Otra pausa

Tel Aviv

A principios de año escribí este post transmitiendo que nos íbamos a Tenerife con hijos y nietos y sin ordenador pues no que quería distracciones. Mañana me voy, esta vez solo aunque con amigos de Los Angeles, a Tel Aviv y, otra vez, sin ordenador. Será una semana corta, pero espero que me de tiempo para contemplar muchos de esos lugares de los que tanto he leído y estudiado en mi niñez escolar, de Belén a Nazaret pasando por Jerusalem y Haifa.

En realidad lo hago en honor a mi madre que tantas veces me dijo siendo niño que me llevaría a Tierra Santa a donde ella había ido con amigas de soltera y en donde había cabalgado en un camello cuya foto me enseñaba a menudo. Pero eso no quita para que yo vaya con esperanzas de contemplar mucha historia aunque tampoco pienso sacar ni una foto.

Espero que la inestabilidad relativa de la zona no me estropee la escapada.

Gorrión rojo (Red Sparrow)

Gorrion Rojo cartel

Me voy haciendo a la idea de la jubilación y me permito escapadas que todavía se me antojan un tanto disparatadas. Por ejemplo ayer me escapé a media tarde al cine y me fui a ver Gorrión Rojo a un cine cerca de casa. Me sentí como haciendo «pira», pero acabé dándome cuenta que ya no hay esa cosa en mi caso.

La película fue de mi gusto por tres razones todas ellas relacionadas con mi sentido cinematográfico desarrollado en mi juventud o primera madurez:

  1. No se entiende todo, como en la vida misma y, al menos yo, me quedo con la duda de quién está en qué bando, algo que siempre me ha parecido es lo que ocurre en la realidad a pesar de todas las declaraciones.
  2. Está filmada como antes, sin estridencias ni nuevos enfoques con lo que la experiencia me trae a mi juventud y sigo pensando que aquel cine era mejor que el de ahora.
  3. Me siento como cuando he leído al autor de El Topo o de El Espía que surgió del frío, ambas de John le Carre. Siempre está la tensión entre la lírica y la épica.

La Goulue otra vez

La Goulue Restaurant

Tengo el recuerdo vago de que hace años escribí en este blog bastantes posts sobre una pequeña agenda de notas muchos de cuyos ejemplares había afanado yo en un restaurante de New York y que me sirvieron para iniciarme en la toma de notas rápidas para luego meditar sobre ellas. El restaurante se llamaba La Goulue, en referencia a esta bailarina un tanto descarada de la belle epoche, y este es el nombre que aparecía en la tapa de esa pequeña agendita. De hecho durante años he viajado con ella y las notas tomadas en ella están debajo de no pocos posts, como este, por ejemplo.

Cuando hace unos pocos días veo a la Goulue pintada por Toulouse-Lautrec en la exposición del Canal, me acordé de este restaurant que creía había cerrado y consultando con la Wikipedia y me enteré que ya ha reabierto y cerca de donde estaba. Si antes estaba a la altura de la 68 ahora está a la de la 61. Pero vuelve a ser un referente en esa parte de Manhattan en donde a menudo he soñado con vivir.

Lo que no he conseguido averiguar si en el nuevo establecimiento vuelven a tener los cuadernitos de notas. Si los tuvieran me atrevería a comprometerme con volar a New-York pues con unas docenitas de estas agendas tendría asegurada mi productividad intelectual por años. Quizá para todos, cosa que no puedo asegurar con las agendas diminutas que he usado hasta ahora en sustitución de La Goulue.

Mi madre, Tierra Santa y mi mujer

Jerusalem

JerusalemNo encuentro la foto por mucho que busque, ni parece que la tenga mi hermana. Era una instantánea de mi madre montada en un camello en lo que entonces se llamaba Tierra Santa algo que para ella era menos amplio que la Tierra Prometida de los judíos. Mi madre estaba soltera y fue con unas amigas que cuando yo era niño todavía venían por casa y a las que yo llamaba «tías». Supongo que debían ser los años treinta e Israel, como tal estado independiente, no existía todavía y seguramente antes de la guerra civil española. Lo que sí recuerdo es que cada vez que me mostraba esa foto me prometía llevarme un día a Tierra Santa en donde estaba el origen de la verdadera religión: la nuestra.

