Redes

Topología de redes distribuidas

TVE se ha puesto finalmente al día y detrás de la bilbaína Ana Blanco aparece en el telediario del mediodía un cielo en el que se distingue una red, es decir unos puntos pegados unos a otros mediante lineas. Y no solo ahí, sino que, desde hace tiempo, en muchos otros lugares de esta cadena aparecen esas redes más o menos densas.

Esta visión me ha recordado cuando, bastantes años atrás, proliferaron las publicaciones sobre redes. Entre ellas varias de David de Ugarte de hace más de diez años. Durante una buena temporada estas publicaciones fueron cruciales para volver a entender los sistemas económicos de una manera alternativa pero equivalente a la que se fraguó desde la época de Arrow y Debreu.

En el año 2008 escribí aquel librote titulado El Capitalismo que Viene en el que pretendía unificar el tratamiento de muchos problemas económicos y sociales además de políticos en base a estas ideas sobre redes que tanto me obnubilaron en aquel entonces  y me siguen encantando. En una especie de segunda parte del Sindrome del Capataz, que pronto verá la luz, he pretendido apoyarme en aquellas ideas que ya son bastante conocidas para explicar lo que es una Good Life. Parte de la explicación es política, otra es económica y otra política. Centrándome en la económica escribía lo que sigue:

Comienzo por… la manera en que se forman las comunidades a partir de un juego evolutivo consistente en formar parejas aleatoriamente y en cada momento hacerles jugar un juego cualquiera de manera que se va formando una red, un proceso en el que van apareciendo hábitos sociales hasta que se llega a un equilibrio del juego evolutivo que se denomina Estrategia Evolutivamente Estable o también equilibrio a prueba de mutantes pues a nadie le interesa salirse de la pauta de conducta de equilibrio.

Ahora bien en el equilibrio del juego evolutivo se da a fraternidad, término  este que incluye la amistad y el placer de estar juntos. Esta Fraternidad implica dos características cruciales como son  la confianza mutua y la credibilidad de los compromisos. Si  la red en la que estamos es distribuida de verdad nos topamos con la posibilidad de la Abundancia porque, a) disminuyen los costes de transacción por la confianza mutua, b) se da el efecto red o Efecto Mateo según el cual «al que tiene se le dará» debido precisamente a que entrar en en una red disminuye los costes y c) se dan las economías de alcance según las cuales se gana más ampliando el abanico de productos fabricados por una empresa que aumentado la producción de un solo producto. En el límite estamos en el equilibrio de la competencia perfecta en un mundo digital como el de hoy.

Pero la aportación de las ideas de redes no solo ayudan al entendimiento profundo de la Economía, sino que además ahora mismo ayuda a la comprensión de la Política y de los cambios que en esta campo se ven venir como por ejemplo el multipartidismo que ha aparecido tras las últimas elecciones. No es pues de extrañar que hoy, y para entender el cambio político que se acaba de generar, necesitemos ideas de redes y una de esas redes es lo que tanto PSOE como UP pretenden comenzar a organizar ya.

Y más en general parecería que cuestiones casi prohibidas como el nacionalismo o el confederalismo estarán pronto en el centro de la política.

Impresionismo y Expresionismo

Kunsthalle Bremen

Aprovechando el pasado «puente» de Todos los Santos nos fuimos a Las Arenas a fin de pasar allí el mal tiempo que se preveía. No fue para tanto con la excepción de una noche en la que el viento no me dejó dormir; pero cuando amaneció salió un poco el sol y el Abra se puso muy bonita. Así que nos decidimos a visitar los dos buenos museos de Bilbao, el de Bellas Artes y el Guggenheim. Hoy me voy a limitar a reflexionar sobre algunos aspectos de una de las exposiciones de este último, la presentada como Kunsthalle Bremen. Estsala nació hace casi dos siglos en Bremen gracias al esfuerzo de algunas familias ricas de la ciudad, las mismas que apoyaron su desarrollo posterior. Justamente como el Bellas Artes de Bilbao.

