Comentario

Faroladas

Hace un par de días, después de escribir mi último post sobre Dublín, recuperé un poco de memoria. Por un lado me dí cuenta que ya había escrito un post similar hace años y, por el otro lado, encontré el libro Faroladas que para mi sorpresa incluye casi todas las Navegaciones de un Economista, escritas hace mucho tiempo.

En cuanto a lo de Dublín creo que esa memoria inconsciente tiene mucho que ver con el tiempo atmosférico de estos días en Madrid, frío y húmedo. Sin duda como en Dublín y como en ese caso vuelvo a pasear con el paraguas y la gabardina descubriendo cosas nuevas en materia de edificios y cafeterías y tomo el autobús para llegar al centro y, desde el, volver a mi casa en Glasnevin en donde está ese cementerio tan importante en el Ulises de Joyce. En este caso la pérdida de memoria actual renueva la antigua,

Pero lo de Faroladas es diferente. Tratando de hacerme una idea de mis trabajos en el blog de hace muchos años me topo con algo denominado Las Divagaciones de un Economista, una colección de posts que no se justificaban cada uno por sí mismo y, sin embargo, podrían tener algún valor en conjunto. Y en ese momento recordé que, a la sazón, no parecía correcto publicarlos con ese nombre y que, sin embargo, podría tener una cierta gracia si la colección se titulaba Faroladas. En este segundo caso la cronología era la opuesta a la del primer caso. Iba en cierta manera del pasado al presente.

La boina hacia la izquierda en El Caserío

El Caserío, Jesús Guridi

Hace algunos días sugería en este blog que la inclinación hacia la izquierda de la txapela era, junto con el rabito, un signo identificativo de la verdadera boina vasca y, en consecuencia, los verdaderos vascos solo la usan así. Sin embargo me ha entrado una duda a raíz de mi asistencia en el Teatro de la Zarzuela a la representación de El Caserío de Jesús Guridi.

Si bien el bajo, Santi en la historia, alcalde del pueblo y propietario de Sasibil, usa un precioso sombrero de copa, y que los jóvenes usan todos boina inclinada hacia la izquierda, las jóvenes del ballet que bailan los momentos musicales más preciosos, la llevan roja e inclinada hacia la derecha. Eso me ha hecho pensar que el tipo de inclinación es en sí misma también una identificación del género de su portador.

Equilibrio en el cambio climático

Cambio Climáticu

Últimamente se habla mucho del cambio climático y de las cosas que habría que hacer para controlar sus efectos. A mi se me ocurre que una solución sería la de eliminar a la mitad de la población pues de esta manera se volvería a un cierto equilibrio. Pero me doy cuenta de que esta solución demuestra que no se sabe muy bien lo que tenemos que entender por equilibrio. E inmediatamente llegan a mi mente las muchas ideas que se han esgrimido en Teoría Económica a este respecto.

En este ámbito económico hay una distinción crucial entre Equilibrio Parcial y Equilibrio General. En Microeconomía por ejemplo podemos tener en cuenta todos los estados futuros de la naturaleza o solamente los de hoy y mañana. En Macroeconomía, como otro ejemplo, podemos agregar más o menos las principales variables. Cuando pretendemos pensar de forma práctica tendremos que elegir entre expectativas simples y expectativas racionales. Y más en general podemos introducir más o menos generalidad.

En cuanto al cambio climático y sus efectos en la naturaleza y en la sociedad y su economía deberíamos también saber cuántas otras variables habríamos de tener en cuenta y cómo hacerlo para modelar las reacciones de los seres humanos u otros elementos de la naturaleza sobre precisamente las otras variables o sobre la propia temperatura.

Vallejo, Bernhard y Houellebeq

Fernando Vallejo - Memorias de un hijueputa

En el periódico El Mundo del lunes pasado, en su sección «la esfera», había una entrevista a un escritor enormemente atractivo llamado Fernando Vallejo originalmente colombiano y más tarde mexicano. La lectura de EL Mundo me hizo recordar al austriaco Thomas Bernhard y luego a ese gran escritor francés, Michel Houellebeq. Los tres utilizan un nombre propio distinto de aquel que les impusieron al nacer y los tres son, como yo, unos perfecto Kontraren Kontra siempre de frente a las opiniones e instituciones más importantes del sistema político en el que crecieron.

De hecho los leí casi en el orden en que los he mencionado. El primero fue el colombiano Vallejo, casi simultáneamente con Gabo, al que machacaba, para seguir con Bernhard y su enrabietada noticia de Salzburg y terminar bastante más tarde con la crítica radical de Houellebeq a los valores burgueses franceses. Los tres tuvieron una familia poco acogedora y fueron educados en formas poco convencionales.

Y esta falta de seguimiento de las convenciones ha sido mi clave en el ejercicio de la profesión tal como explicaba en
Expansión como hace unos 10 años. El contenido de este trabajo es todavía bastante adecuado a la situación actual.

¿Qué hacer?

Son ya dos meses desde que me juré a mi mismo que retomaría la escritura para siempre; pero no lo he hecho. Las razones aunque verdaderas no consiguen convencerme del todo. He vuelto a sentirme un enfermo con las enfermedades de siempre y añadiendo una especie de mareos que me atacan siempre en momentos inesperados. He utilizado todo ello para vaguear bastante.