Pero fue pasando el tiempo y la promesa nunca se cumplió. La guerra mundial y la posguerra española fueron las causas primeras y más tarde aparecieron otras como el Parkinson de mi padre y la edad de ella que me me dio a luz con más de cuarenta años. Y supongo que sobre todo sería el nacimiento del Estado de Israel, algo que no creo que ella entendiera muy bien; pero que ya no permitía hablar de Tierra Santa.

Siempre he pensado en ir algún día en su honor; pero nunca lo hecho por mucho colega judío con el que haya hecho buenas migas en mi carrera académica. Hasta ahora en que, al día de hoy, tengo programada casi una semana entera de estancia en Tel Aviv desde donde espero poder visitar no solo Jerusalem, sino otros de los lugares sagrados para los cristianos y cuya historia me fue inculcada por años de estudio, como asignatura de Historia de la Religión

Y, desde luego, visitar algún Kibutz pues esa institución no es simplemente una colonia sino toda una forma de vida en la que se trabaja en hermandad y, en mi caso, representa sobre todo una tentación de los años 60 del siglo pasado donde las comunidades eran eso, una verdadera tentación. Una con la que engatusé a la que hoy es mi mujer y lo ha sido los últimos 50 años.

Una Pausa

Aniversario

AniversarioPor primera vez en muchos años, a partir de mañana estaré más de una semana sin mi ordenador portátil. No es que no pueda llevarlo en la maleta al sur de Tenerife y utilizarlo allí mientras conmemoramos, Marisa y yo, nuestras bodas de oro. Fue el 3 de enero del año 1968, nada menos que el sesenta y ocho, año mítico donde los haya. Podría, pero no quiero pues lo que deseo en fecha tan señalada es acercarme a aquella época lo más posible y en aquel entonces no existía esta tecnología digital.

En cualquier caso estaremos acompañados por hijos y nietos y tanto Rafa como Itziar seguro que no se desprenderán de sus tablets por lo que tendré que hacer un gran esfuerzo para no pedirles permiso para utilizarlas y entrar en mi ordenador por si ha llegado alguna de esas noticias que no me llegan al teléfono móvil. Espero ser capaz de no hacerlo y de volver cincuenta años atrás y recuperar parte del entusiasmo con el que enfrentábamos una nueva manera de vivir.

Estar en medio del océano y alejado de toda tentación de pertenencia a nada es el equivalente espacial de la pausa en el tiempo y ambos juntos conforman una forma de entrar en una nueva vida totalmente alejada de nostalgia alguna. No, no cabe la nostalgia pues se necesita en estos días toda la energía posible para enfrentar un mundo en pleno cambio, al menos tan pleno como el de aquel año mítico que marcó nuestra juventud y nuestra vida adulta por lo menos hasta ahora.

Ni (tan) siquiera

Palabras RAE

Palabras RAEEstos últimos días se nos ha contado por todos los medios que la RAE ha permitido la inclusión de muchas palabras nuevas que aparecerán en breve en la edición impresa del correspondiente diccionario. Basta con examinar algunas que aparecen en la red como, por ejemplo aquí, aquí y aquí, para admitir que, en todo caso y sean o no refinadas, son bien reconocibles.

Pero notemos que, con la excepción de algunos verbos, se trata de sustantivos, esos elementos del lenguaje, de cualquier lenguaje, que son fáciles de aprender y asimilar. De acuerdo; pero ¿qué pasa con adverbios como ese «ni tan siquiera»? que yo uso tanto. En mi paseo de esta mañana me he vuelto loco pensando en esa expresión a la que no encontraba sentido ninguno y que, al cabo de un largo tiempo de repetírmela, ni tan siquiera me sonaba.

Un trocito de Iparralde

Iparralde

IparraldeEran otros tiempos y la primera vez que, de niño, atravesé la frontera de Hendaya para ir a Lourdes fue toda una aventura, no tanto por todas las muletas y bastones colgados del techo de la gruta como muestra y prueba de las curaciones milagrosas de la Virgen María, sino sobre todo por la aventura de engañar a los guardias civiles a la vuelta con el contrabando de platos duralex y coñac francés. Sin embargo no es la parte aventurero lo que más recuerdo, sino el enorme cambio ambiental que se producía en unos pocos kilómetros. Iparralde era un lugar limpio y sereno en el que la imaginación infantil se perdía muy fácilmente como si se tratara de un paraíso inalcanzable. Las casas donde vivía la gente eran preciosas y estaban limpias.