La exposición en Bilbao ofrece, en el Guggenheim entre otras cosas, dos salas muy amplias del Impresionismo y el Expresionismo respectivamente con énfasis en pintores alemanes; pero sin olvidar los franceses. No me encuentro con fuerzas suficientes como para disertar sobre los artistas y me limitaré a tratar de plasmar por escrito una idea que explotó en mi cabeza a lo largo de la mañana lo que generó mi falta de atención hacia las otras exposiciones de este Guggen.

Pensé que ambas escuelas se desarrollan alrededor de la realidad. Esta nos llega a través de los sentidos y, cuando uno no es ciego, sobretodo alrededor de la vista. Pero sobre esta naturaleza se ha discutido ad infinitum. Podríamos decir que los impresionistas no ponen en duda la naturaleza de la existencia de esa realidad y tratan de embellecerla, cosa que agradecemos los que no somos artistas sin poner en duda su existencia, mientras que los expresionistas intentan más bien romperla para conocer mejor los intríngulis de esa realidad.

Le dí muchas vueltas a esa idea simple y finalmente concluí que yo mismo en mi trabajo de Economía he utilizado ambas aproximaciones, impresionista en la Micro y expresionista en la Macro, tratando de fundamentar la segunda en la primera. Unas gotitas de Macro permiten la idea de expectativas no racionales y la consiguiente dependencia de lo esperado permitiendo así su influencia.

¿Son mis vecinos irlandeses?

Ventana en otoño

Desde la habitación en que hago gimnasia por las mañanas veo la casa y el jardín de mis vecinos recientemente incorporados a la zona de Madrid en donde habito. Ahora que comienza el otoño veo con toda claridad dos ventanas, una en cada uno de los dos pisos centrales del chalet de al lado. Esta mañana me he dado cuenta de que la persiana de cada una de ellas estaba subida exactamente hasta la misma altura que lo estaba ayer; pero con una precisión difícil de obtener por la mano humana. Me he quedado extasiado y he descubierto que así es todos los días. He empezado a temblar.

Mi temblor se debe a que he recordado de pronto aquella pequeña serie que publiqué en este blog y que denominé La Flecha Emplumadaa y que me llevó a sufrir la sensación de persecución por parte de la firma Skoda. En aquella ocasión todo terminó bien pues si bien la persecución era cierta resultó que esta empresa trataba de dar conmigo como descendiente directo de aquel señor que había regalado a su mujer al principio de la guerra civil española un automóvil de esa marca que le fue requisado por las fuerzas franquistas. Y, claro está, me pregunto si esta posible persecución de mis vecinos trata de darme algo o de quitarme algo.

Seguiré vigilando y si es necesario me presentaré en su casa a pedir explicaciones. Pero antes debo imaginar una cierta forma de vigilarles yo a ellos. Para ello he de fijarme en todos los detalles. Para empezar su jardín está protegido de la vista de los escasos peatones que caminan por la estrecha carretera mediante un seto de vegetales que ahora con el otoño se ha convertido en verde, rojizo y blanco. Casi todas las banderas tienen estos tres colores; pero en este otoño y este clima me recuerdan a la de Irlanda con sus tres franjas verticales con una franja blanca separando a la anaranjada o rojiza y la verde, evitando así los roces entre los representados por una y otra de estas dos últimas.

Que un país que durante muchos años luchó por librarse del U.K. y que, por fin consiguió su independencia, simbolice en su bandera el deseo de paz entre unos y otros, católicos y protestantes, es digno de admiración y de enseñanza en estos días convulsos en los que vivimos.

¿Oportunidades de la jubilación?

Oportunidades de la jubilación

He tardado tiempo en entender que significa la jubilación; pero finalmente me he enterado.

Al principio creí que lo que yo deseaba era desagendarme, borrando así la mayoría o incluso la totalidad de mis obligaciones adquiridas que, al mismo tiempo, eran las oportunidades de conectar con gente importante y sentirme yo también importante. Algo perdía o dejaba atrás; pero la posibilidad de ganar independencia para hacer lo que me diera la gana en cualquier momento del día y cualquier día del calendario me compensaba de largo.