Pero el otro día volví a leer Conocimiento y Sabiduría y pensé que aunque no me gusta mucho puede ser mejorado y constituir un nuevo comienzo.

Fisio, masaje, gimnasia

Sesión de fisioterapia con acupuntura

Para mi sorpresa he recibido esta mañana la llamada de Alba, mi fisióloga del verano pasado en Foixà, y hoy al anochecer recibiré mi último masaje hasta septiembre. Hace ya unos días mi entrenadora se fue de vacaciones y mi ayudante, Agata, se ha ido de vacaciones. Desde mañana me puedo permitir no hacer nada por mi cuerpo. Pero no estoy seguro que eso sea lo que deseo. Son casi dos meses sin fisiología, sin masaje, sin entrenamiento y sin organización de papeles.

Hay amigos que me dicen no me abandone y que siga practicando todas esas actividades a mi manera. Se lo agradezco; pero tengo experiencia y se de antemano que me limitaré a comprar los periódicos, pasear por una u otra playa con algún chombito y mucha lectura sobretodo de ficción.

Otros amigos me aconsejan que intente escribir una vez más aquellas historietas inventadas que, al parecer, gustaron en su día. Me lo pensaré; pero lo que más me gustaría es iniciar un nuevo relato gordo. Ya veremos.

Zer egin

Todavía no estoy en disposición de escribir sin parar todas las mañanas y todas las tardes. Justo cuando comienza el verano se acumulan un montón de tareas que no puedes dejar para más adelante. Tendré que esperar hasta mediados de julio; pero a partir de ahí no tendré disculpa alguna.

Lo que necesito es una idea para comenzar y luego continuarla en direcciones no previstas. Lo primero es decidir si quiero escribir ficción o prefiero iniciar un ensayo sobre, por ejemplo, los cambios en la política y sus orígenes tecnológicos. O quizá una por la mañana y otra por la tarde.

Vuelta a mi vida

Mis experiencias con los miserables ya han dado de sí tanto como es posible y he superar las enfermedades y otras cosas chungas para reincorporarme a la casa y el patrimonio que nuca quemé. Resulta suficiente como para ir construyendo mi presente y preguntándome por él.

Salud, Dinero y Amor

Estoy recuperando mi bienestar general. Ya puedo caminar con cierta facilidad, los médicos parecen haber dado en el clavo en su diagnosis y, curiosamente, esto del deseo lejos de acabarse, se potencia a partir de una cierta edad.

En esto pensaba el otro día cuando me vino a la cabeza aquella vieja canción de Gigliola Cinquetti:

Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios. Pues, con ellas uno vive libre de preocupación, por eso pido que aprendan el refrán de esta canción. El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide, la salud y la platita, que no la tire, que no la tire.

Debe de ser la edad; pero lo cierto es que lo del deseo no me preocupa; pero caminando por Bilbao para hacer mis recados para los que había ido allí, la idea de las finanzas no me dejaba disfrutar de ese mi Bilbao natal pues acababa de leer en el periódico local que una cierta sala del Tribunal Supremo pasaba a la Banca la obligación de pagar el porcentaje correspondiente a las hipotecas y, por otro lado, la salud no acababa de volver a mis entrañas, no a mis huesos.

Tendré que esperar a mi médico de cabecera para que me explique las opiniones de los técnicos acerca de las pruebas que acababa de realizar y esperemos que ese dictamen sea razonable. Y respecto al dinero ya me valgo yo solo para entender que las bolsas mundiales no tienen un enorme porvenir inmediato, especialmente si dependen en una medida grande del sector financiero.

O sea que no me queda más que el amor.

Bruselas salva la libertad y me da la vida

Dominio publico

Me he encontrado con que la última entrada ha levantado una enorme suspicacia en mucha gente que no se atreve a añadirle un comentario porque creen que estaba anunciando mi muerte, prefieren llamar alguien que me conoce y ellos también conocen para ponerse al día de mi estado de salud. En algunos casos me ha llenado de sorpresa y me parecen que esas personas no distinguen la realidad de la literatura a pesar de los muchos escritos que se centran en la cercanía de la muerte del propio autor y en la manera que tiene de enfocarla.

No se cómo actuaré yo en esas circunstancias aunque me estoy empezando a enterar a medida que con la edad mi cuerpo parece adquirir una cierta autonomía para el mal. No me produce nostalgia ni miedo; simplemente un enorme cabreo que se trasluce en mi forma de escribir en este blog o en otros muchos lugares bajo mi nombre propio o tomando el papel de «negro», cosa que ya he confesado en otras ocasiones, como, por ejemplo, esta ya vieja.

Esta figura del «negro» está claramente relacionada con el copyright, esa figura legal que tanto cabreo generó en mí cuando concentré mi atención en los derechos de propiedad en general. Y ahora resulta que no pocos autores querían reforzarla en esta época de Internet cuando parecía que ya habíamos alcanzado cierta libertad. Por eso la negativa de Bruselas a aceptar ese refuerzo me ha producido una gran alegría.