ha llegado al Ministerio con menor experiencia política y mayor mochila de ideas, no necesariamente el mejor equipamiento para una posición como la que alcanzó. No se envaneció y tampoco lloró en público cuando fue cesada de manera un tanto abrupta a los pocos días de sacar adelante la vigente Ley de Educación. También tenía reservas para sacarle jugo a la vida.

Y la mezcla de la Embajada permanente de España ante la Unesco, el ambiente de París lleno de incitaciones intelectuales y artísticas y la cercanía relativa al tema de la educación, creemos que le proporcionaron los mejores años de su vida. Años abiertos a sus amigos de todas partes, años repletos de entusiasmo por lo que hacía pero, como siempre, vividos con el recato de una luchadora aparentemente distanciada y sin embargo tan cerca de sus amigos, de su familia y de sus adorados sobrinos, su única debilidad conocida y que la hace todavía más inolvidable.

DANIEL PEÑA
Rector de la Universidad Carlos III de Madrid

JUAN URRUTIA
Ex-Presidente del Consejo Social de la Universidad Carlos III de Madrid

La guerra de divisas y los problemas del euro

Me gustaría escribir un ensayo didáctico sobre la inestabilidad cambiaria que caracteriza esta tercera fase de la crisis explicando cómo podríamos inmunizar a cada país a partir de un mecanismo central que sirviera para empoderar a todos los países simultáneamente de forma que pudieran hacer su santa voluntad sin necesidad de mirar de reojo lo que hacen los demás. Se trata de un tema de actualidad rabiosa puesto que la última reunión del G20 en Seúl no ha tenido éxito en solucionar «la política de empobrecer a tu vecino» que deriva en una «guerra de divisas», dos manifestaciones de lo que querríamos evitar con ese mecanismo supranacional y puesto que, como decía Miguel Otero Iglesias en Expansión el 1 de diciembre, la política de austeridad impuesta en la zona euro por Alemania, y que tantos sustos nos ha estado dando, puede verse como otra «guerra de divisas» alentada por Alemania que, como China, es un país exportador con un superávit externo. Para aclarar los conceptos usaría el método didáctico del “supongamos”. Sigue leyendo