A medida que pasaba el tiempo las cosas fueron cambiando y empecé a darme cuenta de que, al final del día, la combinación de consumo diferenciado y ampliado en el tiempo y de producción también creciente, que llenaba mis días cuando trabajaba, no me daba la impresión de haber conseguido algo para la comunidad de gentes de mi alrededor. No llenaba mis expectativas y me generaba una especie de mala conciencia. No se trataba de que no haya nada que hacer como jubilado; sino de que cuando termina el día no hay ninguna sensación de haber conseguido algo respetable.

Pero creo que mi impresión es ahora más favorable que inicialmente. En efecto, hace unos pocos días escribía en este blog que la falta de memoria actual me había proporcionado un incremento en la memoria del pasado. Este efecto inesperado de la jubilación, consistente en recordar algo muy bello de los tiempos de juventud, se consigue gracias a la mayor velocidad en el andar recomendada por el neurólogo y que fuerza a recorrer caminos desconocidos hasta el momento y que proporciona nuevas vistas de la ciudad donde vivo y, sobre todo, de sus similitudes con vistas del pasado.

Y esta posibilidad me proporciona la posibilidad de producir algo en favor de mis pares y no pares, un relato de cosas del pasado remoto extremadamente bellas. Y esto significa la jubilación, nada menos.

La (falta de) memoria

Goteburgo

Desde hace ya unos cuantos años padezco un extraño mal que hace que los huesos crezcan y decrezcan a distintas velocidades de forma que casi en todo momento algún hueso del esqueleto muestra un crecimiento desproporcionado que no solo se ve sino que duele lo suyo. No tiene tratamiento medicinal y la única recomendación médica es la de caminar largo y deprisa cualquiera que sea el dolor que esto produzca. He seguido esta recomendación con entusiasmo, además de acudir a un fisiólogo que ha logrado paliar mis dolores.

Pero más recientemente ha ocurrido algo curioso. De manera natural me caía al suelo, generalmente hormigonado, en medio de mis paseos durante el último otoño cuando ese suelo se llena de hojas mojadas. Durante tiempo pensé que estos resbalones eran normales sobre todo en un tipo más bien viejo como yo que ya sobrepasa los setenta años con amplitud. Pero a medida que comenzaba a sentir mareíllos ocurrió que las caídas, o su aparente posibilidad, eran cada vez más frecuentes. Hasta que un día me derrumbé sobre la superficie seca y lisa de unos almacenes a los que visito con frecuencia en mis paseos y, ello, sin perdida alguna del sentido.

Los médicos me exploraron yo diría que con saña y su diagnóstico fue, después de descartar un ictus, el de el deshacerse de los huesecillos del oído interno derecho y el del correspondiente vértigo. Y ahí quedó su opinión sin que relacionaran ese vértigo con ese mal encontrado en su día por un médico francés llamado Paget. Pero en mi mente éste seguía allí por lo que yo debería tratar seriamente de retardar sus efectos caminando todavía más de lo que llevaba años haciendo al tiempo que trato de retardar la pérdida de memoria que también me aqueja supongo que simplemente por mi edad.

Quizá yo debiera haberme dedicado a la medicina pues poco a poco recupero memoria y he dejado de usar ese bastón que desde mis resbalones había comenzado a utilizar. Pero esto no es lo más importante de esta nueva etapa de mi vida. Lo que realmente me emociona es el nuevo aspecto que ha cobrado mi sensibilidad como efecto de mis paseos. Estos, ahora que ya estoy jubilado, se distinguen por la mayor velocidad con que los realizo y por el deseo de hacerlos novedosos caminando por caminos nuevos y muy a menudo por discurrir por aceras opuestas a las transitadas con anterioridad con el resultado de descubrir una nueva ciudad que, y aquí está la sorpresa, me recuerda a otras ciudades que descubrí de más jóven y que mostraban una arquitectura y un colorido que me encandilaban y todavía me encantan, asociadas como están, a formas de vida mucho más acordes con mis creencias morales y políticas.

¿Podrá esta nueva y amplia memoria vieja compensar la pérdida de memoria reciente? No se si la recuperación de la imagen de Goteburgo podrá compensar el olvido del funcionamiento de un aparato de información ultramoderno. Posiblemente no del todo y la vida diaria en comunidad se me hará más dificultosa; pero como la soledad va creciendo con la edad pienso que prefiero estructurar mi soledad. Así que me voy a pasear en lugar de acudir a este seminario sobre novedades tecnológicas al que comprometí mi asistencia.

