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    Zer egin?

    Quizá por ese accidente he llegado, pienso acríticamente, a la gran oportunidad de mi vida haciendo de ésta algo no vulgar y en cierto modo heroico: devenir en autor más allá de la escritura académica ya practicada. ¿Cómo constituir un equipo a prueba de debilidades mediocres? He de reunirme con mi amigo y con mis amigas para ponerles al tanto de mis ideas locas que yo considero fáciles de llevar a la práctica.

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    Perfilando el robo

    Mi problema ahora ya no es el de desaparecer de nuestra vivienda actual a fin de facilitar ese robo fundamental; sino más bien el de llevarlo a cabo con inteligencia e integrarlo en nuestra posible vida apacible de funcionarios de educación.

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    ¿Se puede vivir en Lavapiés?

    Mi primer contacto con este barrio tuvo lugar a partir de la existencia del Museo Reina Sofía. Hasta que El Guernica llegó a él yo iba a menudo al Casón del Buen Retiro a contemplarlo y solo acudía a los museos previos al MNAC de vez en cuando con la ilusión de aprender arte y no tanto para recordar a mis padres que se habían casado en Bilbao, de donde ambos eran originarios, precisamente el día del bombardeo.

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    ¿Bajos y entresuelos?

    Tenía yo pues que explicarle por qué me gustan los entresuelos. Sin duda es en parte la herencia londinense en donde son muy valorados y no son muy caros. Pero también tenía yo razones más viciosas; me refiero a mi gusto por los tobillos femeninos. No creo que esto le pareciera un buen argumento a Marian o sea que o se lo digo, corriendo el riesgo de añadir otra mala idea a la del robo, o me callo y renuncio a mi manía.

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    Serenidad aparente

    Nos convertimos en una perfecta pareja burguesa. Ambos en el mundo de la educación. Ella seguía en la educación infantil y, como tal, seguía llevando a sus alumnos de vez en cuando al Prado-Educación y aprovechaba ese momento, pienso, para pensar por su cuenta sobre cómo robar («hacer público» se había acostumbrado a decir) un cuadro. Yo continuaba pasando mi tiempo en esa universidad que exigía muy poco en términos de dedicación, así que también usaba mi tiempo libre para imaginar la forma de llevar a término ese robo.

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    Jaleo

    Las María y Karin del film de Bergman, no presentan relación alguna con la Negritud, pero son como ejes de una sociedad que se tiene que formar a partir de ellos y de las formas en que se entrecruzan. De esas relaciones depende si acabamos en una sociedad de Arenques o en una de Sardinas.

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    Primera discusión

    Creo que ambos éramos conscientes de que yo tenía que cumplir con mi parte del trato con Ramón, pero ni ella ni yo parecíamos decididos a romper la calma. Sin embargo, algún día tenía que llegar esa ruptura del silencio. Y llegó.

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    Dudas

    Parece claro que, aunque esté lejos en el tiempo, tengo que dedicar mi atención al robo inicial. No hay prisa, me digo, tratando de alejar el momento de llevarlo a cabo; pero por otro lado tengo que pensarlo en detalle para presentarle el plan a Marian y conseguir su aprobación. Si esto es tan urgente, me digo a mí mismo, debe ser porque nuestra relación me parece importante para mí y quiero creer que para ella también

  • Secreto
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    A la espera

    Ramón cumplió con la parte del plan que le correspondía y, tal como creía Juan, una vez confesado su intento de hurto fue perdonado por el Patronato del Museo y continuó desempeñando su puesto en la sección de ese museo dedicada a la Educación. Ahora me correspondía a mí cumplir con la mía robando un cuadro de mayor tamaño y de un mayor precio en el mercado correspondiente. Esta, sin embargo, no era una tarea sencilla pues esos cuadros estaban generalmente en el corazón del museo protegido día y noche por agentes policiales especializados. Yo tendría que imaginar una manera de hacerlo que luego permitiera dos cosas aparentemente incompatibles: sacar…

  • El desencadenamiento
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    El desencadenamiento

    Fue precisamente en una de esas cenitas tempranas cuando, para mi sorpresa, Ramón rompió la costumbre y avisó a las guapas chicas que nos acompañaban que «Juan y yo tenemos algo raro que hacer» y, después de pagar la cuenta, nos despedimos de ellas hasta más ver. Ramón lideró el camino de vuelta al piso alto de la Calle Espalter lentamente y en silencio, silencio que solo rompió una vez dentro de ese su piso noble anunciando de sopetón que tenía un problema serio. Fue una explicación premiosa; pero en resumen, se trataba de que, como ya suponía que yo sospechaba, ese tráfico de cuadros y cuadritos era la ocasión…