Esta pulcritud austera, sin alharacas fue una impresión que todavía conservo. Y, de hecho, es el mejor exponente de lo que considero la más digna de las formas de vivir. Es quizá por esa razón que, a menudo, incluyo en mis paseos obligados esa callecita que me lleva desde el restaurante Jai Alai hasta el Paseo de la Habana pasando por la Plaza del poeta Manuel del Palacio en la que hay dos casitas en una de las cuales debería vivir yo aunque yo no sea de Iparralde sino de Hegoalde.

y la plaza correspondiente

¿Otoño?

Dicen, o mejor, decían, que no llegaba; pero algunos signos eran evidentes. El primero el de la caída de las castañas de los castaños de nuestro jardincito; pero como ya nos conocemos, las castañas y yo, este año no me han golpeado el coco. Pero Halloween es inevitable; tanto que nuestros nuevos vecinos de la casa de al lado pusieron una clavera en una ventana que veo constantemente mientras hago gimnasia y los niños de la vecindad tocaron el timbre en busca de caramelos, esos caramelos de los que este año disponíamos.

Pero en contra de estas evidencias nos encontramos con una falta de lluvias que empieza a ser preocupante y con una caída de las hojas de los árboles nada contundente. Sí, estas hojas ya cambian de color, pero no caen en las cantidades a las que estaba yo acostumbrado. Y tengo una prueba definitiva. Esta gimnasia a la que me referido en el párrafo anterior me lleva a recorrer un espacio relativamente pequeño y a hacerlo de oeste a este, desde la biblioteca hasta la ventana que da al jardín de mi otro vecino y deja al norte al de la calavera. Hace unos años taló mucho los árboles de su jardín y dejó un pequeño brote que surge de una rama mayor y mira al cielo, un nieto de árbol que observo muy a menudo y que, poco a poco, me ha ido recordando más y más a un pene circuncidado.

Y una extraña sensación me recorre el cuerpo al recordar mi propia fimosis infantil. Pues esa sensación este año se hace esperar porque las hojas de ese árbol abuelo del árbol nieto no acaban de caer y ocultan este fruto del otoño.

Luna llena

En la noche del jueves pasado la luna llena presagiaba un cambio muy grande. ¿En qué? Creo que en todo; pero yo pensé, por la influencia del asunto catalán, en un cambio en el procedimiento. Desde siempre he pensado que el cómo es muy a menudo tan importante como el qué y, a veces, es constitutivo de ese qué.

Pensemos en el derecho procesal público si es que hay algo que pueda denominarse así. De existir parecería que debería haber entrado en juego justo después de la decisión de aplicar el artículo 155 de la Constitución del 78. En esa aplicación se puso a los ya exconsellers a disposición de la Audiencia Nacional y a la mesa del Parlament a la del Tribunal Supremo. Como ya se sabe la juez Lamela metió en la cárcel preventivamente a todos los exconsejeros presentes por posibles delitos como rebelión, sedición, etc. mientras el Juez, Llanera creo que se llama, del Tribunal Supremo, concedió a los parlamentarios una semana adicional para preparar su defensa.

Pero en la prensa digital y en la televisión he creído entender que la Audiencia, además de esa prisa que hubiera podido producir indefensión, no es competente para alguno de esos delitos. Quizá he entendido mal o quizá no; pero lo importante es que la prensa de España no ha sabido, o no ha querido, plantearse en serio estas disyuntivas procesales.

Lo que la luna llena nos decía es que todo deberá cambiar y cuando la luna dice eso hemos de entender que el cambio ha de incluir el respeto al procedimiento que es, justamente, la garantía de la presunción de inocencia.

Horóscopo

El pasado domingo 29 de este mes de octubre que acabó ayer Karin Silveyra dio en el clavo como siempre:

Mil ideas sin concretar! Es inútil solamente soñar con ojos cerrados y/o abiertos. Sea valiente y concrete su deseo

Estoy en ello y un tanto perdido. Tengo que preocuparme de la segunda edición de El Síndrome de Capataz y he de perfilar definitivamente su continuación bajo el nombre de Conocimiento y Sabiduría. Espero tener un borrador limpio para el fin de semana.

Pero luego ¿qué? He pensado recluirme para investigar no solo los escritos pasados que ya tengo localizados, sino también esos otros escritos nunca publicados y por ahora almacenados en unas 20 cajas de cartón bien grandes. Sin ninguna finalidad especial más allá de la de recordar ese pasado reciente pero definitivamente pasado.