No hay quien lo pare

Joven escuchando música

Con el título de este post aparece en el The Economist del 5 al 11 de Octubre una interesante columna sobre los cambios en la industria de la música pop. Una persona muy cercana a mí que trabaja en esa industria acaba de volver de Los Ángeles a donde ha ido para ponerse al tanto de las novedades en esa industria y con la tarea pendiente de explicarlas en la zona hispanohablante de esa industria. Y como esa novedades tendrán su efecto a través de los cambios en los ingresos de los autores-cantantes de esa música, merece la pena tratar de explorar los cambios plausibles en esos ingresos para calcular su tamaño.

Hasta hace poco los autores en este mundo tenían derechos de propiedad sobre un disco, (un single digamos). Una gestora como la SGAE medía las ventas de ese disco y pagaba al autor sus ganancias relacionadas con el tamaño de esas ventas.

Pero ya ha llegado y triunfa en este mundo de la música pop el llamado streaming, es decir la posibilidad de escuchar canciones aisladas a través de su filtración con la ayuda de aparatos especiales (Spotify es un ejemplo bien conocido de este fenómeno). En consecuencia un porcentaje mucho menor que antes de los oyentes compra ese disco y la mayoría lo escucha en streaming.

En consecuencia la elaboración física de los discos, la duración de cada canción que lo compone, así como la introducción musical a la entrada del cantante-autor a esa canción, van a cambiar. Y no hay posibilidades de parar esta deriva. El cálculo de los derechos de propiedad deberá hacerse no sobre el número de discos vendidos, sino sobre el número de oyentes en lugar de canciones específicas.

La txapela, su rabito y su inclinación a la izquierda

Grupo de hombres en algorta

Uso la txapela a menudo para significar en Madrid que soy vasco; pero la usa mucha gente. La mía naturalmente tiene rabito y cuando me la pongo lo hago inclinada a la izquierda y nunca a la derecha.

En cierta manera eso me identifica como un verdadero Vasco y en ciertos lugares como un claro Kontraren-Kontra esa figura de la que escribía el otro día hablando de tres escritores que llevaba la contraria por naturaleza. Esto es muy importante en Bilbao por ejemplo especialmente cuando te colocas con la chapela puesta en esa esquina de las siete calles para ver desde ese único punto de la parte vieja que se divisa la iglesia de la virgen de Begoña, un punto muy visitado por turistas bien informados.

La discusión simpática en Madrid sobre esa última cuestión de la boina vasca nunca llega a ningún sitio por lo que quizá sea necesario asociar la características de la boina vasca con la naturaleza de los vascos a fin de hablar en serio de esa naturaleza. Yo lo soy y por ello mi uso de la txapela pueda apoyar esa búsqueda de la naturaleza verdadera de nosotros. Jamás he usado una txapela sin rabo y jamás la llevo inclinada hacia la derecha. Como vasco tengo interiorizada la naturaleza sexual de los vascos y también que somos zurdos en el origen y que esa naturaleza se revela a veces en la inclinación a la izquierda mencionada en el origen, otro signo más que nos identifica. Por lo tanto sugiero que no insistamos en la necesidad del rabo por la forma de fabricación de esta especie de sombrero o gorrito ni tratemos de explicar la resistencia a abandonar esa inclinación por parte de unos pocos como una excepción a la inclinación a la derecha por parte de la mayoría como una costumbre adquirida a través de la imitación de esa población que a través de los siglos ha ido llegando desde otras partes de España.

Yo les ofreceré dentro de poco, espero, una explicación mucho más seria.

Vallejo, Bernhard y Houellebeq

Fernando Vallejo - Memorias de un hijueputa

En el periódico El Mundo del lunes pasado, en su sección «la esfera», había una entrevista a un escritor enormemente atractivo llamado Fernando Vallejo originalmente colombiano y más tarde mexicano. La lectura de EL Mundo me hizo recordar al austriaco Thomas Bernhard y luego a ese gran escritor francés, Michel Houellebeq. Los tres utilizan un nombre propio distinto de aquel que les impusieron al nacer y los tres son, como yo, unos perfecto Kontraren Kontra siempre de frente a las opiniones e instituciones más importantes del sistema político en el que crecieron.

De hecho los leí casi en el orden en que los he mencionado. El primero fue el colombiano Vallejo, casi simultáneamente con Gabo, al que machacaba, para seguir con Bernhard y su enrabietada noticia de Salzburg y terminar bastante más tarde con la crítica radical de Houellebeq a los valores burgueses franceses. Los tres tuvieron una familia poco acogedora y fueron educados en formas poco convencionales.

Y esta falta de seguimiento de las convenciones ha sido mi clave en el ejercicio de la profesión tal como explicaba en
Expansión como hace unos 10 años. El contenido de este trabajo es todavía bastante adecuado a la situación actual.

Golf, Vértigo y Pérdida de Memoria

Club de Golf

Hoy mi mujer me ha invitado al Club de golf de la Moraleja del que es socia mientras que yo no lo soy. Ella quería acudir para enterarse bien de de las condiciones y los costes de algunas actividades en las que estaba interesada bien para ella, bien para sus nietos y yo podría disfrutar de uno de esos día de las primeras fechas de otoño que tan maravillosas pueden llegar a ser. Al mismo tiempo pensaba que me podría sentar bien para mi vértigo que tan malas pasadas me ha generado últimamente en muchas direcciones. Digan lo que digan los médicos no me extrañaría que tuviera que ver también con esa terrible pérdida de memoria de la que adolezco.

He aprovechado la tranquilidad y la belleza de esos campos de golf para serenarme al tiempo que me tomaba un botellín de agua tónica y trataba de realimentar mi memoria acudiendo a la de mi mujer preguntándole por los nombres de muchas personas de nuestra ciudad natal que, como nosotros, hace años que vinieron a Madrid y comenzamos a vernos y retomar una cierta amistad al tiempo que nos asistían en nuestro conocimiento de Madrid. Se trataba de lo que en nuestro origen se llamaba «gente bien» aunque con un encomiable sesgo hacia los intereses intelectuales. Pero por una razón o por otra ese acercamiento no alcanzó su finalidad y hemos ido perdiendo contacto. Había seis nombres que no podía recordar y me irrité mucho conmigo mismo especialmente cuando ella, mi mujer, fue recordándomelos uno por uno.

Cuando ya me encontré un poco satisfecho comencé a prestar atención a mi entorno inmediato, tanto a los socios allí sentados leyendo el periódico como a otros que mantenían tertulias sonoras. Me pareció que esta gente, presuntamente «bien», no estaba a la altura. Los lectores de periódicos escribían sobre ellos, quizá llenando el sudoku o/y el crucigrama con una total falta de respeto con los otros posibles socios que podrían estar interesado por su lectura. Respecto a las conversaciones se llevaban acabo en un tono de voz exasperadamente alto que llevaban hacia mi oído medio sordo y responsable en buena parte de mi vértigo, expresiones realmente groseras e impropias no ya de un club de golf sino de cualquier colectivo medianamente educado. Parecía una competición acerca del mayor número posible de groserías.

Diario antiguo: una pequeña entrada

Continuando con la organización de mis papeles viejo hoy me he encontrado con una pequeña entrada que procedo a colgar en mi blog. Se trata de un comentario a un acontecimiento todavía más viejo que escribí cuaado un querido amigo me apretó la garganta y yo hice ruidos de ahogado para aparentar que realmente no podía respirar y exhorcizar el peligro. Pues bien, hoy recuerdo que en realidad me estaba ahogando.

En algún momento de los años 70 este recuerdo me sirvió para escribir una entrada en el Diario que en aquel curso académico que que pasé en Los Angeles. Refiriéndome a esa entrada escribí que quería sublimar aquel recuerdo:

«La tristeza es la dramatización de esa tristeza con finalidades esperanzadoras. La muerte es la dramatizatización de la muerte con poco éxito por lo que puedo terminar afirmando que se puede evitar.»

Y, naturalmente, terminaba así:

«La muerte se puede evitar y por lo que sí esa muerte es siempre un suicidio»